sábado, 17 de agosto de 2019

JAAP BLONK, HACIENDO MÚSICA TRANSGRESORA SIN INSTRUMENTOS

Seguro que alguna vez nos hemos preguntado cuántas cosas podemos hacer con nuestra boca, con nuestra voz, no ya hablar o cantar, sino carraspear, toser, chistar, murmurar, bostezar, chiflar, castañetear, hacer pedorretas… Sonidos que podrían antojársenos miles por no decir infinitos. Y sí, es que nuestra máquina sonora es pequeña pero enormemente versátil, puede hacer todo, imitar todo, también casi cualquier instrumento musical, o sin casi. Y, a la par, un instrumento musical no se queda más que en mantillas, porque puede ser bello pero tiene una gama de sonidos finita. Nuestra boca es una máquina perfecta e inimitable para el mejor sistema informático de creación musical o sonora que se precie.

Es de tal perfección y tan sofisticado nuestro aparato fonador que no hay ninguna voz igual a otra y mira que son millones de personas las que viven y han vivido a lo largo de la historia de la humanidad, pero podremos decir que una voz se parece a otra pero jamás puede ser igual. La imitación de voces, a este respecto, es casi un arte, y el que tiene este don es notablemente aplaudido, se puede ganar la vida con eso, siempre que en su repertorio exista una nómina de voces famosas.

No obstante, y más allá de imitaciones, de cantos, de beatbox (técnica que permite reproducir con ingenio músicas de tipo rap), podemos empezar a hacer sonidos con nuestra voz ahora mismo y nos hartaremos de ejecutar toda una sinfonía sin repetir un solo sonido si nos percatamos de lo que vamos haciendo.

Este potencial que es ampliamente conocido, no ha dejado indiferente a muchos profesionales que hacen de su voz su herramienta de trabajo, aunque siempre partiendo de la base de que hay cierta ortodoxia, algo que suena bien, que agrada al oído. Y bueno, también hay otros profesionales, investigadores, los menos, que también prefieren hacer música sin que esta sea ortodoxa o suene bien.

Esta última es, de algún modo, la pretensión de la poesía sonora, abordar una especie de partitura con la voz, no repitiendo sonidos, con un cierto plan, pero también con cierta improvisación y anarquía. A este respecto, uno de los artistas más relevantes de este pequeño universo de música surrealista, por definirlo de algún modo, es el holandés Jaap Blonk.

Blonk tiene una larga trayectoria en este campo, probablemente el estandarte mundial de esta música, y casi vive de esto, con actuaciones de verso libre, conciertos en los que durante más de una hora y con su partitura delante, empieza a lanzar sonidos con cierta planificación y sin repetir ninguno, y todo ello, delante de un público selecto que calladamente en sus asientos asiste a un espectáculo único, el de una persona que puede sacar de su voz la más variada gama fónica que nos podamos imaginar.

Cabe reseñar que la pasión por la música gravita sobre su formación, es matemático y también ha realizado estudios de musicología, esa fusión didáctica se revela como el factor medular de su proyección profesional.

Enrolado en diferentes proyectos musicales, comienza su carrera con poco más de veinte años y su primer disco lo firma en 1986, y su fama, muy limitada bien es cierto, no ha ido más que en aumento. En contra de lo que podamos pensar, ha ido madurando y sus espectáculos performativos son toda una atracción en eventos culturales de medio mundo.

Se podría entender como una música que no es música propiamente, aunque tiene más de una veintena de discos editados por sellos discográficos, ya sea individualmente o en grupo, es decir, sus discos se venden y se escuchan, ¿es música o es poesía? Tal vez sean las dos, tal vez ninguna, pero lo que seguro que sí pone de acuerdo a todo el mundo es que se trata de un puro espectáculo. Y podrá gustar más, menos o nada, pero escuchar a Blonk es poner a examen nuestros sentidos, o más exactamente hacerlos experimentar un rito casi iniciático, el de escuchar a alguien serio que con absoluta conciencia de lo que ejecuta, representa durante un buen rato una sucesión de sonidos aparentemente desordenados y sin sentido ninguno.

En teoría la poesía sonora no debiera tener sentido alguno, pero partiendo de la base de que tiene un núcleo transgresor y de que, en realidad, todo tiene sentido en esta vida, por qué no pensar que esta forma de expresión es también una manera de hacer crítica con todo lo que nos rodea. Y me di cuenta de este aspecto justo cuando escuché hablar en español a Blonk. Su espectáculo ha rebasado las fronteras europeas, y amén de que ha venido a España en diversas ocasiones, también ha tenido una repetida presencia en Sudamérica, él habla español y a veces se apoya en alguna noticia local para iniciar su espectáculo como una especie de mantra.

No obstante, y a modo de epítome, cuando algo suena o parece música y se apoya en música debe ser música, así es, porque Jaap Blonk fusiona sus disertaciones con música electrónica y entonces ya va cobrando todo cierta coherencia, o no.

Me he reservado el pequeño privilegio de recomendar la audición de uno de los discos más originales de Blonk, uno en el que participan del mismo otros artistas de la poesía sonora y de la versatilidad vocal como Koichi Makigami, David Moss, Phil Minton y Paul Dutton; el disco es de 2004 y el título no puede ser más revelador «Five men singing», y si ya se sabe que Blonk hace lo que hace, con cuatro actores más que son capaces de ofrecer mayor riqueza vocal, la experiencia puede ser arrolladora, merece la pena escuchar un rato y juzgar, no más, no me lo compren, no disfruten, pero aspiren a conocer que hay músicas que Vds. jamás supieron que existían.

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