sábado, 13 de octubre de 2018

"ANTE TODO, MUCHO KARMA", DE LAURA NORTON

Tomé este libro prestado de la Biblioteca Municipal de mi pueblo con sensaciones encontradas en mi vida personal y con el ánimo no demasiado arriba como para coger una lectura que me hiciera pensar en exceso, más bien necesitaba algo ligero y que dejara poca huella.

He de decir que acerté, esta novela ha cumplido su propósito a la perfección y casi ha superado mis expectativas, y tiene eso que pedía, lectura liviana, con un esquema muy televisivo, limítrofe con lo telenovelesco, y que no transmite demasiadas enseñanzas, sin poso, pero es entretenida y aunque sea de usar y tirar, te hace pasar un rato agradable sin demasiadas disquisiciones mentales, te ríes y me ha permitido amenizar varias tardes estivales.

De hecho, fui con esa premisa a mi bibliotecaria que cumple fiel las que deben ser virtudes y aptitudes para un puesto de esas características, esto es, no es que se haya leído todos los libros que tiene a su alrededor, pero sí que entienda de literatura, que pueda aconsejar y que conozca más o menos la temática, especialmente de los volúmenes más actuales. Poco más o menos he verificado lo que ella me dijo, que se trataba de una lectura entretenida sin mayores sustancias.

Conocía muy de pasada las novelitas estas que tenían que ver con el «karma», de hecho, esta que hoy traigo a colación es una continuación de otra anterior llamada «No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas», pero como dice su autora Laura Norton, después comentaré sobre ella, aunque los personajes son los mismos y se deduce cierta continuidad, sus lecturas son perfectamente independientes, tal es así que yo lo he leído sin haberlo hecho con el primero y sin problema se coge el hilo grande o chico, lo desconozco, que pudiera tener de su predecesor.

Laura Norton nunca ha desvelado su identidad, es una suerte de Banksy literaria que, en principio, podría ser una mujer, parece que lo es, pero también podría ser un grupo de personas. Lo que sí está claro es que en su epílogo la autora reconoce el apoyo y respaldo de guionistas y se percibe que la estructura de la novela es televisiva, aunque también cinematográfica, toda vez que con su primera novela la persona que se escuda en este pseudónimo ya logró que el libro se convirtiera en película.

Como he comentado al principio, esta novela tiene esencias telenovelescas; el triunfo de las telenovelas es que siempre está pasando algo, que a la postre es nada, porque una sucesión de hechos relevantes se convierten finalmente en irrelevantes, pero eso los televidentes lo obvian porque se quedan embobados al ver que la trama progresa y progresa hacia ninguna parte. En ese sentido, esta novela tiene un ritmo vertiginoso, mucho diálogo y ningún momento para hacer reflexiones filosóficas o morales, no hay tiempo para ello, en la televisión o en el cine el tiempo es oro, y no cabe pararse a hacer descripciones de un paisaje o una ciudad por poner un ejemplo.

Y eso, la historia avanza y va además en progreso hacia su desenlace, y precisamente como desenlace para la pequeña o la gran pantalla, a pesar de lo absurdo (todo en esta novela es un poco absurdo, prácticamente irreal), es de lo mejor o más ingenioso que tiene el libro, una especie de fuegos artificiales, aparte de ser un producto concebido para el entretenimiento del lector.

Ciertamente que la novela tiene muchos elementos elitistas en sus personajes, lo que la hace más llamativa pese a que con ella pierda el realismo que aquí es evidente que no es necesario por lo que busca este género.

Sara es una química que ha desorientado su profesión hacia el diseño de ropa y está metida en el lío de ser la encargada de vestuario de una película de época; está felizmente emparejada con Aarón, que es componente de un grupo musical de éxito. Hasta ahí todo bien, muy normal o extraordinariamente anormal. Con toda la presión del trabajo de la película, Sara se queda embarazada y asume bien su papel de madre, aun cuando en su labor profesional le ponen algunas pegas.
Es una madraza pero la atracción hacia el niño es tal que comienza a distanciarse y a no desear a su pareja, y esta tensión crece por momentos. Y Sara no gestiona bien todo esto, ni ese distanciamiento, ni el asumir el elevado ritmo de creación artística de vestuario en la película, ni la relación con su hermana en una especie de sucesivo amor-odio. La gestión de todo esto, y buena parte de la culpa hay que atribuírsela a ella misma, es que tiene un carácter muy fuerte, eso la pierde, es demasiado vehemente, de las que no se para a pensar lo que va a decir, y ello le procurará funestas consecuencias. Para colmo sus padres tampoco ayudan, en especial su madre, que en medio de esta vorágine, decide operarse la cara y pasear por Madrid con un burka para no ser reconocida, sí, ya sé, todo un poco absurdo.

Es indudable que Sara la está cagando pero bien y como si de una de las leyes de Murphy se tratara, «todo es susceptible de empeorar», en un intento de acercamiento a Aarón, esto se le junta con un ensayo de muestra de vestuario a los posibles productores de la película, que termina en fiasco, y los flirteos que Sara tiene con un antiguo novio que, a su vez, es empleado de su padre en un estudio de arquitectura, es decir, todo muy corriente y mundano.

Y todo seguirá yendo de mal en peor, porque Sara ya está hundida, lo más bajo que se puede estar, ella sola y su hijo que, además, hay momentos en que lo tiene Aarón, pero una especie de malabarismo argumental le permitirá solucionar todos los problemas casi de un plumazo, y ahí viene ese final bastante original, cómico y televisivo (o cinematográfico) que nos hará sonreír y que, de paso, devuelve un poco de karma, no sé si está expresión es correcta, que tan malas pasadas le había proporcionado a la protagonista.

En fin, una lectura ligera, que además conecta con esos elementos tan interesantes de la telenovela y es que puedes estar sin leer varios días que en cuanto reanudas, ya te pones al día. Por otro lado, también tiene un detalle interesante, tiene pocos personajes, prácticamente todos en tono de comedia, y con una personalidad muy marcada, por lo que evita que te pierdas, cosa que ocurre en muchas novelas, que tienes que volver atrás para saber quién es tal o cual personaje y en qué momento pasado salía.

Recomendable sí, pero tampoco para tirar cohetes; lo dicho para pasar unas cuantas tardes entretenidas.

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