sábado, 15 de septiembre de 2018

HOUSE, EL DOCTOR MÁS ODIADO, EL DOCTOR MÁS QUERIDO

Autodestructivo, borde, odioso, mala follá, sarcástico, antisocial, toxico… y sin embargo, entrañable, así es House, uno de los personajes televisivos más icónicos de los últimos años; buena parte del éxito de esta serie, por encima de su maravillosa idea, su puesta en escena y su dinámica es precisamente la personalidad del Doctor Gregory House, encarnado por el actor británico Hugh Laurie, un ser que genera animadversión por doquier pero que a la par es todo un genio, un superdotado, y especialmente para la medicina, convertido en la serie en el mejor diagnosticador del mundo al que le asignan junto con su equipo todos los casos más complejos y raros que llegan al Hospital Princeton-Plainsboro de Nueva Jersey en EE.UU.

Es una serie que no vi en su momento de forma continua, sin embargo, a lo largo de bastante tiempo he podido ver en Internet todos sus capítulos, y eso que es una serie bastante larga, tuvo ocho temporadas y un total de ciento setenta y siete episodios, y desde luego, confirmo lo que la crítica ha expresado, y es que es una de las mejores series televisivas de la historia.

House se revela como una especie de Sherlock Holmes moderno capaz de resolver a base de deducciones esos casos raros que llegan a su centro hospitalario. Esa es una de las claves del éxito de la serie, aun siendo casos muy rebuscados tienen su base científica, de hecho, había una doctora que era la asesora médica de la serie. House y su equipo, que forman un grupo muy heterogéneo, aparte de cambiante a lo largo de las diversas temporadas, trabajan en lo que ellos llaman diagnóstico diferencial, de hecho, es famosa su pizarra blanca en la que van apuntando dolencias y descartando enfermedades. La serie se llama originalmente House M.D., y parece ser que nunca se ha revelado exactamente que significaban esas siglas, podría ser un intuitivo «Medical Doctor», pero también «Medical Diagnostic».

Pero House es un personaje caótico en sí mismo, que no se quiere nada, que prácticamente no quiere a nadie y cuya obsesión casi compulsiva es putear a la peña hasta la saciedad, sus bromas son pesadas cuando no agresivas. Por otro lado, hay un detalle de House que marca su vida, que casi mediatiza su carácter y es que sufrió en el pasado un accidente y en una de sus piernas tiene un terrible dolor crónico que le obliga a medicarse con un medicamento, bicodina, que en determinadas dosis es una droga, y que como droga genera adicción. House tiene una dependencia notable y en determinados momentos es tan enfermiza que necesita ser hospitalizado o debe someterse a curas de desintoxicación.

Viendo un capítulo o viendo muchos, House se revela como un tipo detestable, una mala persona, al que le salva su buen ojo para diagnosticar enfermedades, pero pese a sus componentes negativos, como decía al principio, es un tipo entrañable, genera cierta atracción hacia el espectador, tal vez, porque los malos, los que transgreden, tienen ese potencial que nos llama la atención, porque refleja algo que quizá nos gustaría ser o encarnar aunque fuera de forma velada o anónima. También ayuda el hecho de que House tenga esas virtudes de genio que bien dirigidas lo harían un tipo superlativo, pero como tiene muchos desequilibrios, es al final un genio imperfecto, pero aun así sorprende por su brillantez en la medicina, aunque también en la prospección de perfiles psicológicos; la lástima es que ese potencial no lo utiliza para su bien sino para generar antipatía, de hecho, de algún modo busca eso, busca ser odiado, busca caer mal, ser considerado como antisocial. Es una especie de villano moderno pero con altibajos.

La sistemática de la serie tiene siempre un mismo esquema, por un lado, el problema médico de cada capítulo que suele ser uno solo, y por otro lado, la historia personal de House, ya sea en sus relaciones con sus amores pasajeros, o con sus compañeros (subordinados) del equipo médico. La trama médica es muy interesante y circula con una sucesión de errores, pequeños fracasos, hasta la resolución final, que justo se desvela en los últimos cinco minutos de cada capítulo, y que surge de una chispa, de una casualidad. Mientras, la trama personal de House que tiene un recorrido histórico a través de toda la serie también va avanzando, y suele haber ciertos paralelismos que retroalimentan ambas tramas.

Es obvio que la serie debía tener un final, y en mi opinión, amén del agotamiento de la idea y los equipos que formaron esta producción, el defecto principal es que es excesivamente personalista, es House, siempre House y eso puede llegar a ser exasperante, a veces puede resultar cargante, precisamente por esa relación de amor y odio que se genera entre House y el telespectador. Por cierto, valga como dato que Hugh Laurie era uno de los productores ejecutivos y director de alguno de sus capítulos.

A este respecto, hay que decir que otro de los imanes de esta serie, y que está muy extendido en todas las series actuales, es que se cuenta con un amplio equipo de personas que adaptan guiones y también un importante número de directores de cada capítulo; y es que con esta fórmula se pretende darle frescura a las tramas y que el espectador no se aburra con una sola línea discursiva que podría ser la que impusiera un solo director.

Las bromas de House son una constante en la serie, es una fórmula interesante para mantener firme un producto de entretenimiento y para casi todos los públicos, como era esta serie; no obstante, las bromas son siempre de mal gusto; yo siempre digo, sobre todo a mi hijo, y al hilo de que suelo ser muy bromista (aunque los que me conocen se pueden sorprender con esto), que las bromas realmente lo son cuando ambas partes implicadas se divierten el actor y el receptor, pero House acostumbra a divertirse él y humillar al resto, en todo caso, quien se ríe es, aparte del personaje, la audiencia televisiva, pero justo eso es lo que separa una broma graciosa de una broma de mal gusto.

En cuanto al final, no fue un final trágico o definitivo en sí mismo, es decir, que teóricamente la serie podría tener una continuación en el futuro, aunque es bastante improbable. En el último capítulo se suscita la posible muerte de House, sin embargo, este «resucita» de entre las llamas, aferrándose a su amigo el Dr. Wilson, oncólogo de su mismo hospital, el único amigo que verdaderamente tiene House, pese a que, como no puede ser de otro modo, lo trata con la punta del pie. Pero House quiere dedicar los últimos meses de la vida de Wilson, aquejado de cáncer terminal, para disfrutarlos a tutiplén junto a él, y ahí acaba todo.

En definitiva, una serie imprescindible, una serie que hay que ver, entretenida y sorprendente, también distinta, y que desde luego, nunca deja indiferente; y desde luego, lo que no deja indiferente es la personalidad compleja y apasionante de Gregory House.

1 comentario:

Baecula dijo...

Amigo pedro, yo soy un fans y devorador de la serie, que por cierto, a pesar de ña antipatia y demas bromas, a mi personalmente me gustaba el modo yla forma de resolver la medicina, los casos que llegaba, me recorgaba a viejo sherlos holme, tambien pensativo, dubitativo que ultilizaba metodos dedictivos o por eliminacion, es una forma muy eficaz de resolver problemas de la vida misma, no se si los casos de la serie son ciertos, pero al menos si veridicos. Para mi es recomendable enseñar esta forma de entender la medicina, hacerla asequible al gran publico, otra cosa es el lio de los guiones, con las tomaduras de patas y bormas.
Un abrazo.