domingo, 30 de junio de 2019

"EL PODER DEL PERRO", DE DON WINSLOW

El tráfico de drogas es un movimiento que ha existido desde hace muchas décadas, probablemente siglos aunque no a la escala actual, y dudo que en el futuro se pueda exterminar; cuando tapas una gotera por un sitio, la misma te sale por otro y a lo mejor más grande.

Son muchas las conclusiones que se pueden sacar de esta densa novela de Don Winslow, pero probablemente una de las nucleares sea esta, las fuerzas policiales luchan a brazo partido por acabar con un imperio delictivo, pero hagan lo que hagan siempre habrá alguien que continúe en la brecha ocupando el hueco que pueda dejar otro.

No puedo ser más sincero, ni había oído hablar del autor ni mucho menos de la trama de sus novelas; y lo cierto es que me llamó la atención cuando vi hace unos meses los libros de este escritor que salpicaban una estantería repleta de volúmenes de todo tipo de saberes y que claramente habían sido objeto de uso, y esto me inspira siempre la sana curiosidad, porque denota que sus propietarios habían dado buena cuenta de ellos, en ese loable afán por aprender, y que no ocupa espacio en nuestras mentes aunque obviamente sí en nuestros domicilios. Por cierto, mis amigos son Esther Azorit y Manolo Caro.

Y fue precisamente a Manolo al que le pregunté por Don Winslow y me ofreció sin más dilación que tomara esta novela, recomendación que acepté gustosamente, porque puestos a leer novelas soy de los que siempre presta más atención a una opinión cercana que a lo que Internet prescribe caprichosamente.

No sé si debiera sorprenderme por lo que se narra en la novela, en el preámbulo se dice que con los lógicos cambios de nombres y escenarios, el noventa por ciento está basado en hechos reales, y sopesando las barbaridades que acontecen uno puede poner en cierta tela de juicio determinadas partes de la trama. No obstante, cuando compruebas que eso de que la vida real supera la ficción no es un simple dicho, y después de que detuvieran al Chapo Guzmán tras su enésima fuga y después de que le construyeran, en un alarde ingeniería, un sofisticado túnel en una prisión mexicana de alta seguridad y que lo sacaba varios centenares de metros fuera de ella, uno se da cuenta de que efectivamente, mucho de lo que acontece en esta novela tiene visos de ser real.

Cuando el Chapo se fugó de aquella cárcel, y por si no había quedado claro tras su abigarrado currículum delictivo, era evidente que había «untada» mucha gente, más allá de los suyos. ¿Se inspira la novela en el Chapo Guzmán? Sospecho que alguno de sus personajes tienen rasgos de este.

Esta es una de las grandes reflexiones de la novela, la corrupción. Hemos de partir del hecho, socialmente aceptado, de que al narcotraficante no se le ve como un criminal, no mata de manera directa, es una persona con elevado nivel de vida, que incluso colabora en causas sociales en una suerte de redención. A todo esto, para pisar el terreno de las drogas hay que estar en el momento concreto y en el sitio justo, y tener una laberíntica estructura que te permite sacar la droga de un país subdesarrollado a un punto de destino de un país desarrollado. En origen tiene un precio irrisorio, es evidente que la coca por ejemplo, no deja de ser un cultivo sin más, que no le vale tanto al consumidor final por su producción, sino por los intermediarios y sus importantes márgenes, porque lo que se paga es el coste del riesgo. Dicho esto, el precio de la coca desde el campo hasta la discoteca de una ciudad populosa, se multiplica por centenas o incluso por miles de dolares o de euros, y es meridiano que es un negocio apetecible para quien no le importe demasiado la vida de los demás, sobre todo si no les va a ver las caras y están a kilómetros de distancia de su morada.

