domingo, 15 de septiembre de 2019

"LA CASA ALEMANA", DE ANNETTE HESS

Ya sé que el estado de ánimo y la situación personal de cada uno puede influir a la hora de enfrentarte a un libro, pero es que con este me ha pasado y no me he sentido bien. Probablemente sea el libro que he leído más a trompicones de los últimos años, y no es que el libro sea malo aunque me ha dejado cierto desasosiego, pero es que aun con libros muy malos no tuve tantas etapas como con este.

Y es que ha sido extraño y a lo mejor esa es la razón, que con un libro con cuya temática casi garantizo el acierto, me ha desorientado bastante, por no decir que me ha decepcionado mucho, y eso me ha hecho leerlo a ratos y con no demasiado interés, porque no me enganchó en ningún momento.

Los mimbres son excelentes, se parte de un relato histórico real, en concreto en 1963 se celebraban juicios en Frankfurt (antigua República Federal Alemana) contra nazis que estuvieron en el campo de Auschwitz y ordenaron o ejecutaron órdenes para exterminar personas.

Aunque pudiéramos pensar inicialmente que apenas veinte años no son nada, en aquella fecha ya hay casi una generación de por medio, y un país que para sorpresa del mundo entero, se ha rehecho e incluso crece económicamente por encima de los ganadores de la guerra, a Japón le ocurrió igual. Es obvio pensar que las heridas de la guerra quieren cerrarse cuanto antes y para siempre. La población alemana quiere poner tierra de por medio y separarse mentalmente de lo sucedido; pero eso no es tan fácil, hay muchos coetáneos y mucha gente que fue colaboradora del régimen nazi, aunque lo fuera por mandato imperativo. Es una sociedad que pretende otear el futuro pero que tiene que mirar necesariamente al pasado.

Eva Bruhns pertenece a esa clase media acomodada que es feliz y que no tiene necesidad de girarse para recordar el pasado. Su familia tiene un popular restaurante en un barrio obrero de Frankfurt «La casa alemana», y su vida es plácida, una hermana enfermera, un hermano pequeño en el cole, sus padres que regentan el restaurante y que tienen ciertos achaques propios de la edad, y un perro, Purzel, el invitado perfecto para cerrar el círculo de una felicidad que no requiere de más alardes.

Pero Eva Bruhns, que es traductora de polaco, se enfrenta al gran trabajo de su vida, el de traducir las declaraciones en el juicio de los testigos polacos, personas que vivieron en primera persona las horrendas barbaridades y tropelías, por señalarlo finamente, que se cometieron en el referido campo de concentración.

A todo esto Eva está novia con Jürgen, un exitoso y acaudalado empresario, en lo que en teoría se podría definir como una relación idílica, pero no tanto porque Jürgen es un tipo demasiado tapado a la antigua, religioso, tradicional y en su papel de hombre de la casa que no quiere que la mujer, genéricamente, trabaje.

El juicio va a suponer el punto de inflexión en la vida de la protagonista de esta historia, está creciendo como persona, como profesional y lamentablemente está comenzando a recordar un pasado que, como mucha gente en la antigua Alemania Occidental, está ahí aunque no se desee rememorar porque es doloroso.

En este sentido, Eva termina recordando que ella tiene un pasado doloroso y que su padre fue el cocinero de oficiales en Auschwitz, ella misma estuvo allí. ¿Por qué su familia no le ha refrescado la memoria? Ya se explica por qué eran tan reticentes sus padres a la hora de que su hija trabajara como intérprete en el juicio.

No ayuda Jürgen tampoco, el tipo se ha acercado a la Fiscalía para invocar una ley que permite al prometido revocar el trabajo de su futura esposa, porque él podrá sostenerla; lo que provocará el lógico cabreo de Eva y la consiguiente ruptura de su relación.

A todo esto el juicio continúa y ahí es donde observo que la autora de la novela, Annette Hess, no es constante, va a trompicones, no sé si es que quiere dulcificar el juicio, lo que pasó...; no llegas a saber si esta es una historia personal, una novela de testimonio o un ensayo sobre el costumbrismo germano de mitad del siglo pasado. De otro modo no se explica, o tal vez yo no he entendido el juego, que incorpore historia secundarias que no hacen más que alargar la historia sin ningún sentido, las vicisitudes de la hermana de Eva, enganchada con un médico casado; o la historia paralela del padre Jürgen, un comunista en medio del nazismo o en medio de una Alemania que crece mirando al liberalismo económico y a la democracia parlamentaria.

Y es desconcertante la novela en sí porque deja demasiados cabos sueltos, no termina de cerrar nada, me deja esa sensación de desasosiego, de que no decide nada. Los juicios sí, pero es que las sentencias no son contundentes, hay cierta sensibilidad hacia gente «normal» que hizo animaladas en el pasado y que en esa máquina del tiempo aparecen en 1963 como ciudadanos ejemplares. La relación con Jürgen es de idas y venidas, y al final sospechas lo que ocurrirá. En mitad del negocio Eva tiene un rollo con un colaborador de la Fiscalía, un judío norteamericano, David, del que nunca más se supo. Y al final Eva que parece que volverá a reconciliarse con su familia, que sí, que tenía un secreto, como tantos lo tuvieron en aquella Alemania.

Al final, la búsqueda de un libro sobre testimonios del exterminio se queda a medio camino, no no busquen esta temática única en el libro porque no la encontrarán. Una novela que prometía mucho pero que le ha faltado detalles para ser completa.

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