domingo, 17 de marzo de 2019

RUBICÓN. CONSPIRACIÓN DE PRIMER PLATO, ¿QUIÉN CONTROLA AL CONTROLADOR?

La historia clásica nos evoca una de las lecciones más relevantes acerca del poder de la negación. Corría el año 49 a. C. y Julio César en su afán imperialista y de poder, vencedor en la guerra de las Galias, incumplió la ley cruzando el río Rubicón y adentrándose en Roma para desencadenar una Guerra Civil. Por ese tiempo Catón era un senador romano, el cual sacrificó su vida, se suicidó, para no dar su brazo a torcer y no transigir con lo que estaba en manifiesto desacuerdo, esto es, una rendición manifiesta frente a la inevitable derrota de Roma ante Julio César, mostrándose que no era un perdedor (es padre de la filosofía estoica) y permitiendo que su familia pudiera firmar la paz con este.

Rubicón es el nombre de esta serie que, precisamente, nace con el suicidio de un influyente empresario estadounidense. A su vez la trama se desarrolla en la APN (Agencia de Política Nacional), que es la traducción que se hace del API (American Policy Institute), una suerte de agencia de inteligencia donde se analiza todo tipo de datos sobre política, economía, terrorismo…

En dicha Agencia trabaja como analista Will Travers, un joven inquieto que descubre sospechosamente que en una misma jornada cuatro diarios nacionales se han puesto de acuerdo para sacar en un crucigrama una misma definición, ¿es una señal de que algo va a suceder?

A la par, uno de los más veteranos de la APN, David Hadas, muy unido a Will, muere en un extraño accidente de tren, no sin antes haber ofrecido a su amigo y casi discípulo determinada información, que servirá para ir desmenuzando el rompecabezas en el que se va a convertir toda la trama.

Will Travers cuenta con un equipo de analistas y el objetivo principal en el que se centra la acción es que, efectivamente, algo gordo va a suceder. Trabajan con montañas de expedientes e infinidad de datos que vienen de todo el mundo y comienzan a perfilar un magnicidio que tendría conexiones con el mundo islámico.

Travers y su equipo comenzarán a desenredar la maraña que se revela como un camino con innumerables vericuetos. Además tendrá que tirar de personas ajenas a la APN e igualmente necesitará saber quién de la APN es su amigo y quién su enemigo. ¿Es Kale Ingram su enemigo? Un veterano analista serio y marcial que, además, ha ordenado a la propia secretaria de Will que lo vigile. ¿O es el propio jefe de la APN, el histriónico Truxton Spangler? Un hombre curtido en mil batallas y que transmite su simpatía y admiración por Will.

Y es que la APN es una especie de servicio de inteligencia donde todos ellos son espías legales, también anónimos, pero no dejan de ser espías, es decir, que no te puedes fiar ni del que tienes en la oficina de al lado, o sí.

De hecho, Will comienza a ser un obstáculo para alguien, parece que sus avances en las pesquisas están incomodando a no se sabe bien quién. El hecho de que haya tomado contacto con la esposa del empresario fallecido, Katherine Rhumor, no hace más que apretar la soga sobre su cuello, y esta señora también observa cosas muy raras. ¿A quién inquieta ese contacto?

La serie se estructura sobre trece capítulos de cerca de una hora de duración y la verdad es que últimamente me he montado una especie de juego personal, a modo de juego de rol, en el que voy serpenteando de serie en serie en función de un actor o actriz que me ha gustado en alguna serie que he visionado con anterioridad. Esto me pasó con James Badge Dale (Will Travers, el personaje principal de la serie), al que vi en un papel bélico en «The Pacific», y es que tener la oportunidad de comprobar su trabajo en otros registros que nada tienen que ver con lo que presencié hace unos meses, supone para mí una nota de entretenimiento y también una alabanza hacia los actores camaleónicos que encajan en cualquier papel y le sacan el máximo rendimiento a sus actitudes. Probablemente de alguno de los intérpretes de esta serie que me haya llamado la atención buscaré su carrera y tal vez halle alguna serie interesante.

Desde luego esta serie era llamativa, y es verdad que al principio cuesta comprenderla, porque el trabajo del espionaje no es fácil de interpretar y realmente no sabes adónde quieren llegar, pero la serie tiene una magnífica virtud, bueno en realidad dos; es muy entretenida, tiene cierta acción aunque parezca que hay mucho trabajo de oficina y, por otro lado, va avanzando en interés a medida que tú también vas uniendo las piezas del rompecabezas hasta que al final te enteras de todo.

¿Es la APN un clon de lo que sería un auténtico servicio de inteligencia en el mundo real? No dudo de que los guionistas estadounidenses habrán contado con el máximo número de fuentes y los decorados y el modo de trabajo serán bastante fidedignos. Buena parte de la acción se centra en localizar a un tal Kaleb, un misterioso personaje que es capaz de estar en varios puntos del globo al mismo tiempo y los Estados Unidos disponen de una información veraz, casi milimétrica. Ese es un punto inquietante, aunque uno sea un anónimo personaje de este mundo, una agencia de inteligencia si te quiere encontrar por muy perdido que estés, te localiza y si la seguridad nacional lo exige, te liquida.

Como es imaginable, esa progresión en cada capítulo, en cuanto a interés y descubrimiento de las claves para resolver el nudo, también lo hace en acción, en los últimos capítulos las oficinas quedan atrás y es en la calle, en domicilios privados, donde se cuece todo.

Es más que destacable la sintonía de cabecera de Peter Nashel, que anuncia todo un laberinto de datos y estrategias que es lo que la serie nos va proporcionando entrega a entrega.

Parece que esta serie lanzada en 2010 dirigida por Jason Horwitch no tuvo gran repercusión, probablemente porque los primeros capítulos son lentos y un poco confusos, pero quien supo verla hasta el final seguro que se alegró muy mucho, de su temática conspiranoica. Una continuación de la serie hubiera sido posible, prácticamente todos sus personajes quedaban activados para afrontar otra trama, pero se ve que la idea no fraguó y para el recuerdo se nos queda esta serie en la que nada es lo que parece, y si bien podemos estar tranquilos en nuestro mundo, puede que el que está a tu lado no sea quien tú crees que es, y a lo mejor no lo sabrás nunca.

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