domingo, 5 de julio de 2020

MATTI NYKÄNEN, EL FINLANDÉS VOLADOR, OTRA ESTRELLA DEPORTIVA QUE SE ESTRELLÓ

No sé si lo he escrito alguna vez en este blog pero el caso es que me ocurre en mi vida desde hace mucho, probablemente desde muy joven o muy niño, que se me vienen a la mente nombres con sus apellidos que repito como mantras sin venir a cuento, y sí, esos nombres y apellidos normalmente suelen ser de deportistas. A veces más famosos, pero la mayoría bastante desconocidos, tanto que se me quedaron grabados en la mente sin saber por qué.

Y me pasó el otro día que recordé uno de esos ¿nombres sin sentido?, y ahora es fácil saber quiénes fueron con Internet, porque ni yo mismo sé qué deporte estaría viendo aquel dichoso día para que aquel deportista se alojara en mi cerebro para siempre. Horst Bulau, que podría ser un deportista de cualquier cosa y, por supuesto, un nombre que no ofrece grandes detalles de su procedencia, ¿bielorruso?, ¿rumano?, ¿o incluso de ascendencia catalana?, ya, pero el nombre de pila no le pega. Y no, se trataba de un deportista canadiense en la disciplina de saltos de esquí, que no fue una grandísima estrella, pero algún puesto relevante tuvo a lo largo de su carrera. Lo vi en una foto actual bien trajeado con pinta de directivo de algo.

Casi a la par que miraba quién era Horst Bulau y, de algún modo, constaté qué había sido de él y que vivía de forma normal, el infinito Google me sugería la búsqueda de Matti Nykänen, sí este sí que fue una superestrella, «el finlandés volador» era su apodo en esa espectacular disciplina de los saltos de esquí, pero me llevé una sorpresa cuando descubrí que había fallecido en 2019.

Tiene su explicación el hecho de que yo recordara el nombre y apellido del saltador canadiense, como la tenía, con mayor razón si cabe, que supiera de las andanzas deportivas del finés Matti Nykänen. Probablemente no habré visto en mi vida más saltos de esquí que los que retransmitía Televisión Española y durante muchísimos años, como una tradición, cada 1 de enero; aquellos saltos desde la estación alemana de Garmisch-Partenkirchen eran un curioso desayuno, alguna resaca incluida, del primer día del año. Y como soy una persona de tradiciones, de esas, pues no me gustó que Televisión Española soltara los derechos de esta retransmisión y ya se acabó el encanto, para siempre.

Ese evento se enmarca en un torneo denominado de «Los cuatro trampolines» y que se celebra en cuatro estaciones de Alemania (2) y Austria (2) entre finales de diciembre y principios de enero, el ganador obtiene un trofeo de prestigio, amén de que todas estas pruebas son valederas para la Copa del Mundo.

Matti Nykänen fue el mejor de su época, nos remontamos a la década de los 80, donde fue un auténtico dominador de esta disciplina, el Torneo de los cuatro trampolines lo ganó dos veces siendo igualmente vencedor en Garmisch-Partenkirchen otras dos, pero fue más laureado en eventos de notoria enjundia, esto es, cuatro veces ganador de la Copa del Mundo (con un balance accesible para muy pocos: cuarenta y seis victorias individuales a lo largo de una década) y cuatro medallas de oro y una de bronce en Juegos Olímpicos.

Decían los que sabían de esto que tenía una configuración antropométrica ideal para la práctica de este deporte; medía 1,78 m y era fibroso, de músculo largo; tal vez no era muy ortodoxo ni estilista a la hora de ejecutar el salto pero en el aire sabía colocarse de tal manera que flotaba, se mantenía en una interminable ingravidez. No es de extrañar que batiera los récords de distancia en los trampolines más famosos del mundo.

No obstante, parece ser que ya se le conocían, cuando estaba en la élite, ciertas indisciplinas con su equipo técnico y también que, de vez en cuando, sacaba los pies del plato con alguna copa de más, y no precisamente copa en forma de trofeo.

Desgraciadamente cuando he conocido la historia de su deceso se me han venido a la memoria otras tantas estrellas en deportes menores a las que volver a la realidad se les hizo cuesta arriba. El Chava Jiménez (ciclista), Jesús Rollán (waterpolo), Yago Lamela (atletismo), Blanca Fernández Ochoa (esquí alpino)…, son esos juguetes rotos del deporte, en este caso español, que pasaron de la gloria al infierno por causas muy diversas, y que no hace más que replantearnos la importancia de asesorarse bien, de tener la cabeza muy bien amueblada y de asumir que la vida del deportista es efímera y que hay que aterrizar en ese mundo del que probablemente te has estado alejando por tu profesionalidad y dedicación a lo que más te gustaba hacer.

El aterrizaje de Matti Nykänen no fue precisamente glorioso, como aquel al que nos tenía acostumbrados cuando lo veíamos volar desde los trampolines. A su afición por el alcohol se unió un rudo carácter y desde su retirada no hizo más que ir tendiendo una fina alfombra hasta su tumba.

En su currículum hay episodios estrambóticos, desde ser stripper en un restaurante, grabar discos y presentar un programa de cocina en la tele; todo ello se adereza con tormentosas relaciones sentimentales, tuvo hasta tres mujeres, con las que tuvo sus más y sus menos. De hecho, su embriaguez habitual provocó malos tratos hacia ellas que le hicieron verse demasiadas veces con la justicia, amén de haber matado a un hombre con un cuchillo bajo los efectos del alcohol, por lo que tuvo que pasar en prisión algo más de dos años por homicidio sin premeditación.

Con su carrera musical también tuvo altibajos, su primer disco fue exitoso pero fue un espejismo, sus incursiones posteriores no tuvieron el mismo reconocimiento, y se me antoja uno más de los experimentos que hacen las estrellas no musicales para seguir siendo reconocibles, normalmente sin repercusión.

Y está claro que con una vida desordenada, de excesos si se quiere, el mayor o menor dinero que pudo obtener en su vida deportiva profesional se quemó como ese cigarrillo que el fumador apura sin pensar en sus consecuencias, y ni tan siquiera con la gloria olímpica fue Matti indulgente y llegaría a vender sus medallas para poder costear esa vida zigzagueante; medallas que hoy estarán decorando alguna vitrina de alguien que a lo mejor debió echar una mano al finlandés volador antes que darle dinero para seguir quemándolo y quemando su vida.

Pues eso, una estrella deportiva más que no supo llevar una vida normal fuera de esa fama efímera que le proporcionó su capacidad física, y que a buen seguro no recibió el calor necesario de esos que algún día también aprovecharon su rutilante estrellato. Descanse en paz Matti Nykänen.

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