domingo, 3 de noviembre de 2019

GROUÑIDOS EN EL DESIERTO, LA PERSPICAZ SECUELA DE UN GROUCHO INFINITO

No soy persona de contar muchos chistes pero, de vez en cuando, en algún momento idóneo, suelto alguno, y puedo aseverar que desde el inicio de mis tiempos casi me desconcierta mucho que determinada gente no pille mis chistes o cualquier chiste en general, es cuando piensas ¿a esta persona le falta un hervor? Y hay experiencias de todo tipo, tanto los que se ríen y tratan de explicarlo (algo completamente detestable en el universo de los chistes), como los que directamente te dicen que no lo entienden.

Creo que el concepto de inteligencia emocional tiene también una vertiente relativa a la comprensión de los chistes, es decir, alguien entiende un chiste porque es avispado, no porque sea brillante en su formación académica, en un resumen muy resumido. En fin, que hay gente que es corta para esto de pillar los chistes y quizás haya que concluir que también es corta en otras facetas de la vida, y eso no es obviamente un problema, y a veces eso genera risas sucesivas.

En el mundo del cómic he de reconocer que hay de todo, para todas las edades y para todos los niveles (intelectivos), y encontrarte con algo que es muy inteligente y que a veces no llegas a pillar, pues como que te pone en un brete, te obliga a pensar ¡carajo!, o sea, que yo que me creo muy espabilao y tal, que no he cogido este, ¡maldita sea!

Y entre toda esta panoplia de ofertas cómicas creo que una de las creaciones que me obliga a hacer un mayor esfuerzo pensante es «Grouñidos en el desierto», veteranísima tira cómica de El jueves que es hija de los historietistas Ventura & Nieto, Ventura como dibujante y Nieto como guionista. Nieto fallecería en 1995 y como homenaje a su compañero Ventura ha seguido haciendo los guiones solo y más recientemente con el sobrenombre de Bisnieto (Ventura & Bisnieto) en evidente homenaje a su compañero y amigo.

¿Y qué es Grouñidos en el desierto? Pues no es ni más ni menos que una secuela perspicaz y canalla del personaje cinematográfico de Groucho Marx. Una secuela que el título nos ofrece es, para empezar, toda una declaración de intenciones, un juego de palabras con el personaje que lo inspira y luego ¿en el desierto?, que a la vista de lo que ofrecen las historietas no puede ser mayor homenaje, algo surrealista, imaginario, onírico.

El personaje de este cómic es propiamente Groucho, se viste como él, es irreverente como él, es ingenioso como él, fuma, le gustan las mujeres y, ante todo, es un ganador; la única diferencia con su «mentor» es que este simplemente se llama Julius y es un personaje solitario pero con una enorme vida social. Es un ganador porque puede salir a flote en cada historieta y si no sale, siempre tiene una moraleja que nos lo posiciona en un buen lugar.

Sí Julius es un ganador, es casi un vividor, no tiene un trabajo definido, es todo tan surrealista que prácticamente trabaja de todo, está delante de un ordenador, se las da de gran ingeniero y matemático, profesor, bombero, aviador, caza, pesca, vive la vida y es muy recurrente que esté de vacaciones.

Pues eso, no tiene trabajo definido, tampoco amigos concretos, ni siquiera un domicilio particularmente establecido, pero sí que es bastante común que se ría de la gente, de cierta gente, de las normas impuestas, de una existencia lineal y cotidiana o aburridamente cotidiana.

Pero ante todo es un mujeriego empedernido, su surreal gracejo, su inteligencia absurda, le ayudan a triunfar. Groucho no era apuesto y su extensión Julius tampoco lo es, son peculiares, distintos, transgresores, y eso a las titis les pone y triunfan. Y son finos estilistas en sus elecciones, no pierden el tiempo, ellos van al meollo, en concreto Julius, suele acabar encamado con jóvenes esbeltas, guapas y prietas, cuasi vulcanizadas. Y esas titis con las que intima mucho y bien, no pueden tener nombres más familiares, Marijuli, Mariglori, Marijuani, Maripuri...

Julius es un personaje social, sin amistades de referencia, pero nunca solitario, es un tipo que vive en su mundo, y en la historieta va evolucionando a medida que lo hace el mundo que le rodea, por eso también es crítico, a su manera, de todo lo que nos rodea, de todo lo que nos preocupa. Y él no deja títere con cabeza, con su natural ingenio también termina pegándole un palo al sistema. Porque si sus historias son absurdas probablemente este mundo se encarga de mostrarnos cada día que lo real supera absurdamente a lo ficticio.

Por cierto, el personaje es consciente de que está dentro de una historieta, esa conciencia de ser quien es, en dos dimensiones, le permite que todo sea más absurdo si cabe, pues eso le da licencia para hablar con sus autores y reivindicar lo que él crea conveniente según sus necesidades existenciales.

Y es que el surrealismo rezuma en todas las tiras, es un personaje amplio e inacabable, porque si sus diálogos con humanos están agotados, Julius no tiene el menor inconveniente en conversar con animales, con árboles, con electrodomésticos, con mobiliario urbano...

Entonces, ¿es un cómic que podrían leer niños? Seguro que no se enterarían o se fijarían en otros detalles más artísticos sin duda que los que nosotros los adultos apreciamos. Que tampoco es problema, pero bien es verdad que partiendo de un buen dibujo, vistoso, sin grandes alardes, lo esencial es el mensaje y ese a veces es tan rebuscado que hay que pararse a analizarlo un par de veces.

Ventura & Nieto parieron una historieta en blanco y negro y no quisieron introducir el color para ser casi fieles con el mítico personaje cinematográfico, testigo de una época en la que el cine en tecnicolor era un avance no alcanzable para todas las producciones pero tampoco necesario.

Sus diálogos son incisivos pero igual que hay tiras con diálogos elaborados, otras no necesitan ni una sola letra. En definitiva, un humor inteligente para el que hay que estar a la altura, y espero estarlo.

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