domingo, 12 de mayo de 2019

SUSANA SEIVANE, TRADICIÓN Y MODERNIDAD EN UN ALMA QUE ACARICIA LA GAITA

Escribía hace unas semanas sobre la corriente feminista acérrima que asedia en determinados sectores de nuestra sociedad y que llega al absurdo en muchos casos, es una corriente sesgada, partidista y que, sinceramente, no mira a todas las mujeres sino solo a aquellas que son de su signo. Y dicho esto, en aquella entrada tal vez me faltó afinar la solución a una sociedad española marcadamente patriarcal y machista, porque esto sin duda lo es.

El intentar equilibrar la balanza no puede venir del lado de chorradas como el lenguaje inclusivo, o que sea ofensivo piropear, o la paridad por ley (con independencia de la cualificación); no, ese equilibrio tiene que venir a través de pequeños gestos sin matices políticos, y que la sociedad por medio de sus individuos y también en su conjunto pueden ir implementando.

Cuando estaba pensando en la entrada del blog para esta semana me centré en gaiteros modernos que se hacen hueco en el panorama musical de nuestro país, lo cual no se antoja tarea fácil, dado que la música que escuchamos la mayoría es un porcentaje ínfimo de lo que se produce. Por cierto yo también me incluyo en esa mayoría porque sufro el embate de Los 40 principales por culpa de mi hijo o gracias a él, porque en lo comercial también hay productos interesantes. Y claro, puestos a pensar, gaiteros que suenen en la actualidad aunque no salgan en Los 40, pues nadie. Habría que remontarse al menos un par de décadas atrás con dos gaiteros que franquearon la frontera de lo tradicional para adentrarse en lo comercial, y todo ello gracias a que fusionaron la música de sus gaitas con mucho ritmo de discoteca y una gran postproducción de sintetizadores y arreglos diversos, me estoy refiriendo a Carlos Núñez y a Hevia, este último ha sido hasta hace poco presidente de la SGAE.

¿Más gaiteros? Los hay, varios, pero ya no son tan conocidos, y eso que su música merece la pena, pero es más, también han intentado posicionarse en un escalón más comercial y no han tenido éxito, ¿por qué? Este es el caso de Susana Seivane, lo tiene todo para haber sido una estrella pero no ha llegado, no descarto que algún día pudiera ser algo más conocida, dar el pelotazo con algo que interesara a las discográficas, que es el impuesto necesario para que interese al gran público.

Y este es el problema, que Susana es una mujer, ¿por qué no ha interesado más que Carlos Núñez o Hevia? También podríamos hacer algo, aunque fuera pequeñito, ponerla más, hablar de ella, solicitarla en festivales, invitarla a algún programa de televisión, que apareciera en algún anuncio, que compusiera la banda sonora de una película...

Susana Seivane es una gaitera excepcional, es más, si buscas en Google quién es la mejor gaitera de España, aparecerán tres o cuatro nombres en las primeras páginas y una de ellas, con bastante prevalencia es Susana. Pero esto no es suficiente, se dedica profesionalmente a esto, pero seguro que se la podría impulsar más.

Esta fantástica gaitera ha completado el círculo perfecto, porque hablar de Seivane en Galicia es hablar de gaitas. Su familia tiene en Cambre (A Coruña) una fábrica de gaitas que lleva funcionando desde mediados del siglo XX, aunque su abuelo Xosé Manuel ya comenzó con un pequeño obradoiro en Pastoriza (Lugo) durante la Guerra Civil. Su padre y su tío también son gaiteros y constructores, así que de casta le viene al galgo, bastaba con alentar un poco a la niña para que siguiera la estela.

Y lo hizo de la mejor manera, porque desde joven le empezó a picar el gusanillo, prácticamente de haber mamado en casa el gusto por la gaita, donde tocarla era algo tan habitual como silbar, de hecho, tocaba desde los tres años, aprendió a tocar a la par que a hablar, con lo que podemos imaginar el virtuosismo con el que toca este bello instrumento.

Con 23 años saca su primer disco que tenía por título su propio nombre artístico, avalada por Rodrigo Romaní, del grupo Milladoiro, uno de los proyectos musicales de referencia en la música folk gallega, era un disco alegre y recopilatorio de muchos temas populares de la tradición gallega; digamos que en cada canción ella trataba de poner su sello.

No se ha prodigado excesivamente en la producción discográfica, apenas tiene cinco o seis discos, no obstante, ha tenido evolución, en cada uno de ellos ha tratado de hacer eco de esa música folk, haciéndola más escuchable y atractiva. En sus temas se dan cita las muñeiras, jotas, mazurcas, valses, pasodobles, marchas procesionales, y todo ello con el influjo gallego, pero también bretón y celta; temas en los que en alguna ocasión ella canta. En este sentido, es encomiable la labor cultural que desarrolla y no es noticia que también salga al extranjero, a esas zonas de Europa donde se respeta y ama más la música popular que en España. Por cierto, Susana no se ha prodigado más en esa faceta productiva, porque es ante todo una intérprete cuyo fuerte es el directo, yo diría que su gran pasión.

Su último disco (FA) de 2018 es el más serio proyecto de seguir dando una vuelta de tuerca a su popularidad para romper ese cerco de abrirse a lo más comercial; hay muchos temas interesantes, búsqueda de fusiones y rasgos discotequeros, veremos si en los próximos meses o años, a Susana realmente empezamos a verla donde se merece.

Y como digo Susana ha cerrado el círculo familiar, por el momento, y a buen seguro que ha cumplido el sueño de su padre de no sólo tocar una gaita Seivane, sino que su hija pueda dedicarse profesionalmente a la gaita y tal vez hacer posible lo que todos deseamos de nuestros hijos que nos superen. Gaitas Seivane que, a propósito, y esto me ha gustado mucho, están diseñadas para realizar en ellas un mantenimiento mínimo y que el adquirente se dedique a tocarla la mayor parte de su tiempo, que es de lo que se trata.

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