sábado, 18 de julio de 2020

"DHEEPAN", DE JACQUES AUDIARD

Conviene no olvidar jamás que ser un refugiado, sea cual sea la circunstancia que ha abocado a una persona a llegar a esa situación, es siempre un drama. Lo principal de todo es que dejas tu casa y tu tierra, y en las más de las ocasiones las familias se desgajan, se mutilan, se rompen.

Nadie se salva de llevar el peso de ese pasado detrás, que no tiene que ser obstáculo para iniciar una nueva vida, pero dejará secuelas que de un modo u otro informarán las vidas particulares de cada refugiado.

En un campo de refugiados, previsiblemente en la India, y en una época relativamente reciente, se encuentran familias de la etnia tamil procedente de Sri Lanka, en 2009 se produjo un episodio de desplazamiento de personas auspiciado por la mayoría étnica y gubernamental de ese país, los cingaleses, ¿fue una limpieza étnica? Desde luego muchos civiles cayeron en la ofensiva oficial para decapitar la cúpula de los Tigres de Liberación del Eelam Tamil, grupo teóricamente terrorista que luchaba por la independencia de la región con mayoría de esa etnia.

La lástima es que aquel episodio, aun cercano en el tiempo, se nos antoja lejano como tantos aspectos desconocemos de Oriente; esos dramas no parecen nuestros, no arrojan portadas de periódicos y apenas breves noticias en los telediarios.

Lo cierto es que sí que se produjo un cierto éxodo de familias tamiles y en ese campo de refugiados con destino a Europa se encuentra la joven Yalini (encarnada por la actriz Kalieaswari Srinivasan), su misión es buscar a algún niño huérfano para formar una familia de conveniencia junto con un antiguo guerrillero del ejército tamil, Dheepan (Antonythasan Jesuthasan), entendiéndose que solo grupos familiares podrían salir hacia esa tierra de promisión. Yalini consigue que le den por nada, como el que va a pedir agua a un bar, a una niña para conformar esa mínima familia.

Aunque Yalini desea ir al Reino Unido, el destino asignado es Francia. Ese matrimonio de circunstancias se instala junto con la pequeña de unos ocho o nueve años Illayaal (Claudine Vinasithamby) y el primer trabajo para Dheepan es el de conserje de un grupo de bloques en los suburbios de una ciudad francesa, previsiblemente París.

Allí comenzará el tránsito hacia la adaptación, el idioma, las costumbres, la gran ciudad y los problemas que en ella acaecen, lejos de la feraz naturaleza de las selvas de Sri Lanka donde aún viven elefantes en libertad; es otra guerra, en ese barrio marginal donde habitan inmigrantes africanos en general y fundamentalmente magrebíes, lo que se controla es el tráfico de drogas.

Dheepan, Yalini e Illayaal van tomándole el pulso a su nuevo destino, no es fácil, es una vida postiza a la que nunca debieron optar de forma obligada, pero la única manera de progresar es seguir haciéndose pasar por un matrimonio, por una familia, y para eso ninguno de ellos estaba preparado.

Y para colmo deben lidiar con esa guerra urbana donde se maneja mucho dinero y los ajustes de cuentas están a la orden del día. Dheepan salió de una guerra y desemboca en otra, y esta última es injusta y egoísta como pocas, no distingue buenos ni malos, no se sustenta en ideas, no tiene políticas y los líderes son efímeros. Y Dheepan, bregado en las trincheras de una guerra en plena naturaleza, dejado atrás ese sentimiento patriótico, no quiere que su nueva vida fluya a través de un injusto sendero de minas.

Yalini no quiere aceptar la cruzada emprendida por Dheepan y ello unido a sus problemas de relación, casi hace saltar su impostada historia por los aires, y esa familia que no va funcionando mal, que va consolidándose, que económicamente avanza, corre el riesgo de desintegrarse y de perder todo lo alcanzado.

Y habrá un punto de inflexión, y todo explotará o no, porque Dheepan es de sangre caliente, es un inconformista.

Es una película que habla de las vivencias de unos refugiados, no ahonda especialmente en el drama del pueblo tamil, de hecho, su director, el francés Jacques Audiard hace un mínimo guiño a lo ocurrido, sin tomar excesivo partido, simplemente pone de relieve que hubo víctimas civiles y que, en consecuencia, estas son inocentes.

Es más allá de una película sobre refugiados, una reflexión sobre la integración de determinados inmigrantes en los países que los acogen. Sin alternativas y habiendo dejado atrás una existencia sin futuro, la realidad del mundo occidental tampoco se revela como la panacea. Determinados inmigrantes se hacen fuertes en guetos, no quieren integrarse, no quieren progresar ni promocionarse y buscan la salida fácil de los negocios ilegales, cuando no se radicalizan y son combustible para las células islamistas.

Se trata de una gran película, que se ve con interés, es diferente y está avalada por una magnífica Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes de 2015. Como curiosidad cabe destacar que los diálogos de los personajes principales son originalmente en tamil y para el público no francés se subtitulan los diálogos en francés. El actor que encarna a Dheepan de hecho solo habla tamil, la actriz que representa a Yalini sí habla inglés pero no francés y la pequeña que protagoniza a Illayaal sí es francesa, puesto que en una entrevista para el referido festival la pequeña traducía a Antonythasan Jesuthasan.

No hay que perdérsela.

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