domingo, 21 de octubre de 2018

GORDITO RELLENO, UN ORONDO PERSONAJE QUE TENÍA UNA BONDAD TAN GRANDE COMO SU CUERPO

Aunque parezca muy manido, sin embargo, hay que remarcar que vivimos tiempos convulsos, y uno tiene la sensación de que, en determinados aspectos de nuestra vida social y pública, no avanzamos sino que vamos para atrás como los cangrejos. La libertad de expresión ya no parece algo ilimitado y cuidado con lo que dices de determinadas personas y el tono porque te puedes meter en un lío. Hay que andar con pies de plomo a la hora de piropear a una mujer y obra con cautela cuando te sientas en un autobús para no incomodar a tu vecino de asiento por si te espatarras demasiado.

A una persona que es gorda nunca ha sido muy edificante decírselo en su cara, pero ahora ya no solo basta con eso, sino que habrás de referirte a esa persona, si es que es necesario que lo hagas para determinar su aspecto físico, de la manera menos hiriente, a ser posible con todo tipo de vericuetos léxicos para evitar males mayores.

Esto no le ocurría al personaje de esta clásica historieta, porque Gordito Relleno, no solo se llamaba y apellidaba tal cual (nunca trascendió otro nombre), sino que ejercía su realidad nominal con una pacífica obesidad. Y es que a Gordito no solo no le importaba llamarse de esa forma que hoy nos podría parecer desafortunada, sino que en casi cada una de sus aventuras la gente le llamaba obeso, gordo y otros sinónimos, sin que nuestro personaje se molestara; y se lo llamaba porque lo era, otra cuestión es que hoy no se pueda decir lo que es obvio, por nula que sea la carga peyorativa que tú transmitas.

Gordito representaba algo que hoy tampoco sería muy de recibo, como es el hecho asumido y no escrito de que los gordos son personas buenas, amables y pacíficas. Gordito Relleno desde luego encarnaba esas características, pero aparte su creador, el dibujante castellonense Peñarroya, le dotó de ciertos elementos de su personalidad que lo hacían entrañable y querido por los niños, que era el público principal de estas historietas. Y es que Gordito era bueno, pero con un grado de simpleza importante, de carácter dócil y con infinidad de amistades que, en realidad, tampoco eran amigos como tales, pues en las más de las ocasiones trataban de burlarse o aprovecharse de tan orondo personaje.

El bueno de Gordito, un ser afable por naturaleza, vivía siempre de cara al exterior, la inmensa mayoría de aventuras le ocurren en la vía pública y a través de estas vivencias podemos observar algunos aspectos de su vida que ilustran todo el anecdotario que le ocurre en su cotidianidad.

Para empezar Gordito no tiene empleo estable, aunque generalmente parece estar viviendo en el paro, porque incluso en algunas de sus historietas está buscando trabajo de forma activa, acude a alguna entrevista, o intenta atrapar algún negocio afortunado que le ofrezca inmediatos emolumentos; pero es que en otras ocasiones, se lo ve trabajando en la oficina, de limpiador, de hombre anuncio, etc. Digamos que era una licencia de Peñarroya para poder dar rienda suelta a todas sus aventuras, y es que constreñirlo a un trabajo o a un no trabajo probablemente le hubiera restado la flexibilidad de un personaje tan libre como Gordito.

Al hilo de lo anterior, nuestro amigo tampoco tenía una economía consolidada y, del mismo modo, o bien lo veías con dinero ilimitado para adquirir cualquier tipo de fruslería, como lampando para que alguien le hiciera un préstamo. Esto también se reflejaba en su alimentación, a veces su mesa estaba llena y, en otros casos, se moría por llevarse algo a la boca y, de algún modo, sorprende este extremo, dado que para mantener su generosa cintura uno no puede nutrirse con solo respirar.

No obstante, lo que más define a Gordito Relleno es su bonhomía; él quiere hacer el bien ante todo, y no solo sin mirar a quien, sino que esto lo lleva hasta sus últimas consecuencias. Esto es una bomba de relojería en sus manos, porque se conjuga que sea un poco simplón y que lleva sus ideas hasta el límite, puesto que además tiene algunos problemas de discernimiento y toma las cosas tan al pie de la letra que eso le frustra y le daña, con lo que cómicamente muchas veces termina siendo perseguido por aquellos a los que pretende ayudar.

Y eso, Gordito es un ser bueno, pero tiene su frontera porque muchas veces el hacer el bien se le vuelve en su contra, porque puede ayudar a un perrito desvalido y el animalito, como ser libre que es, lo castiga mordiéndole, y entonces nuestro amigo saca su genio, sus malos humos, y ya deja de ser tan bueno, se revela contra esa injusticia mundana.

En cuanto a su estado físico, el señor Relleno tampoco tiene excesivos problemas ni en su quehacer diario ni en su salud. Cuando tiene que correr lo hace como el mejor, e incluso gana carreras superando a profesionales que practican a diario. Y en cuanto a su salud, no tiene ningún achaque especial, lo cual no le impide, y Peñarroya es redundante en ello, que Gordito acuda de vez en cuando a alguna consulta médica para algún problema puntual; eso sí, especialmente recurrente es la visita al dentista que en la época de la edición de estas historietas era sinónimo de dolor, de tortura, algo diametralmente alejado del concepto que tenemos hoy en día.

A Gordito no se le conoce novia aunque ya está en edad de merecer, porque por los ambientes por donde se mueve, sus trabajos y la comparación con sus «amigos», que están casados y tienen hijos, digamos que se trata de un tipo de mediana edad; y algún escarceo se atisba en alguna viñeta, pero no llega la sangre al río, es decir, que Peñarroya tampoco quiso restarle protagonismo a este cándido personaje con una acompañante perenne.

Gordito remata su voluminosa apariencia física con una cabeza igualmente redonda y sin un solo pelo y una nariz porretona que cuando los dibujos eran en blanco y negro era más oscura que el resto de la cara y cuando fueron en color ya se concretó que tenía una napia inflada y coloradota.

El trazo de Peñarroya para este personaje es sencillo, siempre el diálogo con mayor preeminencia que el dibujo y Gordito por encima de cualquier otro personaje. Por eso crea un personaje gordo que inunda todas las viñetas y por contra los personajes que interactúan con él suelen ser, por regla general, bastante delgados.

Fue ante todo una historieta de niños, pero accesible a jóvenes y adultos. Si tenía crítica social era muy velada o, en todo caso, muy liviana, aunque se perciben problemas sociales como el paro, la inseguridad ciudadana, la pobreza o el sesgo entre clases sociales.

Peñarroya estuvo dando rienda suelta a su imaginación desde finales de los 50 hasta el primer lustro de los 70, con un personaje clásico que seguro que mucha gente de mi edad aún recordará.

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