sábado, 28 de julio de 2018

"LA TIERRA QUE PISAMOS", DE JESÚS CARRASCO

A veces me pregunto si este blog es una bitácora de recomendaciones o simplemente una bitácora de vivencias, sobre todo cuando hago referencias a cine, libros o cómics. Pues cuando se trata de cine, siempre hablo de películas que me han gustado y recomiendo, en los cómics suelo hacer la semblanza de algún historietista a través de alguna de sus creaciones más afamadas, y que lógicamente invito a los que me leen a que vean alguna de esas historietas. No obstante, con los libros no me pasa igual, como leo todo lo que llega a mis manos, y especialmente aquello que he comprado, por aquello de amortizar la adquisición, a veces me veo con lecturas que no merecerían mi atención, casi el no aparecer en el blog, y que al final salen pero como una no recomendación.

Y este es el caso, no solo hago la entrada con este libro como una no recomendación, sino que también lo hago porque ya tenía planificada su inserción esta semana, puesto que esta novela es de lo peor que he leído últimamente.

Esta vez me engañó la reseña del Círculo de Lectores, la cual hacía referencia a una historia que tenía ciertos parecidos con el holocausto nazi y yo soy muy aficionado a las novelas que narran aquel episodio de nuestra historia o que lo evocan.

Esta historia es, en realidad, una especie de distopía, una sociedad y un imperio que nunca existieron. Leyendo la reseña que incluye el libro y algunas críticas, se dice que nos situamos a principios del siglo XX, y yo en realidad no he observado en la lectura del libro ninguna referencia a ello, que ya podía haberlo indicado con mayor claridad el autor.

Lo cierto es que tal y como expone el libro, ese imperio irreal se ha desarrollado por toda Europa, tiene muchos guiños hacia la Alemania nazi, pero tampoco el escritor mueve ficha y no sabemos su nacionalidad u origen, ni sus ideas políticas o sus motivaciones, y tras controlar el continente a los mandos de ese ejército imperial se les otorga un retiro como colonos en ciertos lugares de sus nuevos dominios; en esta historia se trata del militar Iosif y su mujer Eva, viviendo su nueva vida en el interior de Extremadura, tan así.

Un día aparece en la vida monótona, aburrida, incluso asfixiante de este matrimonio, un desconocido que no habla, no pide, casi no vive y se instala delicadamente en el huerto de su casa. La mujer se compadece de este hombre y comienza a ayudarle a cambio de nada.

A partir de ahí se sucede la historia, bastante plana, de la relación entre Eva y el desconocido, una relación que prácticamente no avanza, y que tal vez apunta una ligera atracción de la mujer, toda vez que su marido se ha convertido en un indeseable, acuciado por su demencia.

No sé sabe muy bien por qué, ni de dónde ni cómo viene la información, pero se van jalonando dos historias paralelas pasadas. La del desconocido, cuyo nombre es Leva, trabajando en un campo de concentración y, por otro lado, el momento anterior en que fue purgado junto a su mujer y su hija, y estas dos fueron ejecutadas. Estas dos historias se podrían contar con pelos y señales y tardarse menos en conocerlas y no como lo hace el autor que se recrea en la prosa, en imaginar espacios y paisajes, detalles insignificantes para dejar esas historias casi a medias, no concretando nada, dejando muchos interrogantes.

Pero es que la historia principal, la que se sucede en el presente es un círculo que no tiene fin porque no avanza, no emociona, no inspira, por mucho que Leva pudiera haber sufrido tanto en su pasado. El final no es mucho más revelador, por no decir que es lacerantemente inerte.

Al parecer la novela se presenta, por las críticas que he leído, como una especie de alegato reflexivo sobre el modo en que el ser humano se relaciona con su entorno, sobre el mercantilismo o el sentido de la vida. Desde luego, hay que ser muy rebuscado para encontrar atisbos de estos temas a lo largo de las casi trescientas páginas que tiene que, por otro lado, terminan siendo demasiadas.

Jesús Carrasco tuvo un éxito sin precedentes con su primera novela «Intemperie», con traducciones a numerosos idiomas, y rápidamente le ha venido la relajación y los efectos nocivos de la nube del estrellato, porque este producto es un atrevimiento que tal vez se lo podría permitir un autor consagrado; pero Jesús aquí la pifia sin ambages.

Por salvar algo, se desprende que Carrasco tiene muy buen trato con la lengua y «La tierra que pisamos» podría pasar como un relato poético, que era lo que pensaba al principio (hasta que me di cuenta con dos tercios del libro leídos, de que no era así), donde las palabras tienen más valor que la historia, y evidentemente esto no tiene ningún sentido, como no tiene sentido el título del libro, no le veo ninguna explicación plausible. Por utilizar un símil futbolístico, que últimamente me gusta hacerlos, es como tener un equipo que tiene un fantástico manejo de balón, casi espectacular, pero de cara a portería es absolutamente estéril.

En definitiva, un pestiño de considerables proporciones.

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