viernes, 13 de julio de 2018

LAS CASAS DE LOS BORBONES Y LOS AUSTRIAS, DOS SERIES CLÁSICAS PARA DESEMPOLVAR LA HISTORIA

Ahora que me he puesto definitivamente a organizar todos los sellos matasellados que he venido acumulando a lo largo de un montón de años, con intención de colocarlos en álbumes para exponerlos, cambiarlos, venderlos, etc.; uno llega a sacar ciertas conclusiones.

En este recorrido que abarca prácticamente todo el siglo XX y lo poquito que tenemos gastado de este siglo XXI, la primera deducción es sencilla, tengo muy pocos sellos matasellados del siglo XXI y muchísimos del siglo XX. Y concretamente hay determinados años en los que la frecuencia de repetición de sellos es enorme, es el caso de los sellos que se emitieron con la entrada de la democracia y muy especialmente tengo un volumen bestial de sellos de los años 1977 a 1981.

Para los profanos en la materia es obvio que necesitarán una explicación, para los que están relativamente puestos en filatelia seguro que saben la razón. Veamos, que no haya mucha circulación de sellos en el siglo XXI es algo que de vez en vez he comentado en este blog en las diversas entradas de la etiqueta «coleccionismo». Correos no cree desde hace años en los sellos dentados porque no son económicamente rentables y eso hace que ni se ofrezca este signo de franqueo en las oficinas postales porque es mucho más rápido (rapidez es dinero) pesar y cobrar. De esto se deriva que ante la escasez de demanda las tiradas son cortísimas, apenas se hacen medio millón o un millón de sellos de cada motivo, probablemente sea demasiado optimista, y la mayoría de las tiradas no circulan, una buena parte nos las quedamos los coleccionistas que estamos suscritos al Servicio Filatélico Nacional, y el resto van a estancos donde casi no se piden y en las oficinas postales donde casi no se ofrecen. A todo esto con la liberalización de los servicios postales hace unos años, surgieron un sinfín de empresas de transporte que le restaron cuota de mercado a Correos.

Esta realidad no siempre ha sido tal, fundamentalmente porque había sellos dentados y ya está, y poca competencia, esa es la verdad. Hace cuarenta años tú veías una carta en tu buzón, muchas cartas cada día para ser sinceros, que ya sabías que había sellos pegados. Efectivamente en esos primeros años de la democracia la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre junto con Correos, decidieron intentar quitarle protagonismo a las denominadas series básicas (antes la efigie de Franco, después la de Juan Carlos I y hoy la de Felipe VI) y hacer otras muchas series con motivos variados, así como realizar tiradas tan grandes que casi era tan o más común ver un sello con cualquier motivo que uno de la serie básica.

Las tiradas entre esos años que he referido antes, aproximadamente de 1977 a 1981 fueron extensísimas, sin afirmarlo taxativamente fueron los años en que más sellos dentados se emitieron en las imprentas de la Fábrica Nacional de la Moneda y Timbre en toda la historia postal española. Algunas tiradas, sin considerar la serie básica, llegaban hasta los veinte millones de ejemplares, ahí es nada, cómo no ver uno de esos sellos si por cada dos españoles había un sello concreto que muy probablemente algún día aparecería en tu buzón.

Aquellos años sirvieron para apuntalar una de las grandes funciones del sello postal, amén de la propia de servir como signo de franqueo, y que no era otra que la de ser un vehículo cultural, un elemento para culturizar a la población. Precisamente en los años 1978 y 1979 hay dos series muy interesantes que cumplían esa función y que luego tenían otras razones de fondo para su emisión. El día 22 de noviembre de esos dos años se emitieron la serie de los reyes de la Casa de los Borbones y de la Casa de los Austrias respectivamente.

Había una latente razón de fondo, y es que la referencia a monarcas había sido casi prohibitiva en la dictadura de Franco, con lo que en ese razonable afán por desempolvar algo de la historia de nuestro país surgieron estas dos series. La primera, la de 1978, mostraba la Casa de los Borbones, de forma cronológica y de menor a mayor valor eran los siguientes monarcas, diez concretamente: Felipe V, Luis I, Fernando VI, Carlos III, Carlos IV, Fernando VII, Isabel II, Alfonso XII, Alfonso XIII y terminaba con Juan Carlos I, con el valor más alto, nada menos que cien ptas. La tirada y referida a cada uno de esos valores fue de diez millones, o lo que es lo mismo cien millones de Borbones estuvieron en disposición de ser lamidos y pegados en una carta para ser llevados en sacas de Correos por todos los confines de nuestro país y llegar hasta nuestras casas.

Y no he querido subrayar esta serie simplemente por su interés político o cultural, no, su calidad artística es muy buena. El sistema utilizado en imprenta fue la calcografía y esta se basó en dibujos hechos a pluma, desconozco su autoría o autorías, aunque seguro que vino de la mano de alguno de los excepcionales grabadores que por entonces se estilaban mucho en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Estamos ante unos sellos de una calidad artística magnífica y cada uno de ellos emitido en lo que es la efigie a una sola tinta y con un color diferente. Eran sellos de disposición vertical.

Desconozco si ya estaba programado de antemano, pero como ya he señalado al año siguiente, 1979, tocó el turno de los Austrias, cuando eran obviamente anteriores en el tiempo, pero se hizo y con unas connotaciones bastante similares, igualmente de forma cronológica se mostraron los siguientes monarcas (5): Carlos I, Felipe II, Felipe III, Felipe IV y Carlos II. Tenían una estética parecida a la de su pariente de la anualidad precedente, pero en este caso mientras que con los Borbones se mostraba a cada rey desde abdomen hacia arriba con los Austrias fue solo el busto. Curiosamente con cada Austria se representa un escudo que probablemente, no estoy nada puesto en asuntos heráldicos, fuera el sello personal de cada rey.

La disposición de los sellos era horizontal a diferencia de los Borbones, y también se emitieron diez millones de ejemplares de cada uno de ellos. En mi opinión esta serie es un pelín inferior en el apartado artístico, a mí siempre me gustó más la serie de los Borbones, pero seguro que es solo eso, una opinión personal.

Sin duda, como curiosidad, en ambas series podemos observar la imaginación de los grabadores al interpretar los diferentes monarcas, basándose en cuadros, libros de historia, etc. La efigie de Juan Carlos I está bastante bien lograda y, merece la pena echar un vistazo al sello de Carlos II, más conocido como «el Hechizado». Si damos un paseo por Internet los cuadros e imágenes de este monarca son algo sobrecogedores, y en este sello aun representando unos rasgos duros, de un tipo poco agraciado, hay cierta intención de mostrar un rostro algo amable.

Por cierto, tristemente cabe señalar que la función cultural se ha minimizado mucho en este siglo XXI y hoy Correos y la FNMT se han plegado mucho a intereses comerciales rayanos con lo publicitario y con diseños tan mediocres que ensalzan más si cabe las cualidades artísticas de los grabadores y diseñadores de hace cuarenta o cincuenta años, algo que se demuestra en estas dos series clásicas.

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