sábado, 2 de junio de 2018

"GATO NEGRO, GATO BLANCO", DE EMIR KUSTURICA

Siempre que me apresto a visionar una película tengo en el subconsciente la necesidad de buscar por qué razones la ha hecho su director, qué buscaba, qué crítica pretende mostrarnos. Y a veces, las respuestas pueden resultar estériles, y es que probablemente pierda la perspectiva de que el cine es ante todo entretenimiento y puede que en ello hayan influido muchas películas que tienen otras prioridades superiores a la del entretenimiento.

Y es que Emir Kusturica nos propone una película que no tiene una razón muy especial, no busca un gran mensaje y no tiene un trasfondo crítico potente, y sin embargo, tiene lo mejor de todo es que es una obra maestra del entretenimiento.

Se trata de una comedia romántica con toques costumbristas, tan perfectamente ambientada que los geniales personajes que nos muestra más parecerían personas reales que actores, salvo por la hilarante historia que se cuenta, tan histriónica, surrealista y desenfrenada que puede parecernos increíble y, sin embargo, es tan cercana que tampoco te extraña, a medida que se sucede, lo que va ocurriendo a cada momento. Probablemente la crítica de Kusturica es que el exceso forma parte de la vida misma, el ser humano es capaz de sacar de quicio todo lo que se encuentra a su paso.

La película empieza dándonos la sensación de que es un tanto marginal y en principio puede descolocar, pero en cuanto comienza a construirse la trama y te va envolviendo te vas preguntando «pero esto qué es», y ya te comienzas a reír, a sorprenderte y a desear que siga y que siga, más y más, y que no acabe, porque a cada momento surge un nuevo golpe, una nueva imagen, un giro graciosísimo.

La historia se sitúa a orillas del Danubio y la trama gira en torno a una serie de clanes gitanos y sus trapicheos. Matko y Zare Destanov, padre e hijo, se ganan la vida con los pequeños trueques y negocios que hacen a la orilla del río, pero no consiguen salir de la marginalidad. Matko tendrá la «genial» idea de asaltar un tren con depósitos de gasolina, pero para la logística necesitará algo de dinero y decide pedírselo a un viejo amigo de su padre, Grga Pitic, un abuelete parapléjico excéntrico y potentado que le dará el dinero toda vez que Matko ablandará su corazón diciéndole que su padre ha muerto, lo cual no es cierto.

Para su asalto al tren necesitará el apoyo y lo busca en su amigo de la infancia Dadan Karambolo, un maestro del trapicheo que se activa con cocaína y cuenta con un séquito de chicas y una panda de matones que superan en torpeza a los ladrones de «Solo en casa». Pero Dadan no es tonto, engañará a Matko y le hará creer que el plan ha sido un fiasco y encima se quedará con su dinero, poniendo en deuda a Matko con él.

En estas aparece en escena el padre de Matko y abuelo de Zare, Zarije Destanov, al que su nieto rescata del hospital acompañado de una pequeña orquesta que toca música festiva (la música festiva es la tónica en la película).

Dadan tiene la necesidad de casar a su hermana «la enana», una joven de baja estatura que es la única hermana soltera, para cumplir la promesa hecha a sus padres fallecidos y propone a Matko saldar la deuda casándola con Zare. Pero el pobre Zare, con toda seguridad el personaje más centrado de la película, inocente y noble, está enamorado de Ida una camarera de un chiringuito a orillas del Danubio; y «la enana» tampoco quiere contraer matrimonio con Zare.

La boda de compromiso será el no va más de la película, adonde se centran todos los personajes de la misma. A todo esto, Zare le pide a su abuelo que haga lo que sea para que no se celebre la boda y este muere pocas horas antes. No obstante, Dadan obliga a Matko a esconder al abuelo para que la ceremonia y el festín posterior se puedan celebrar.

Sí, todo parece un lío, pero aquella persona que vea la cinta estoy seguro de que la sigue perfectamente, porque pese a toda la locura existente, la historia está muy bien configurada, muy comprensible y muy divertida.

Y todo se seguirá enredando más y más, hasta casi el infinito, y no dejarás de reír ante las ocurrencias de Kusturica en esta película yugoslava de la parte serbia, producida en 1998. Una película un tanto desconocida para el gran público y que si la hubiera protagonizado algún director norteamericano seguro que estábamos hablando de una obra de arte. Pero está hecha en Europa, por otro lado, porque este tipo de películas solo se podrían hacer en Europa, y ese humor negro casi sórdido se da aquí y el que la vea lo entenderá.

Luego tiene ese punto de cierto surrealismo, de imágenes o escenas, que se te quedan grabadas como fotografías y que emulan a su manera a «Un perro andaluz», y es que tenemos, por poner algunos ejemplos de los muchos que hay, a los músicos tocando mientras permanecen grapados literalmente en el tronco de un árbol de arriba a abajo, un cerdo que se va comiendo un coche poco a poco, Dadan quitándose excrementos del cuerpo utilizando un ganso como toalla…, y la presencia constante de los gatos, dos gatos macho y hembra, negro y blanco, que se hacen presentes en todos los escenarios de la película, para poner ese pátina de extravagancia que tiene toda la cinta. ¿Qué reflejan los gatos? Me aventuro a pensar que simplemente los gatos ofrecen ese toque de irreverencia propio de este felino, como cada caótico personaje de este filme.

Una historia que, sin adelantar nada de su desenlace porque en sus más de dos horas de duración tiene mucho jugo, como Emir Kusturica señala, tiene un final feliz, y es que no hay personaje que te puedas tomar en serio, todos son muy entrañables aunque sean un tanto miserables, bueno todos no Zare e Ida parecen ser los más centradillos.

En fin, una película divertidísima, fácil de conseguir en español, muy recomendable para pasar un rato agradable en este fin de semana, saboreando el universo genial de un mago de la cinematografía europea como es Kusturica.

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