sábado, 11 de abril de 2020

24 HORAS DE LE MANS, UN ESPECTÁCULO ALGO MENOS ANODINO QUE LA F1

Antigua salida de las 24 horas
de Le Mans, hasta 1969
Hace ya años que abandoné el seguimiento de la Fórmula 1, coincidió tanto que Fernando Alonso ya no estaba en la pomada, como que las retransmisiones televisivas habían dejado de ser en abierto y ya no me preocupaba saber cómo había quedado el asturiano; atrás quedaban aquellos buenos ratos de antaño en que nos levantábamos temprano para ver la carrera que se celebraba en un huso horario bastante distinto al nuestro, cuando no nos robaba algún tiempo de siesta estival porque no nos perdíamos la subida al podio y la consiguiente escucha del himno español.

Para cuando había llegado todo esto, los aficionados de circunstancias, como yo, aun amantes del deporte, ya nos habíamos percatado de cómo funcionaba este deporte espectáculo y nos habíamos hecho con cierto vocabulario al uso. Hace ya años me atreví a publicar en una de mis entradas que la relación de valor del coche / pilotaje, podía ser en torno al 80 % - 20 %, es decir, que o tienes un buen coche o aunque seas el mejor piloto del orbe no te vas a comer un colín. Hoy me atrevería a señalar que esa relación es aún más drástica sobre el 95 % - 5 %.
De algún modo, para ser estrella rutilante en la F1 tienes que ser bueno y aparte estar bien apadrinado, es obvio que coincide esto en la figura de Carlos Sáinz Jr., al que por las razones antes expuestas no lo sigo casi nada, simplemente me entero de sus resultados y ni eso. Ya fue muy crítico el piloto español de origen libanés Roberto Merhi que al abandonar la F1 habló sin tapujos de que para poder triunfar en este deporte debías tener una buena cuenta corriente… y suerte.
Pues eso, quedaron atrás aquellos tiempos de idolatría hacia Fernando Alonso, algo que tampoco se correspondía con su actitud hacia la afición, que mayoritariamente lo calificaba como algo seco, yo prefiero no opinar, porque una cosa es cómo se muestre públicamente, teniendo en cuenta que es una figura muy mediática, y otra cómo es realmente la persona, que seguro que es mejor que lo que aparenta ante la opinión pública.
Después de todo el poso que quedó, tampoco fue tanto, tuvimos que soportar muchas horas de aburrimiento, para contentarnos con sus buenas victorias, con los pocos adelantamientos, con las salidas, con los cambios de ruedas (animados si había de por medio cambio de condiciones meteorológicas), una retransmisión con un periodista calvo que entretenía entre tanto bodrio y con algún que otro accidente que provocaba la ansiada salida del safety car.
Y es que a estas alturas del partido uno se plantea si mereció la pena, probablemente sí, porque el fin, las victorias, justificaba los medios; pero que a la hora de la verdad la Fórmula 1 era, es y será un impenitente pestiño. Y claro, puestos a inclinarse por un deporte de motor las motos también cayeron en las manos de las televisiones privadas y me despreocupé, y hay toda una serie de deportes anexos que se siguen muy poco en España y yo tampoco me intereso especialmente.
Pero dándole vueltas a mi cabeza siempre he pensado que las carreras de resistencia, aun con el aburrimiento intrínseco que se podría presuponer, tampoco estaba tan mal. Antes TVE se plegaba más a estas, las 24 horas de Le Mans para coches tenían su aquel o las extintas 24 horas de Montjuic para motos también me trae bonitos recuerdos.
De algún modo Fernando Alonso que sigue siendo un icono, va acaparando la atención por donde pasa, y yo quería haber hablado antes expresamente de las 24 horas de Le Mans, y con su presencia en estos dos últimos años en la prueba se ha reavivado mi interés y el interés de los medios de comunicación. 
Fernando Alonso es un deportista camaleónico como pocos, su versatilidad en el mundo de la automoción es insondable, empezó con los karts, luego las categorías de promoción de coches de competición, después la Fórmula 1, probó las 500 millas de Indianápolis, también las pruebas de resistencia y los rallys; ganará el Dakar un año de estos, no lo duden, al tiempo. 
