domingo, 5 de abril de 2020

"THE SHADOW LINE", LA LÍNEA OSCURA QUE SEPARA EL ABISMO DE LA CORRUPCIÓN POR DECRETO

Todo empieza con el asesinato en un coche de uno de los capos londinenses de la droga, Harvey Wratten, y justo al poco de ser indultado por haber colaborado con la policía; a partir de ahí se configura una trama de conspiración entre la policía y las redes de la droga en esta serie afamada de la BBC producida en 2011.

Probablemente tan simple como que tenga el icono de la BBC ya le atribuimos un sinónimo de calidad. En esta serie no hay lugar a la duda, es una producción muy bien hecha, escenarios, cuadro actoral, fotografía, historia…

Escrita, dirigida y producida por Hugo Blick, confieso que es una serie que de primeras te deja un tanto frío, porque no sabes la dimensión que va a tener. Nada auguras sobre las conspiraciones que se entretejen, nada respecto de los personajes; vas viendo poco a poco como interactúan y es a partir del segundo capítulo (la serie tiene siete de una hora de duración) cuando ya percibes quién es el protagonista y sobre quién quiere el director que tú, como espectador, centres tus preferencias, se trata del inspector Jonah Gabriel (Chiwetel Ejiofor).

La misma dinámica de la serie va desvelando las verdades, el desenmadejar un enredo importante donde nunca se sabe quién es el bueno y quién el malo, ni siquiera hasta el final; tal vez ese sea el rasgo diferenciador con respecto a otras producciones de temática policíaca, y es que la historia circula de sorpresa en sorpresa, hasta el último minuto.

Para alimentar esta constante ansia de información por parte del espectador, no resuelta nada más que en pequeñas píldoras, el inspector Jonah Gabriel también tiene que indagar en su mente, y es que unos meses atrás, en una intervención, recibió una bala en el cuello después de que atravesara la cabeza de su compañero Delaney que murió en el acto. Dicha bala sigue alojada en la cabeza de Gabriel y eso le provoca una amnesia relativa a ese día y las jornadas previas.

Jonah Gabriel tiene que convivir con esas lagunas, pero aun así sus jefes le han puesto al frente de la operación que pretende averiguar quién mató a Harvey Wratten. A medida que vamos conociendo a este inspector, en una trama donde nunca se termina de averiguar quién es quien dice ser, percibimos que él juega también con dos secretos los cuales casi se unen traslúcidamente, un maletín lleno de dinero y un hijo con otra mujer, mientras él busca con su esposa que esta se quede embarazada por fecundación in vitro tras varios intentos previos.

El problema es que Gabriel es demasiado honrado, el único tal vez, y va tirando del hilo, uniendo cabos y lo que va averiguando es terrible, salpica a todo el estamento policial, pero tal vez le falta tiempo para abrir el tarro de las esencias mientras trata de ordenar su vida y conocer qué hace ese maletín repleto de libras en su casa.

Mientras tanto la trama mafiosa no puede ser más interesante, por un lado Jay Wratten, el sobrino del asesinado, trata de hacer la investigación de la muerte de su tío por su cuenta; él es un matón a sueldo de una especie de hombre de paja del imperio británico del narcotráfico, Joseph Bede, un mayorista de flores que en su negocio legal va dando curso a los cargamentos de heroína que llegan desde Turquía, a través de un despiadado capo como Bulkat Babur. Así que tenemos al que la trae, el que la distribuye, y también el que la vende, otro personaje despreciable como el de Bob Harris, rodeado de un séquito de matones, aspirante al trono dejado por Harvey Wratten.

Pero no nos quedamos ahí, entre los hilos que asoman en la serie, tenemos dos personajes muy interesantes y siniestros a la vez que lo mueven todo desde una aparente invisibilidad, no son otros que Peter Glickman, un modesto relojero de Dublín, y Gatehouse un tierno y dulce madurete enfundado con guantes de cuero y sombrero de media ala que susurra a sus víctimas; a cual más inhumano.

La serie transita en esas cuitas de ir averiguando cuál es esa sombra oscura (The shadow line) y qué se esconde tras ella; es la oscura línea que separa el deber de la necesidad. Y es que la serie nos presenta a un grupo de policías bastante corruptos, tal vez es una crítica al sistema, una profesión que tiene mucho riesgo, mal pagada, mal vista, y los polis tienen que procurarse su futuro y el de sus familias por la puerta de atrás.

Ese es otro hilo conductor de la serie, la familia. Las familias están muy presentes en la trama principal y las historias particulares de cada personaje, todos hacen y deshacen por ellas. El amor es capaz de darle la vuelta a todo, y en su hondura, es también la justificación para todo.

Y al final de todo, el dinero, el vil dinero; ni siquiera la posición, ni siquiera un ascenso, es el dinero y el lugar que cada uno tiene que ocupar en cada momento para obtenerlo.

Una serie muy bien realizada, con una cuidada fotografía, grabada en Londres y la Isla de Man (los escenarios exteriores son extrañamente oníricos), a la que he echado en falta algo más de claridad en la exposición del enredo, pues a veces es el propio espectador el que no termina de entender algunos detalles.

Lo que ocurre es que aunque no hayas pillado algún elemento, por el contexto lo entenderás todo y la resolución final, imprevisible, te hará comprender todo, los que han ganado y el que ha perdido, sin olvidar un reguero notable de sangre que le da a la serie unas justas dosis de acción.

Curioso, por llamarlo de alguna manera, que se ponga de relieve, al igual que ocurría en «Breaking Bad», la importancia de las comunicaciones y cómo hay que inutilizar teléfonos cuando uno hace una llamada crítica.

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