"ENSAYO SOBRE LA CEGUERA", DE JOSÉ SARAMAGO

Resulta abrumador, y no es la primera vez que lo plasmo en mi bitácora, la cantidad de libros que tengo pendientes de leer y miro el reloj de la vida y no, el tiempo no me da. Tengo esa sensación atosigante de que no llegaré, que hay mucho y bueno, y hasta imprescindible, que no voy a poder leer.

No es que sea una ciencia exacta lo de los premios Nobel, pero sí que es un indicativo cualificado de que detrás de las personas premiadas hay una trayectoria literaria que merece atención. Y yo lo hago, sobre todo cuando son conocidos, cuando son de la literatura hispana y diría que también cuando son cercanos, pero he leído muy pocos y seguro que sería muy sano leer a partir de ahora un libro del ganador del año en curso, ¿seré capaz?

Pues aquí está claro que muy a mi pesar me faltaba este, José Saramago, cómo no, además el primer premio Nobel en lengua portuguesa (1998), un homenaje para él, pero también un galardón para la rica y mundialmente presente lusofonía.

Prácticamente sin tener la referencia del tipo de literatura que nos ofrecía Saramago, más allá de esa estela de un personaje que estuvo muy vinculado a nuestro país, y que hemos visto en numerosas entrevistas en televisión, me apresté a leer este «Ensayo sobre la ceguera», de hecho, una novela publicada en 1995, y se presupone que escrita ya en España, pues el portugués comenzó a residir en nuestro país a partir de 1991.

El título es ya de por sí llamativo, por lo que la cuestión previa que te planteas es si se trata verdaderamente de un ensayo. Y cuando empiezas a leer lo primero que descubres es la forma en que está escrito, y es que el autor prescinde de todos los signos de puntuación, a excepción de los puntos y las comas; es más, después de determinadas comas hay palabras que empiezan en mayúscula y te das cuenta que es la herramienta que utiliza para introducir los diálogos; y además los párrafos son enormemente largos lo que alimenta cierta atmósfera opresora. Avanzas en las páginas y deduces que sí, que es una novela, aunque tiene su truco.

Todo comienza de la forma más casual, un tipo que va conduciendo su coche en una gran ciudad de un país indefinible aunque avanzado, de repente se queda ciego, pero es una ceguera blanca, no es una ceguera convencional. Acudirá a un oftalmólogo que verificará que no hay nada físico en los ojos que le impidan ver, por tanto, inicialmente podría ser algo psicológico, mientras el facultativo comienza a documentarse acerca de esta extraña enfermedad.

Pero los acontecimientos se suceden y lo que comenzó siendo un hecho aislado deviene en una enfermedad contagiosa, que particularmente va a padecer la gente que estaba en la consulta del oftalmólogo y él mismo.

Esa situación de desmesurada alarma obliga al gobierno de un país ficticio (nunca se nombra al igual que los nombres de personas, que jamás se dicen) a tomar medidas drásticas, tales como meter a todos los nuevos ciegos en un manicomio en desuso. El manicomio poco a poco empezará a llenarse, todos en la misma situación, en realidad, todos no, la mujer del oculista no ha querido dejarlo solo y se ha hecho pasar por ciega, será un elemento imprescindible para el desarrollo de la novela.

Aunque no hay personas con nombre en toda la novela, sí que tenemos personajes definidos que son los que llevan la acción y sobre los que se centra el autor, digamos que es el grupo de «los buenos» o «los elegidos» . Y es que si algo hace muy bien Saramago es definir muy bien el mundo en pequeñito, en ese nuevo universo que se ha creado en el manicomio, buenos contra malos, observamos un reflejo de lo que es la humanidad. Los alimentos que proporcionan las autoridades cada vez son más escasos y para colmo en una de las alas se ha apostado un grupo que tiene un arma y se ha apropiado de los víveres, que irá suministrando a cambio de dinero y joyas primero y después a cambio de sexo, los hombres someten a las mujeres.

En un momento dado y tras un incidente grave que ocurre en esa particular cárcel, los ocupantes del recinto descubrirán que la salida está expedita y que los guardias que controlaban el acceso han desaparecido. Pueden salir al exterior y comprueban, como ya presumían, que lo que era una epidemia ahora es una pandemia, todo el mundo tiene la ceguera blanca, todos a excepción de la mujer del oftalmólogo que sorprendentemente mantiene la vista sin una razón que lo explique.

Los episodios que se suceden en el manicomio han sido asfixiantes, denigrantes para el ser humano y sobre todo para las mujeres, llenos de inmundicia y escatología donde el autor se recrea quizás excesivamente; pero en esta vuelta de tuerca de la trama ahora salen a la gran ciudad y hay una lucha por la supervivencia y también por volver a sus domicilios para ver qué se encuentran. La urbe se ha convertido en una selva de mugre y caos donde todo el mundo vaga en busca de alimentos.

El libro nos plantea muchísimas cuestiones, el narrador ejerce un papel omnisciente y no solo cuenta sino que opina, a veces sarcásticamente, otras en modo de pensador cualificado. Pero es que los personajes están constantemente haciendo análisis filosóficos de la realidad. Casi en cada página podrías pararte para escrutar qué es lo que nos quiere decir cada uno, hay mucha densidad, mucha profundidad de pensamiento.

Si en la novela se busca la causa de esta enfermedad no se va a encontrar, por tanto, la cuestión principal es, en mi opinión, no por qué ha ocurrido sino qué está ocurriendo, es decir, la clave son las consecuencias y no la causa. Y ahí es donde entramos en el sutil propósito del portugués, no solo nos ofrece una novela sino que en la acepción de ensayo como experimento o prueba, es precisamente esto último lo que ejecuta, pone al ser humano en la tesitura de ver qué pasaría si de repente todo el mundo perdiera la visión, qué harían los gobiernos, qué haríamos si quedáramos atrapados en un espacio confinado, cómo obraríamos si no tuviéramos que comer, o si tuviéramos un arma en nuestro poder con la que someter a los demás… Yo me inclino a pensar que es un experimento en formato de novela sobre el comportamiento del ser humano en una situación límite.

Y en ese caos donde el grupo protagonista tiene el as en la manga, por encima de cualesquiera otros grupos o individuos, ya que cuentan con una persona que ve, llegarán a casa de ella y su marido el oftalmólogo y ahí encontrarán cierto remanso de paz y el desenlace de la acción. También, algo antes, encontraremos una explicación a por qué Saramago escribió la novela con ese estilo tan vanguardista prescindiendo de la mayor parte de los signos de puntuación.

Por cierto que existe una película coproducida por Brasil, Canadá y Japón, y dirigida por el brasileño Fernando Meireles más conocido por la mítica cinta «Ciudad de Dios», y que lleva el título de «A ciegas» (2008); merece la pena verla, especialmente porque diría que condensa muy bien el libro, sin prácticamente apartarse del mismo.

«Ensayo sobre la ceguera» nos somete a reflexión, pero yo diría que tiene múltiples reflexiones, y en ninguna se deja en buen lugar al ser humano. Por rompedora y porque es difícil quedar indiferente ante su lectura es una novela imprescindible.

La misma tiene una especie de continuación o de alter ego, que es «Ensayo sobre la lucidez», pero ahora mi vida me amenaza afortunadamente con permitirme tener menos tiempo libre y PSM tiene la culpa.

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