sábado, 9 de junio de 2018

EL COLECCIONISMO DE MINERALES, RECUERDOS DE UN PASADO GLORIOSO

Llevaba mucho tiempo con ganas de hacer esta entrada, creo que casi desde que nació este blog; cuando empecé esta andadura quería orientar bastante mi bitácora hacia el mundo del coleccionismo y lo cierto es que los inicios fueron prometedores, pero con el tiempo mi empeño se ha ido desinflando.

No solo quería abordar mi coleccionismo particular, lo que yo tenía más o menos a la mano, sino otras formas de coleccionismo de gente que conocía, y en este sentido, mis incursiones han sido limitadísimas, aun cuando son de las más leídas por mis visitantes. Pues casi desde ese inicio quise hacer una entradilla relativa al coleccionismo de minerales, haciendo coincidir la tradición minera de Linares y su comarca y el hecho de que un compañero de trabajo que había trabajado en los últimos años de las explotaciones mineras linarenses, el cual me había comentado en más de una ocasión que tenía una colección de minerales y muchos de ellos sacados directamente por él de la mina.

Una casualidad no buscada por mí, aunque ya en estas semanas más o menos perfilada, ha querido que esa visita a su casa para ver la colección se haya dilatado tanto que al final la he realizado unos pocos días antes de su jubilación, no porque vaya a dejar de verlo tras un merecido retiro laboral, sino porque ahora ya no lo veré con la asiduidad del trato casi diario.

De algún modo, pues, es este mi humilde homenaje a Gabriel Muñoz Espinosa, compañero de trabajo, que tras el trato de muchos años puedo considerar un maestro amigo, y después de las vivencias que he tenido con él me ha valido muchas veces como padre, como hermano y, en definitiva, como confidente.

Gabriel estuvo trabajando como Ingeniero Técnico en las minas de Linares y por mucho que se pudiera pensar que su titulación lo habría mantenido a cierta distancia de la inhumana labor minera, estar en la mina de una manera o de otra siempre implicaba riesgo y esfuerzo; magnitudes difícilmente apreciables hoy día para los que hemos conocido tan de pasada lo que se cocía debajo de nuestros pies, en un universo paralelo en el que aun nos cuesta trabajo imaginar que cientos de seres humanos estuvieran trabajando para extraer esos minerales que, de algún modo, proporcionarían bienestar a toda la sociedad. Gabriel fue en las minas y ha sido en la Administración local un impecable gestor de personas con ese difícil equilibrio que hay que tener entre la autoridad y la camaradería, habilidad que él consiguió dominar a la perfección.

El coleccionismo de minerales ha sido algo relativamente extendido en Linares y su comarca. En mi infancia todavía funcionaban a duras penas las últimas minas de esta comarca y teníamos cierto tráfico de minerales, no había niño de la localidad que no tuviera en su casa bien un trozo de galena (plomo) o de calcopirita (el oro de los tontos). Aún recuerdo cuando en 1º de BUP mi profesor de Ciencias Naturales premiaba con un punto positivo en la evaluación a todo aquel que trajera un mineral que debía tener al menos el tamaño de un puño. Muchos compañeros míos sé que acudían los sábados a tal propósito para rebuscar en las montañas de escoria de los alrededores de los pozos mineros que todavía hoy son testigos mudos de un pasado esplendoroso, por si conseguían el ansiado tesoro de ese mineral que permitiera ese punto extra que graciosamente otorgaba Don Pepe Martínez, más conocido como Pepe el Sonrisas.

Desde la más absoluta bisoñez puedo decir que el coleccionismo de minerales tiene varios niveles, hay un nivel básico, inicial, incluso involuntario, y es el de aquellas personas que tienen esa colección desde siempre (les ha venido por herencia), tenían los minerales desde chicos o han comprado alguna colección de esas que salen en la tele por coleccionables y la han alimentado con algunas adquisiciones hechas en puestecillos de feria donde, de vez en cuando, alguien vende piedrecillas de colores venidas de todos los confines del mundo.

Seguro que hay muchos más niveles de coleccionismo, pero tras ese coleccionismo básico, yo percibo uno más profesional o avanzado que se fundamenta en un ejercicio más juicioso de contar con piezas de valor intrínseco y belleza objetiva incluso para un profano como yo y conocer, a la par, cómo se llaman esos minerales, su composición química, el lugar de su extracción y su rareza compositiva o geométrica.

En este caso, Gabriel cuenta con una buena colección de minerales, seguramente llegan a la centena, los más especiales para él son los extraídos directamente de los yacimientos donde trabajaba bien porque él mismo los procuró o porque alguno de sus operarios le advirtió de su existencia. Son típicos minerales de Linares pero con formas tan caprichosas que los hacen únicos.

Junto con esas «joyas de la corona», bien mediante cambios o adquisiciones cuenta con otros minerales foráneos que hacen más rica su colección.

Enfrentarnos a una colección de minerales ha de despertar en el visitante un torrente de curiosidad a la hora de observar, al menos así me lo tomo yo a día de hoy. Se trata de ver su estructura, su limpieza, su geometría, sus incrustaciones, la ausencia de defectos como consecuencia de golpes, y casi lo más importante, debe inspirarnos la necesidad de conocer cuál es su composición y el lugar de su extracción. Por cierto, Gabriel, en su cuenta de Facebook, se ha preocupado de fotografiar sus piezas e indicar estos extremos, algo de sumo interés. Para mí ver un mineral de bellas formas, una piedra en su esencia que ha vivido la mayor parte de su existencia bajo el suelo que pisamos, me merece cuestionarme cuántas bellezas siguen ahí, como un testigo mudo del paso del tiempo y de los avatares de la geología forjados durante millones de años.

Gabriel me comenta que algunos de sus minerales, por aquello de esas formas caprichosas, porque confluyen dos o más minerales en una misma pieza, forman parte del capítulo de las rarezas, esas piezas codiciadas por los coleccionistas más avezados que estarían dispuestos a pagar una cierta cantidad de dinero por tener esas piezas en sus vitrinas; pero mi amigo no vende, hay en su colección una parte de él y de su pasado, y vale mucho más ver tu colección cada día, disfrutarla, rememorar momentos pasados y, por supuesto, seguir mostrándola a sus amistades como testimonio de un pasado inimaginable hoy día en la comarca de Linares y del propio pasado de Gabriel, ya inserto en una nueva etapa de su vida que estoy seguro que la va a rentabilizar merecidamente.

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