Su puesta de largo en las 24 horas de Le Mans en 2018 no pudo ser más exitosa, venció, pero es que también repitió en 2019, y este año no sabemos qué pasará porque el mundo está actualmente paralizado y posponiendo fechas de todo tipo de eventos. El vencer tres veces seguidas en esta competición habiendo iniciado el camino desde su debut está al alcance de pocos y solo hay un piloto que lo ha conseguido y hace ya una pila de años, el británico Woolf Barnato de 1928 a 1930.
Hay mucha mítica en las 24 horas de Le Mans, y es que una jugosa historia detrás da para mucho, no en vano nació en 1923 y en menos de un suspiro vamos a estar celebrando su centenario; no estaría mal que nuestro asturiano pudiera inscribir su ilustre nombre en fecha tan señalada.
Parte de ese mito ya viene de la mano del propio circuito, denominado oficialmente de «la Sarthe», de los más grandes donde se disputan carreras oficiales, con casi 14 km. En realidad, no es un circuito diseñado ex profeso para la prueba, o más bien podríamos decir que no es un circuito cerrado ni permanente, de hecho parte del mismo discurre por la carretera que va de París a Tours, ese tramo de algo más de 7 km es una recta casi interminable donde se superan ampliamente los 300 km/h, de hecho, el récord de velocidad lo ostenta el francés Roger Dorchy con 407 km/h, ocurrió en 1988, por lo que cabe suponer que se ha debido limitar a posteriori la potencia de los coches para evitar accidentes luctuosos. Parte de este circuito semipermanente se embute en el circuito permanente de Bugatti donde se celebran habitualmente grandes premios de Fórmula 1 y de motociclismo; de hecho, es en esa parte mínima del circuito donde están los boxes, las tribunas principales, el paddock
Y es que si el automovilismo es espectáculo y cierto glamour, este es uno de los eventos que nadie que fuera apasionado de este deporte querría perderse. Porque precisamente esas 24 horas, obvio, un día entero, dan para mucho y para el visitante se abre toda una oferta de diversión, puesto que no todo va a ser ver las evoluciones de los bólidos, ni la madrugada da para ello. Así que hay atracciones, entre ellas una noria, restaurantes, tiendas…, todo para completar un fin de semana a pedir de boca.
Desde el punto de vista del pilotaje, aunque esas 24 horas son largas y pueden ser tediosas, los puntos de inflexión pueden ser los cambios de piloto, hay tres por cada coche y cada uno pilota una hora cada vez, así como los ajustes que hay que hacer al vehículo, y es que hay mucho movimiento en los boxes a lo largo de toda la carrera. Tampoco hay una sola carrera sino que hay varias categorías, eso lo hace más entretenido, tu atención se distribuye.
Curiosamente hasta 1969 la salida se hacía de una forma muy curiosa, algo que todavía se estila en las motos, los pilotos se colocaban enfrente de los coches que estaban en batería, se daba el banderazo y todos salían corriendo para arrancar sus máquinas y salir pitando; no obstante, uno de los pilotos más laureados, el belga Jacky Icks, manifestó que era un riesgo hacer ese tipo de salida, él ganó en ese año caminando tranquilamente hasta su coche, en esa edición moría un piloto en la primera vuelta y a partir del año siguiente ya se hizo montados todos en el coche.
No pocos récords ha generado casi un siglo de historia de la prueba; por citar algunos voy a subrayar que la marca Porsche es la que tiene más títulos, que nueve triunfos contemplan al danés Tom Kristensen que es el que más veces ha subido a lo alto del cajón y también es el que tiene más victorias consecutivas con seis.
La prueba no está exenta de riesgo y es que pese a las amplias medidas de seguridad, las velocidades que se alcanzan pueden ser letales y si te despistas el destino no te perdona, de hecho, el danés Allan Simonsen titubeó en 2013 y se estampó de frente con una barrera de contención, ha sido el último óbito de la prueba. Peor fue lo ocurrido en 1955 cuando un coche salió catapultado hacia una tribuna y fallecieron ochenta y dos espectadores.
En fin que ya que la Fórmula 1 para mí está de capa caída, por lo menos siempre me interesaré aunque sea de pasada, por eventos estos de resistencia, donde además Fernando Alonso quiere seguir llamando la atención y merece la pena prestar atención a por ello, quizá sea algo menos aburrido que la F1 y así cambiamos un poco el paso.

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