"DESEANDO AMAR", DE WONG KAR-WAI

Mientras escucho en mi ordenador «The Ballad of the Lake of Tears» (la Balada del Lago de Lágrimas), de Chistian Palmer, nombre comercial del compositor húngaro Krisztian Palmai, me apresto a escribir sobre esta película que tenía en el objetivo desde hace unas semanas, la melodía y el título me inspiran.

No escribo sobre todas las películas que veo, lo hago con aquellas que me dejan un impacto en mi cabeza suficiente para que tenga que reflexionar más de lo común en mí, que diría que a veces es demasiado, y últimamente más. Pero también es cierto que toda película tiene su momento para verla, o para ser preciso no es lo mismo verla en un instante de tu vida que en otro, más joven o con la edad que tengo actualmente. A lo mejor la película que reseño me hubiera parecido una ñoñería hace casi un cuarto de siglo que es cuando se hizo, o diría que hace un año lo mismo la hubiera pasado por alto, pero ahora…

Aparentemente la propuesta podría echar un poco para atrás, una película hongkonesa, ¿no parece muy atrevido o tal vez exótico por pretencioso? Pero no, hay que obviar que son chinos y que hablan en chino (la he visto subtitulada que es como mejor se ve aunque no entienda nada de chino cantonés, y sí valga el chiste «me ha sonado a chino»), y una vez que olvidamos el detalle idiomático y nos dejamos llevar por la atmósfera de las escenas y de los personajes, disfrutaremos y hasta cierto punto nos conmoveremos con sus devenires.

Lo que sí que hay que hacer es una composición de lugar y situarse en el Hong Kong de principios de los años 60 del siglo pasado y dar por asumidos determinados aspectos de la cultura china. Cabe recordar que Hong Kong era en esa época una colonia británica, un reducto de su amplio imperio, y que hoy pertenece a China aunque con un estatus especial. No obstante, sí que se aprecia que para las costumbres son chinos pero en cuanto a los avances sociales y la libertad, lo estaban en aquella época muy por encima de los países de alrededor y, por supuesto, de la atrasada China en aquellos años; digamos que era como un trozo del Reino Unido en Oriente pero con gente china que quería lo bueno de un país democrático y avanzado aunque manteniendo su esencia.

Se percibe que siendo un enclave no muy extenso la vivienda era un problema para las familias, por lo que deben acoplarse en espacios reducidos. Así es como llegan dos parejas a una casa y cada una de ellas alquila una habitación. La presentación de los personajes tiene un aspecto que es esencial, de ambas parejas el director Wong Kar-Wai solo muestra al hombre de una y a la mujer de la otra. Los cónyuges de ambos se omiten, o más que se omiten simplemente no se muestran, en una ocasión de espaldas o solo las voces mediante llamadas de teléfono.

De las dos parejas trabajan todos sus miembros en profesiones liberales por así decirlo. De nuestros protagonistas él, Chow, trabaja en la redacción de un periódico y ella, Li-zhen en la oficina de una empresa dedicada a la importación-exportación. Pero es que los cónyuges de estos también tienen trabajos más liberales si cabe, tanto que los obliga a estar fuera de casa incluso hasta horas intempestivas y en el caso del marido de la señora Li-zhen suele estar viajando bastante por el extranjero.

Entre Li-zhen y Chow se empieza a generar una buena relación de vecindad, dado que cada uno busca en el otro tantísimos ratos de soledad a que están sometidos por sus cónyuges. La relación de vecindad deviene en un amistad sana y pura, de respeto mutuo.

Y así, casi sin darnos cuenta, el director nos está entregando una increíble historia de amor, plena de sensualidad pero a la vez tremendamente blanca e inocente, porque empiezan a atraerse. La atracción recibirá el primer resorte cuando un compañero de trabajo le comenta a Chow que su mujer le está siendo infiel.

A su vez Li-zhen vivirá con la incertidumbre de saber si verdaderamente también su marido le está siendo infiel, algo que es más que obvio a tenor del escaso interés que demuestra en pasar tiempo con ella.

Chow comenzará a dar rienda suelta a su vis literaria y comenzará a escribir novelas, para lo cual alquilará otro apartamento para poder estar más aislado del bullicio que se genera en la colección de apartamentos que se asemeja a una corrala donde muchos de sus integrantes pasan muchos ratos en común compartiendo comidas o juegos. Li-zhen acompañará en muchos momentos a Chow en su exilio literario porque le ofrece tranquilidad.

Ambos están enamorados pero ninguno da el paso, se llaman por teléfono y no se responden, se tocan el brazo o el hombro, se sientan espalda con espalda en la pared que separa sus espacios vitales, pero no son capaces. Dicen que es la más triste historia de amor jamás contada, no dar rienda suelta a lo que su puro y natural instinto les dicta.

Incluso en esa pureza sufren profundamente, porque el hecho de que compartan tantos momentos, cenan juntos, pasean juntos, llegan juntos al bloque de apartamentos, les llega a plantearse el qué dirán, precisamente ellos, que no han hecho nada, que son dos amigos que se sienten muy solos y no le hacen mal a nadie y menos a los que más les están haciendo penar, sus cónyuges.

La atmósfera de sensualidad se representa con una escenas a cámara lenta donde ella camina lentamente contoneando sus caderas ataviada con una colorida colección de elegantísimos vestidos qipao (o cheongsam en cantonés), o miradas perdidas de él enfocando hacia el infinito mientras da profundas caladas a un pitillo. Y todo ello con una sinfonía de fondo que por más machacona y ampulosa que pueda ser se convierte en bella, como es el Yumeji´s Theme del japonés Shigeru Umebayashi.

La sensación es que los protagonistas se alejan más cuanto más cerca están, y nos invade una profunda pero bella tristeza. El amor debe abrirse camino, aun en la adversidad, hay que darle una oportunidad a la vida, el amor es el soporte de la felicidad, dos personas que bailan como extraños han de ser dos corazones que se reconocen en la melodía del amor. Un encuentro azaroso se convierte en una conexión profunda, una historia que comienza a escribirse bajo la luz de las estrellas. Un gesto en la noche enciende la ilusión, una mirada que lo dice todo sin necesidad de palabras. Un universo que se expande, un horizonte que se abre a promesas y a sueños por cumplir. Y, después de todo, mariposas en el vientre que son auténticamente buitres.

Pues eso, una inspiradora historia de amor, una película imprescindible para dar sentido a la vida, esta «Fa yeung nin wa (In the Mood for Love)», que en una traducción más literal se podría haber llamado «Con ánimo de amar».

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