sábado, 13 de abril de 2019

EL FEMINISMO RADICAL QUE DISTORSIONA EL IDEAL DE LA IGUALDAD

Llevo dándole vueltas a la cabeza para escribir esto, pero como la idea no se va, es más, martillea y se convierte en repetitiva, no quiero ni puedo dejar pasar la oportunidad de escribir un poco sobre feminismo. Y todo lo que exprese aquí, lo hago sin el ánimo de generar polémica alguna, aunque últimamente en este país estamos perdiendo dosis de libertad de expresión, las redes sociales han hecho mucho mal en ese sentido, y es que la gente se ha acostumbrado a faltar el respeto al que no opina como él. Yo opino, trato de respetar la opinión de los demás, y acepto críticas pero siempre desde el respeto, el mismo que me merecen otras opiniones que yo pueda no compartir.

El caso es que se está generalizando tristemente el concepto de «pensamiento único» en nuestra sociedad, enarbolado por aquellas personas que expresan una idea sin posibilidad de tacha, ni de opinión en contrario; fuera de mis ideas no existe nada, el machismo es malo, que lo es, y el feminismo es bueno, que tampoco es realmente así.

Al principio de Podemos he de reconocer que me gustaban sus mensajes y lo que transmitían. Pablo Iglesias era y es un auténtico embaucador, un encantador de serpientes con verbo fácil que, en sus inicios, ofrecía argumentos bastante coherentes acerca de nuestra sociedad; su discurso caló y su partido es hoy clave para estructurar cualquier gobierno nacional, autonómico o local. Con el tiempo me fui dando cuenta de que era bastante impulsor de ese pensamiento único, no solo no permito opinión en contrario, sino que la de los demás es proscrita y atacada, al más puro estilo supremacista. Pablo Iglesias abandera una pequeña legión de políticos que expresan un tono de superioridad tal que hacen sentir al resto como mediocres, como mediocres si no aceptamos sus postulados, son unos universitarios subidos y prepotentes. Es tan dictatorial en sus conceptos como aquellos dictadores de derechas a los que él mismo denuesta.

Ya estoy un poco harto de que me digan qué es lo que yo tengo que pensar, y si no piensas como ellos eres un tal o cual por definición. Últimamente en este país parece que también lleva más razón el que más ruido hace, el que más grita o el que más manifestaciones hace y llena más las calles. Yo soy de la mayoría silenciosa.

Pues ese supremacismo moral del que hace mucho alarde Podemos, también se está imponiendo en el feminismo y también tiene muchos rasgos de pensamiento único y de tono de superioridad. Lo es tal que un feminismo mal llevado exaspera y hace daño, y además criminaliza al hombre por el hecho de serlo, es tan así que abruma, pero es la pura realidad.

Y marcado este preámbulo, hay que decir que hay determinados colectivos, partidos políticos que se han apoderado de la bandera del feminismo, como si el resto de entes sociales no tuvieran cabida en esa defensa del feminismo; y lo hacen con tanta vehemencia que no me extraña que mucha gente se sienta violentada.

Yo mismo he tenido la sensación en algunas ocasiones, con algunas declaraciones, de que ya soy malo por el propio hecho de haber nacido hombre. Y no me puede parecer mayor injusticia, pero no por mí, que me considero un mediocre en todo y seguramente malo y con defectos en muchas facetas de mi vida, sino por los miles, millones de hombres que son buenos, que quieren a sus mujeres, que las respetan y que jamás cometerían la más mínima agresión hacia una persona del sexo contrario, es más, muchos arriesgarían sus vidas para evitarlo.

Por la parte que me corresponde, cuando salgo a correr a veces me encuentro con chicas que te miran inseguras, incluso te emiten algún gesto despectivo, no es de recibo, pero no es culpa de ellas, sino de toda esa gente que está queriendo dar una imagen irreal del hombre, tal que parecería que detrás de cada hombre hay un violador en potencia. Demasiado proscrito me encuentro ya en mi vida en determinados ámbitos como para que encima me proscriban con carácter general por ser hombre, casi por haber nacido.

Me considero feminista, lo he relatado alguna vez en este blog, creo que además desde hace muchos años, y es que cuando adquirí cierta madurez percibí que la sociedad que yo conozco era machista, era machista en lo grande y en lo pequeño, lo sigue siendo, y en mi minúsculo aporte siempre he intentado hacer discriminación positiva. Por suerte, en mi vida laboral siempre he estado rodeado de mujeres, con las que comparto (y así nos encargamos de recordárnoslo cada cierto tiempo) un tercio de nuestras vidas, no es poca cosa, y jamás las he mirado como mujeres por encima de otras magnitudes, o más exactamente, son mis compañeras, son mujeres, es evidente, pero en nuestro trato nunca ha prevalecido ninguna situación dominante, en todo caso, siempre de equilibrio y, por supuesto, asentada una normalidad en la relación de compañerismo, y nos funciona muy bien, francamente bien. Pero es que seguro que esto se repite en un sinfín de centros de trabajo de nuestro país, del mundo.

Sí que es cierto que huyo bastante de la figura del currito que después de su trabajo se va al bar, solo o con personas de su misma cuerda, obviamente todos hombres, y dejan a la mujer en el hogar haciendo sus quehaceres si es que es ama de casa, y siéndolo o no, privándola de disfrutar de un rato de asueto. Yo no he sido jamás uno de esos hombres, siempre me ha parecido un desprecio hacia la mujer y un gesto de prepotencia del hombre; yo no me tomaría una caña solo jamás, no lo hice antes, y en mi nueva vida tampoco lo haré.

