domingo, 19 de enero de 2020

SLEEPTHIEF, LADRÓN DE SUEÑOS, VIAJE AL INFINITO

Tengo una historia curiosa con los sueños, tal vez larga y tediosa para contar en esta bitácora, pero por ofrecer una leve pincelada, casi sueño cuando quiero y no dirijo mis sueños aunque poco me falta.

Y a veces, muy raras, algo se interpone en ese autocontrol onírico, la música. Es verdad que me pasa a mí y le pasa a mucha gente, que se te queda una melodía en la cabeza y no te la puedes quitar. Vas tarareando esa canción todo el día casi sin darte cuenta y esa pegadiza rémora termina por agobiarte y ya deseas que se vaya o incluso quieres sustituirla, y las más de las veces no se deja… la condenada.

De algún modo, con este proyecto musical que hoy traigo a colación inauguro una nueva era en mis gustos musicales que, para los que me han leído en alguna ocasión, son bastante heterodoxos y con el sello que marca la tendencia de mi blog, esto es, siempre «A discreción», remedando la expresión militar (no es el único sentido de su título), con un pie quieto y el otro libre, o sea, libertad pero con control; o lo que es lo mismo, libertad de gustos musicales pero con la constante de intentar escuchar buena música no comercial.

Esta nueva era es un paso más en la música que marca mi vida, la música New Age, ambiental, electrónica, de vanguardia… Y es que estos estilos que tienen unas fronteras enormemente difusas, también están en constante evolución, es probable que cada adelanto técnico también contribuya a explorar más allá. Y quizá lo que me pida el cuerpo, a ratos, es una música ambiental con toques discotequeros, marchosos, potente y contundente.

Cuando escuché por primera vez Sleepthief, que fue no hace mucho, pensé que era sublime, que tenía rasgos de cosas que ya había oído, Enya, Enigma, Evanescence, pero con más velocidad, bailable diría yo que se podría calificar.

Es eso, música con toques de rock, con una melodía muy sutil y con voces (todas ellas femeninas), que acompañan la base y que, además, ofrece un mensaje. La mezcla, el efecto, resultan ser, sin afán de ser exacerbado, perfectamente armonizados y sencillamente brutales.

La fortaleza de Sleepthief se puede resumir en una elaborada sencillez. El proyecto, para empezar, es casi unipersonal, no tienes que ponerte de acuerdo con nadie, aunque es lógico que haya un equipo que sustenta, lo cual hasta cierto punto es bueno, porque llegas hasta el final con tus criterios hasta las últimas consecuencias y, además, es propicio para mantener un estilo marcado. Detrás de este proyecto no hay otro que el músico californiano Justin Elswick, un tipo con muchas inquietudes musicales.

The Dawnseeker en 2006 fue su puesta de largo y también toda una declaración de intenciones, incluso el propio título ya llevaba su carga de profundidad «El buscador del amanecer» aunque una traducción un pelín libre y que a mí me gusta más sería «el que persigue el amanecer», dónde si no, dónde buscar quizá la esencia musical y perseguirla para encontrarla, donde todo se construye, donde todo es balbuciente, donde todo es generador y está por llegar, como la alegría del nuevo día que irrumpe en nuestras mentes y borra, de algún modo, todo lo negativo que jornadas pretéritas nos haya podido incordiar.

Ese disco fue genial, ese disco que me ha impulsado en estos meses y que habré escuchado no menos de una decena de veces en un viaje al infinito, es muy inspirador, evoca tantas sensaciones que no es extraño que al final cayera en sus redes y sí, también atrapó mis sueños, o lo que es lo mismo, que después de escuchar sus melodías, he tenido noches en las que me he despertado de madrugada y el disco comenzaba a sonar en mi mente y tuve que pensar que el título del proyecto no podía ser más acertado. Eurydice, el primer tema del disco, me abstrajo, bello nombre de mujer.

A todo esto hay que recalcar que Justin ha querido que su proyecto se base en voces femeninas, más melodiosas que las masculinas, y no una sino toda una variedad, elige lo mejor que tiene a la mano, voces de gran belleza, y los frutos son prodigiosos.

Curiosamente, después de empaparme de la música de Sleepthief leí una entrevista que le habían hecho a Elswick y señaló como ídolo musical a Enya y su disco casi épico Watermark, no es de extrañar, porque esa música destila mucho de Enya. Suena mucho a ella y tiene muchos toques étnicos, celtas, world music, sin abandonar lo electrónico.

En dicha entrevista, este compositor también desvelaba el porqué del título de su proyecto que, de algún modo, tiene relación con lo que a mí me pasaba por la noche, al parecer una noche estaba trabajando hasta muy tarde en una canción de su primer disco y, después de haberle dado muchas vueltas al nombre con el que haría su carta de presentación, creyó que esa canción le robaba su tiempo de dormir, por lo que el nombre le vino como anillo al dedo.

Justin revela que no solo le inspiran músicas conocidas, sino los viajes, el cine, la literatura, las personas, visualiza eso en su cabeza y lo construye en el piano, es decir, primero de todo es una partitura, eso es palpable. Luego le añade cuerdas y percusión, y ya echa mano de su ingeniero de sonido Israel Curtis que le da forma comercial.

«Mortal Longing», su último trabajo, que se publicó en 2018, es decir, más de una década después de The Dawnseeker, no ha perdido nada de su espíritu, sigue siendo pura magia, y de paso Justin se atreve a hacer una versión genial del mítico «Big in Japan» ochentero de los Alphaville que tantas historias de adolescente me recuerdan, pero con una voz de mujer detrás.

Sleepthief es en palabras de su hacedor, un proyecto que nos muestra franqueza. Franqueza es despertar y que no haya malas vibraciones y que tengas pensamientos constructivos con una música celestial detrás. Música dulce, fina, educada.

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