Sigue estando latente esa terrible paradoja entre el narcotraficante que realiza obras sociales, patrocina el equipo de fútbol de su pueblo, dona importantes cantidades a la Iglesia y el delincuente sin escrúpulos capaz de ordenar muertes y que indirectamente asesina a miles de personas que consumen cada año lo que él se encarga de introducir en cualquier país desarrollado, es verdad que a nadie obliga a consumir pero la necesidad existirá porque hay una parte de nuestra sociedad y quizá nada desdeñable que vive en la constante transgresión y en hacerse daño a sí misma. Pero es que este mismo narcotraficante tampoco tiene la suficiente falta de escrúpulos para extender sus tentáculos con la semilla de la corrupción a todo bicho viviente, políticos, policías, abogados, jueces... La encrucijada es cruel, o quieres mi dinero que te arreglará la vida por hacer la vista gorda o ayudarme a escapar de la prisión, o vas a morir, o tú o tu familia; es decir, plata o plomo.

Tras esta perorata introductoria, algo más de dos décadas de lucha contra las drogas en México son las que contempla esta novela; en una lucha que tiene comienzo y final, pero como he referido antes, este es un fenómeno que como la hidra de Lerna le vuelven a salir cabezas por más que se las cortes.

Art Keller es un honesto policía estadounidense dispuesto a poner freno a esta lacra aunque le cueste la misma vida, aunque le cueste perder a su familia; un servidor público íntegro, bueno para la comunidad pero malo para sí mismo, de esos que existen en la realidad, que se meten de lleno en su trabajo, que se infiltran, que no viven nada más que para eso; son necesarios pero son injustamente tratados, cuando no anónimos.

A Art Keller le pasa eso, poco a poco se va dando cuenta de que está solo ante el peligro, aunque no tiene miedo, o al menos por sí mismo, sí por los demás, por otros policías y funcionarios íntegros, pocos, que va encontrando por el camino, a los que va recurriendo en un reiterado viaje iniciático hacia la destrucción del mal pero también de destrucción de los escasos que hablan su mismo idioma. Y claro que le duele que los suyos se sacrifiquen pero no tiene más remedio. Y a medida que avanza el tiempo no encuentra nada más que obstáculos, zancadillas, políticos, policías y funcionarios corruptos de todo tipo de pelaje y nivel, y el tiempo se le acaba, pero con la mirada puesta en el horizonte, tiene que llegar a término le cueste lo que le cueste.

Y es muy duro todo, porque Keller tiene que guerrear en todo tipo de ambientes y los malos son cada vez más cautos y van por delante de los buenos en muchos aspectos, en tecnología, en ingeniería financiera, en estructuras de corrupción. Por eso Keller también tiene muchas veces que jugar sus bazas y bordear la legalidad, pero le da igual, su vida es un desastre y el fin justifica los medios.

Una novela agotadora por su intensidad, con muchos vericuetos, tal vez demasiados personajes, tal vez demasiado larga, pero indiscutiblemente removerá la conciencia de quien la lea. La droga y el poder que genera desmenuzan lo peor que el ser humano tiene dentro. No he podido obviar la comparativa con el libro «Fariña» que leí hace poco más de un año, no vi la serie, sobre la droga en España y en particular en Galicia; es evidente que no se llega en nuestro país al nivel de estructura que en México, por ser este la puerta de entrada a un mercado favorable como es Estados Unidos, ni tampoco se aprecia el nivel de inhumanidad aunque poco le falta; pero es tangible que muchos rasgos se clonan, esto es, la corrupción, los narcotraficantes con sofisticadas estructuras y con imágenes que contrastan en lo privado con todo lo delictivo y homicida, y en lo social con un prototipo níveo y volcado en las causas populares.

Sí que es cierto que tal vez le sobren páginas y personajes al libro, me he perdido a veces, tampoco me he preocupado, era más importante sacarle la esencia y escudriñar la trama principal. Y un pero, y el pero no es chico, desconozco quién es el traductor, Eduardo G. Murillo, sospecho que no es español y que más bien será hispanoamericano, sobre todo porque la traducción tiene muchos giros lingüísticos del español hablado en México, pero a veces son inentendibles; y lo peor de todo es que hay faltas de ortografía, no pocas, y algunas muy burdas; en otras reseñas de libros de este blog he hecho fotos de esas erratas, me hubiera cansado, aquí superan el límite de lo permitido para una editorial (la amonestación es para Penguin Random House, no es Perico el de los palotes), algunos errores ortográficos y sintácticos que más allá de disponer de una persona en plantilla que corrigiera, bastaría con pasar un simple corrector ortográfico de los que tenemos en nuestro procesador de textos de andar por casa, ni eso.

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