Y a partir de ahí, estas actitudes y otras muchas son las que hay que ir conduciendo poco a poco, con algo esencialísimo, la educación, algo tan simple pero a la par tan complicado. Desde luego hay que educar en las aulas, en todas las aulas, en primaria, secundaria, universidad…, es una formación que ha de ser continua y plenamente transversal. Hay que propugnar que se siga ejerciendo la discriminación positiva en tanto en cuanto siga habiendo desigualdades en nuestra sociedad, en lo laboral, en lo civil, en lo familiar, en las instituciones…

Esto debe ser lo correcto, lo óptimo, la discriminación positiva que yo creo que es un horizonte que siempre tiene que estar entre las aspiraciones más importantes de una sociedad moderna, porque alcanzaríamos una sociedad más justa que la que actualmente tenemos y que aún deja mucho que desear.

Sin embargo, determinadas personas y colectivos, como señalaba al principio, se han encargado de transformar subrepticiamente esta discriminación positiva en una especie de discriminación negativa, en esa que criminaliza al hombre por tener simplemente esa condición natal, en esa que generaliza maldad intrínseca a un solo sexo. El objetivo de que consigamos una sociedad más justa y más igualitaria se consigue educando a personas, a hombres si se quiere, pero no desde luego maleducando a mujeres.

El otro día escuché a unas chicas jóvenes opinar tras el asesinato de una mujer por su pareja, lamentando lo ocurrido y afirmando rotundamente que «los hombres no aprenden». No, claro que no, es una parte minúscula de la sociedad, es una parte ínfima de hombres, la mayoría está al otro lado, y condena y detesta lo que ocurre.

Y termino con un par de anécdotas que no sé cómo calificarlas, pero que son el fiel reflejo de que cosas raras están pasando en nuestra actual sociedad, hace unas semanas salía de cenar en un restaurante de Córdoba y nos fuimos a tomar unas copas a una cafetería cercana, nos quedamos fuera y observamos cómo el vigilante del negocio sacaba a una pareja del local, ambos con buena pinta; la mujer, de mediana edad tirando para madura, o sea de mi edad, estaba visiblemente bebida, no estaba muy de acuerdo con que la sacaran de allí, donde a buen seguro estaría molestando. Pues bien, mientras se las tenía verbalmente con el vigilante le soltó varios golpes a su acompañante que tenía aspecto de un tipo con mucha paciencia. Una vez que dejaron el local, vimos cómo caminaban por la calle y ella seguía pegándole a él, sin que este hiciera mayor gesto para defenderse. Allí mismo me planteé en silencio qué historia amarga tendría aquel hombre, cuántos golpes estaría aguantando a esa mujer, ¿sería un hombre maltratado? Pasaron varios días en los que estuve dándole vueltas a la cabeza, me encontraba confundido, porque nadie, ninguna mujer, había ido a interesarse por aquel hombre o a recriminar la actitud de la mujer; yo creo que estábamos allí en un raro equilibrio entre dándole apariencia de normalidad pero también un poco sorprendidos. Lo que está claro es que si la situación hubiera sido al revés, es decir, el hombre agrediendo a la mujer, ese abnegado sufridor habría dormido esa noche en un calabozo, eso estaba claro.

A los pocos días fui al fútbol, hacía muchos años que no iba, era un partido de 3ª División, nivel aficionado tirando a semiprofesional, era en Linares y el campo tenía apenas un cuarto del aforo y a lo mejor peco de optimista; en la segunda parte me senté en el fondo de la portería donde el equipo local al que yo sigo debía meter sus goles. En un campo de fútbol se profieren barbaridades de todo tipo, insultos, descalificaciones, siempre dirigidas a árbitro y jugadores del equipo contrario, siempre por este orden; delante de mí había una chica que pinta de fina no tenía, vamos que era un poco gentucilla, y no paró de soltar por su boca todo tipo de exquisiteces, entre ellas un gráfico mensaje al portero contrario: «cabeza chocho». Coincidió que en esos días las televisiones hablaron de que en un partido de fútbol femenino en Tarrasa, no sé si había tenido que suspender por los insultos de hombres hacia las jugadoras, poco menos que se debían ir a la cocina. En ese momento pensé que se le dio mucha importancia a esa información, probablemente la que merecía, pero que pasamos o banalizamos otras expresiones que atentan contra el hombre. Algo raro pasa, ya digo.

Que este hombre que hace unos días ha ayudado a morir a su mujer esté siendo investigado por un juzgado de violencia de género demuestra lo confundidos que estamos en nuestro país, y la presión mediática que se hace sobre legislación y jueces. Lo peor que ha pasado con el feminismo y la igualdad es que hayan metido la cabeza los partidos políticos y, en este caso, los de izquierdas, porque estar parcelas, que necesariamente han de ser buenas para construir esa sociedad más justa, no se pueden patrimonializar por un solo signo político, porque la estamos cagando de bien.

En mi modesta opinión, y a modo de conclusión, el feminismo no es ir en contra del hombre como sexo y construiremos una sociedad más justa no desde el machismo ni el feminismo, sino desde el más firme y concienzudo acercamiento a la igualdad, fácil de decir pero complicado de ejecutar. Y todo esto desde la educación, una educación en la que participan por igual hombres y mujeres, los hombres deben desterrar la instauración de la sociedad patriarcal, pero también las mujeres tienen que ayudar.

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