domingo, 7 de junio de 2020

"AFTER DARK", DE HARUKI MURAKAMI

Dicen que a Haruki Murakami o se le ama o se le odia, quizá por esta razón me he pensado tanto leer un libro de este novelista; y mira que he tenido oportunidad porque con el extinto Círculo de Lectores este era uno de sus autores recurrentes, es más, estuve tentado una vez de comprarme una camiseta de Murakami con una de esas frases célebres escritas por él o alguna de esas que se hacían en referencia a él «Keep calm and read Murakami».

Y no solo será por esa intrigante opinión que tiene la gente, o los expertos, de Murakami, sino porque ya sabe la gente que me lee en esta bitácora, que soy más aficionado a la lectura de libros escritos por autores españoles e hispanos. No sé, es como si tuviera un atávico desdén a enfrentarme a un libro foráneo en el que el salto cultural, un abismo semántico y a veces una traducción no acertada, implican una fallida inversión, un gasto poco rentable de tiempo..., y me ha pasado con no pocas novelas.

Pero en fin, yo sabía que alguna vez Murakami caería, y caería porque es ese nombre de escritor famoso que resuena desde hace años para el Nobel de literatura y tampoco hay tantos, porque luego se lo dan a autores interesantes, buenos, pero menos populares, casi de segunda fila en algunos casos. Si tanto suena algo tiene que tener. Aunque no sé si dar crédito a algunas noticias que señalan que el autor nipón habría retirado su nominación hace un par de años ante las sucesivas desatenciones de la Academia sueca.

Y bien, ahí estaba yo dispuesto no solo a leer un libro sino también a desvelar el misterio de Murakami, qué razones explican esa fama de escritor un tanto díscolo.

Prácticamente nada más empezar el libro ya te das cuenta de que tiene un estilo novelístico diferente, no sé si lo hará en todas. En esta, el narrador no parece formar parte del libro, es un espectador que sobrevuela la acción y que no puede opinar, ni intervenir, es solo un observador. Eso ocurre al principio, durante y al final de la novela, ¿sobrarían esos pasajes?, probablemente sí, son muy poéticos, evocadores si se quiere, pero es su estilo, es, de algún modo, una forma de adornar la historia que cuenta.

«After dark», o «Tras el anochecer», aunque yo la titularía en una versión libre y particular mía como «Cuando la noche se rompe», nos cuenta la historia de personajes solitarios o singulares, que en la paz y la oscuridad de la noche se destapan a sí mismos para contarnos cosas que no se contarían de día, se cuentan ahí, cuando las horas de la madrugada ya están tan avanzadas que ya te da igual volver a casa una hora más tarde o más temprano, porque te es indiferente o porque nadie te espera, y ahí es cuando los personajes abren su corazón y cada uno de ellos tiene siempre algo interesante que contar; ahí precisamente, cuando esa noche se rompe, cuando la mente está cansada y quizá más vulnerable es cuando surgen mágicas conexiones que marcarán los destinos. Y es que a quién no le ha pasado alguna vez, que ha tenido una noche de movida, de esas que ha vuelto a casa de día y ha hecho algo, mejor o peor, que siempre recordará.

Mari Asai no tiene otra cosa mejor que hacer, sus razones tiene, que acudir a un café para enfrascarse en una amena lectura o simplemente para reflexionar. Ahí aparece Takahashi, que la conoce cuando hace dos años quedaron él y un amigo con Mari y su hermana mayor Eri; no obstante, aquel encuentro fue poco prometedor, casi fugaz. Pero ahora en esa noche en la que se adentran, comienzan a conocerse y a saber el uno del otro.

Se aprecia que en Japón, tal vez sorprendentemente, hay un rico universo noctámbulo, imagino que en Tokio y en cualquier gran urbe, en especial los fines de semana. Takahashi ensaya de madrugada con su trombón con un grupo de músicos, cabe esperar que el local de ensayo esté convenientemente insonorizado.

En esa primera conversación Mari ha comentado a Takahashi que casi es bilingüe y que habla chino con bastante soltura. Takahashi de vuelta a los ensayos pasa por un love-ho (love hotel, hotel donde se alquilan habitaciones para practicar sexo) donde trabaja su amiga Kaoru y esta le comenta que a una joven prostituta china la han apalizado y yace desnuda en su habitación. Kaoru acude en busca de Mari para que hable con la chica y la puedan ayudar entre todos. Entre Kaoru y Mari también surgirá una interesante conexión.

La paliza de la prostituta desvela el sórdido trabajo de estas personas y las mafias que mueven sus hilos en Japón y en todo el mundo. Murakami apunta también el nombre del animal, Shirakawa, al que tú sabes, aunque no lo cuente la historia, que alguien le va a dar su merecido.

Mari y Takahashi se volverán a ver durante la noche, en un parque dándole de comer a unos gatos, y seguirán abriendo sus corazones. A Takahashi se le murió la madre con siete años mientras su padre estaba en la cárcel; tan pequeño tuvo que apañárselas solo para salir adelante con la ayuda de unos vecinos y una tía.

Mari acude nuevamente al love-ho Alphaville y ahora entabla conversación con otra trabajadora del hotel, Kôrogi. Ambas se cuentan cosas que jamás han contado a nadie. Kôrogi huye y ha sufrido daños físicos en el pasado. Por su parte Mari desvela que entre ella y su hermana hay una unión de sangre pero una abismal separación; Eri lleva dos meses durmiendo profundamente en su habitación y se levanta para lo necesario pero nadie de la familia la ha visto.

Takahashi y Mari se volverán a ver para terminar de desvelar todos sus secretos. Tal vez con esas conversaciones, con esa apertura de corazón, han conseguido desmadejar todo lo que les preocupa en sus vidas, un nuevo destino. Todo ello justo cuando la noche ya casi se acaba.

Muy interesante el libro, una buena historia muy bien narrada y muy entretenida. A Murakami le doy el visto bueno. Y no quiero dejar pasar la oportunidad de destacar el magnífico trabajo de traducción de Lourdes Porta; mira que soy crítico en muchas ocasiones con el trabajo de estos profesionales, pero en ella destaco que tiene un profundísimo conocimiento del español (gramatical, sintáctica, ortográfica y semánticamente) y no he encontrado ninguna tacha, es más, he aprendido algunos aspectos enriquecedores.

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