sábado, 7 de diciembre de 2019

ROBIN SPIELBERG, ACARICIANDO EL PIANO PARA CONSEGUIR EVADIRNOS

De donde nacen los sentimientos, del corazón, solo de ahí se puede explicar el porqué de la música de Robin Spielberg, una prolífica pianista estadounidense que extrae toda la esencia de su instrumento musical, tal vez el más completo que existe.

Partiendo de la base de mis escasos conocimientos musicales, al menos conseguí aprender algo de solfeo e historia musical para acopiar unos conceptos muy básicos de este arte. Uno de ellos se alojó en mí y era el de la mística del piano. El piano se revela como un instrumento polifónico, es decir, varios sonidos pueden salir a la vez de sus entrañas. De algún modo es como si varias sintonías pudieran sonar unidas, de hecho, los pianos se pueden tocar por dos o más personas sentadas a la par.

En Robin Spielberg se conjuga el llevar al extremo la polifonía, de hecho, parece que no solo tocan dos personas en sus composiciones, sino dos o más pianos diferentes; pero también tienes lo otro, una composición simple y magnética, de una bellísima simplicidad, un toque, otro toque y te pierdes, te pierdes en una música plena que hace que te relajes, que te evadas del mundanal ruido, que desees posicionarte en el espacio y en el tiempo en dimensiones inexploradas.

Y es que la música tiene eso, te puede llenar con composiciones muy elaboradas o a veces una leve melodía, tres o cuatro acordes, unas notas por acá y por allá, también es ya más que suficiente. Probablemente las grandes canciones de nuestras vidas, esas que tarareamos, son combinaciones que no tienen excesiva complejidad. No sé por qué, y no tiene connotación de ningún tipo, «Nights in white satin» de The Moody Blues, siempre me ha parecido la composición más bonita, sutil y simple de todas las existentes; serena, meliflua, casi callada y no hay tantas notas, sencillamente sencillo pero también sencillamente asombroso.

Pues Robin Spielberg es todo eso y más, es ante todo sensibilidad, acaricia el piano, si es que eso es posible hacerlo, pero es que a mí me parece que lo hace; en cada melodía te atrapa y te sugiere algo, que es lo bonito de la música, que te dejes llevar por ella y que te imagines paisajes, momentos, sensaciones, también amor.

No sé cuándo ni dónde se perdió medir la música en función de su calidad. ¿Quién conoce a Robin Spielberg?, ¿por qué tuvo en su momento tanto éxito Richard Clayderman? Son como cisnes negros que escapan de las garras de una música dirigida a minorías. Y Robin Spielberg es fantasía, solo con su piano, el mismo instrumento que se tocaba hace siglos, aunque te das cuenta de que también quiere innovar, es una música clásica con tintes modernos, New Age, no es fácil de explicar con palabras, pero sí es muy sencillo de entender cuando se escucha.

Es cierto que a veces se apoya en otros instrumentos, un leve violonchelo por ejemplo, pero no hace más que ayudar a resaltar la belleza de un piano que busca tu inspiración, que quiere extraerte emociones o quizás y más relevante que todo ello, desea que dejes de pensar en todo lo malo que te ocurre.

También tiene una especie de sello característico, y es que con la elegancia con la que impregna Robin todos los trabajos que desarrolla, de algún modo, se ha especializado en hacer versiones de muchos temas populares o clásicos, y sus particulares improvisaciones diría que mejoran lo que cualquier compositor construyó en el pasado.

Si la música para cada uno de nosotros representa algo diferente, hemos de convenir en que determinadas músicas son auténticas terapias, y las composiciones de Robin Spielberg podrían orientarse a un público muy concreto, pacientes de hospitales, enfermos... De hecho, ella misma es miembro de la Asociación americana de terapia musical y ha ofrecido numerosas conferencias relativas al valor de la música en general para la curación de dolencias o para mitigar los efectos de las enfermedades.

Robin nació en 1962 en New Jersey (EE.UU.), y le viene de familia su afección por la música, ya que su abuelo paterno era un afamado flautista (Rubin Spielberg, la coincidencia de nombres no se puede calificar de gratuita), aunque curiosamente nunca llegó a conocerlo, pero fue una fuente simbólica de inspiración. Apenas con siete años comenzó a recibir clases de piano y en su juventud alternó la música, con el teatro y también la composición musical. No obstante, casi se puede decir que fue tardía a la hora de saltar a la palestra mediática, pues su primer disco lo saca cuando ya habia superado la treintena.

A partir de ahí es una compositora muy fértil con cerca de veinte discos y cincuenta compilaciones, siendo en la década de los 90 una de las autoras de música New Age que más discos vendía en Estados Unidos.

También ha escrito libros sobre el impacto de la música en la felicidad de las personas e igualmente es profesora asociada de la Universidad de Millersville en Pensilvania, donde imparte clases en la disciplina de Tecnología de los negocios en la música.

Es una embajadora cualificada de los pianos Steinway, probablemente la marca más prestigiosa de este instrumento musical, ella sabe sacarle el máximo rendimiento a un instrumento tan complejo de aprender y tan sencillo de disfrutar.

Dejémonos atrapar por la delicadeza de Robin Spielberg y reflexionemos sobre nuestro papel en este mundo y hacia dónde nos lleva el destino, porque siempre queda menos para todo.

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