domingo, 16 de junio de 2019

DECÁLOGO, EN MEDIO DE LA PASIÓN POR LA SERIEFILIA, UNA ALTERNATIVA PROFUNDA Y DE CALIDAD

Que la seriefilia está de moda es un hecho palpable, esta semana en un Telediario se reveló un estudio en el que se mostraba esta tendencia entre la población española, que probablemente es el pico más alto de audiencia, el de seguir una serie, de toda la historia. Tiene su lógica, no solo por las que se emiten en abierto, sino porque con las plataformas televisivas tan de moda en estos últimos tres años (HBO, Netflix, Amazon…), uno puede ver una serie a su gusto, varios capítulos a la vez a modo de maratón, sin anuncios, cortar para dormir o para tomar un piscolabis..., todo ventajas.

No obstante, hay que decir que más allá de series tan adictivas como Breaking Bad, Juego de tronos o The walking dead, hay vida. Ni que decir tiene que estas series acuñan lo mejor y les es relativamente fácil llegar a ser apetecibles para los telespectadores, tienen mucho presupuesto, buenos guiones y fantásticos guionistas, los mejores equipos técnicos y humanos, y una difusión agresiva que llega prácticamente a cualquier punto del planeta. Con estos ingredientes no es fácil fallar, pero si desvistiéramos esas series de presupuesto y nos quedáramos solo con el guion y sustituyéramos los medios por imaginación, es muy posible que alguna de estas grandes series no pasara la prueba del algodón con solvencia.

Y sí, más allá de lo mediático, tenemos obras maestras de la televisión que no tienen grandes titulares, pero los que saben de esto, y yo me fijo en ellos, nos recomiendan que no nos las perdamos bajo ningún concepto. Y esto es lo que ocurre con «Decálogo», una serie polaca de finales de los 80, que se inspira en los Diez mandamientos para mostrarnos dramas humanos cotidianos, con una profundidad tal que no nos deja indiferentes.

Han sido unas pocas décadas las que esta serie ha venido acompañando muchas aulas universitarias, cinefórums o tertulias de aficionados; no es para menos, en esta serie escrita y dirigida por Krzysztof Kieslowski y Krzysztof Piesiewicz, con medios muy limitados, no hay absolutamente ni una escena, ni un diálogo que sobren, todo tiene su sentido, todo es un mensaje y cualquier detalle es merecedor de una análisis.

Por si fuera poco que la serie provenga de Polonia, se nos puede antojar una rareza, pero más rareza es aun si analizamos el contexto social que se vivía en aquella época en el país centroeuropeo. Un país lleno de contradicciones, en el que el comunismo daba sus últimos estertores y que convivía en un equilibrio delicadísimo con un pueblo que era, y es, profundamente católico; esa paradoja en la que ambos poderes se permitían sus parcelas correspondientes, llegó a su fin precisamente a finales de los 80 y prendiéndose la mecha en Danzig, donde el sindicato de los astilleros Solidaridad fue el desencadenante de la caída del régimen comunista, con el célebre Lech Walesa a la cabeza que, como es de imaginar, también era católico practicante, y que a la postre llegaría a ser presidente del país.

Era esa Polonia de finales de los 80 con una amplia clase media trabajadora, pero aún muy en desventaja con la Europa occidental; se percibía cierto retraso, no se vivía mal pero sin grandes alardes. En este entramado los directores nos sitúan en una urbanización de bloques de apartamentos, en los que sus personajes, en el interior de sus viviendas, destilan grandes dramas sociales anónimos y que ponen de relieve la fragilidad del ser humano.

Se ha considerado serie de televisión, pero tiene ciertas peculiaridades, no son cortometrajes ni largometrajes, son peliculitas de una hora de duración, algunas algo más, que son independientes todas, con lo que se puede ver cualquier entrega sin necesidad de haber visto las anteriores. Todo lo más, los bloques de apartamentos son el punto cohesionador, y algún personaje que es principal en algún episodio y que hace cameos en otro.

El esquema cronológico sigue el orden de los diez mandamientos y merece la pena comentar, aunque sea brevemente de lo que van cada uno: 1. Soy el señor tu Dios; un niño comienza a mirar al futuro y emprende junto con su padre la búsqueda de Dios, pero morirá trágicamente. 2. No tomarás el nombre de Dios en vano; una mujer está embarazada de otro hombre, mientras su marido yace en el hospital gravemente enfermo y atendido por un médico que es vecino de la mujer. 3. Santificarás las fiestas; una mujer en Nochebuena pide a su examante que le acompañe a buscar a su marido desaparecido, una excusa para no pasar sola una fecha tan señalada. 4. Honrarás a tu padre y a tu madre; tras la muerte de su madre, una joven se queda sola con su padre y se entera de que, en realidad, él no es su padre natural. 5. No matarás; la más larga y probablemente más dura; un joven asocial se ve abocado a matar con saña, por placer o por aburrimiento, en una sociedad que no le ofrece alternativas. 6. No cometerás adulterio; un joven vigila con un telescopio a su vecina de enfrente, se enamora platónicamente, pero dar el salto a la realidad le cuesta casi la misma vida. 7. No robarás; una chica vive con sus padres y con su hermanita, pero en realidad no es tal hermana sino su propia hija, y la secuestrará como un modo de romper con una vida que le diseñaron desde que dio a luz muy joven. 8. No mentirás; una profesora universitaria conoce a la traductora en inglés de sus obras, esta le cuenta una historia dramática de la Polonia ocupada por los nazis en la que la primera fue protagonista y no quedó en buen lugar. 9. No amarás a la mujer del prójimo; un médico impotente invita a su mujer a que tenga un amante, no obstante, esta ya lo tiene y él se entera, y ya no le parece una sugerencia tan interesante. 10. No codiciarás los bienes ajenos; un par de hermanos reciben de herencia de su padre una valiosísima colección de sellos, y les costará entender qué tienen entre manos.

La serie es de mucha profundidad y me ha recordado, aunque está dirigida en un tono más duro, más introspectivo, en cierta forma, a las películas de Almodóvar, que sacan de quicio realidades humanas llevándolas casi hasta el absurdo, aunque siempre nos damos cuenta de que verdaderamente la realidad supera a la ficción.

Todas las entregas tienen el denominador común del drama personal, menos la última que tiene un detalle sumamente interesante, y es que para este capítulo final los directores quisieron cambiar el paso y hacer una especie de fuegos artificiales de fin de fiesta y cierre, pues la narraron en tono de comedia negra, y realmente llega a ser muy graciosa, y además, tratándose de un capítulo en el que extrañamente se habla de filatelia, algo poco común en la cinematografía y en la televisión, pues me ha llamado más la atención si cabe.

También observamos que los directores están muy conmovidos por la juventud, son personajes recurrentes en cada entrega, probablemente augurando un futuro que no veían nada claro en un país que se estaba sometiendo a cambios radicales.

Y la música, la banda sonora que se repite en todas las historias, es tétrica y críptica, y goza de un papel capital en el entramado argumental; esta fue encargada Zbigniew Preisner.

Como digo, cada una de las diez historias tiene mucha miga, mucho por sacar, y no lo digo yo, si se mira a clasificaciones, que esto también está muy en boga, de las mejores series de la historia, en muchas de ellas aparece Decálogo, invito a ver algún capítulo, la experiencia es diferente.

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