EL 19 DE JULIO DE 2024, UN DÍA HISTÓRICO PARA EL RUGBY ESPAÑOL

Los sub 20 superaron a Fiyi y el
año que viene seguirán jugando el 
Mundial de la categoría
Siempre he sido un amante de los deportes y el que me sigue en este blog o me conoce lo sabe, y sobre todo soy practicante diario, no me quedo en el «sillón ball», aunque cuando hay Juegos Olímpicos toca un poco de esto último. A medida que he avanzado en edad me he vuelto más selectivo, tanto por la madurez que uno atesora y que te hace ver los deportes con otra perspectiva, como por el tiempo más escaso del que gozo y ello implica que mi dedicación al visionado de deportes también se especialice.

Igualmente el que me sigue en esta bitácora sabe que probablemente el deporte que más me guste actualmente, y esto sí que ha variado con respecto a hace unos años, es el rugby, pero el rugby a 15; sí porque el rugby a 7 es como el tenis de mesa con respecto al tenis, hay una base común pero las herramientas y el modo de juego varían notablemente.

Puesto a entender por qué es el rugby mi deporte favorito en la actualidad (el 15, el 7 me interesa relativamente) yo apelaría a la honestidad y a la verdad. Creo que el que es de rugby sabe de lo que hablo y el rugby es un deporte del que los seguidores son acérrimos hasta las trancas, uno es de rugby y lo será para siempre. Y es que si abandonas esa idea superficial de que el rugby es un deporte de brutos donde se dan hasta en el carnet de identidad no has entendido nada. A día de hoy es el deporte más noble que hay, se ven escasas marrullerías pese al mucho contacto que hay, apenas hay peleas, los jugadores no simulan golpes ni fingen (en el fútbol ves a alguien que le dan un toquecito en la cara y se tira al suelo revolcándose) e incluso quieren seguir jugando aunque tengan sangre (hay que cambiarlos momentáneamente hasta que restañan la herida), o no llevan nombres a la espalda, solo el número, porque la camiseta es del equipo no es tuya (aunque últimamente por razones comerciales se están poniendo nombres, algo que no me gusta). Y lo más importante, al árbitro no se le protesta y ya está, con solo eso ya podríamos hablar de un deporte en mayúsculas, o simplemente el DEPORTE.

Pues bien, corría el 19 de julio pasado, viernes para ser exactos, un día tonto y veraniego en el que además no trabajaba porque en mi pueblo estábamos de fiestas, y no tenía ningún plan estival hasta bien entrada la tarde por aquello de los rigores climáticos, y sabía que el rugby español tenía por delante dos partidos muy interesantes que la victoria en cualquiera de ellos hubiera sido histórica, pero las dos…

La selección absoluta masculina se enfrentaba a Tonga en aquel remoto país y la sub 20 en su primera participación en el Mundial absoluto de la categoría jugaba para eludir el descenso ante Fiyi y seguir estando entre las doce mejores selecciones de la categoría el año que viene, casi nada al aparato.

Lo de ver a España contra Tonga era un acto de fe porque el partido comenzaba a las 4.30 de la madrugada, así que el plan, que no era ninguno, consistía en que si me despertaba para ir al baño, algo normal, y estaba en la hora, pues lo vería. A las 5.37 me desperté y me conecté para ver la retransmisión del choque en el Teufaiva Stadium de Nukualofa, la capital tongana de unos 23.000 habitantes para una población del país de algo más de 100.000 personas.

Cabe decir, con carácter previo, que España afronta un cambio de ciclo, espero que venturoso, tanto en la presidencia de la Federación que creo que en los últimos años ha gestionado de manera errática este deporte en nuestro país, como en la dirección técnica de la selección, antes en manos de Santi Santos, al que yo calificaría con una nota de aprobado y sé que soy injusto pero es lo que me sale, y ahora en manos del argentino Pablo Bouza, que viene de haber obtenido unos increíbles resultados con la selección de Uruguay.

También es interesante destacar que España afrontaba, creo que por primera vez en la historia unas ventanas de verano en Oceanía o gira por el Pacífico, en Samoa primero y Tonga después. Estas ventanas son partidos amistosos pero el concepto de amistoso en el rugby es bastante relativo, todas las selecciones van con todo o casi todo y los resultados cuentan para el ranking que te da ciertos privilegios. Samoa, Tonga o Fiyi son micropaíses con una larga tradición en el rugby donde prácticamente son los deportes nacionales y abastecen a muchos clubes de todo el mundo e incluso selecciones de todo el mundo. Las tres son habituales de los mundiales absolutos, algo a lo que aspira España desde hace muchísimos años, habiendo podido acceder una sola vez en el lejano Mundial de 1999.

España creo que jamás había ganado ni a Samoa ni a Tonga, y mucho menos a Fiyi, que es históricamente la mejor de estos tres exóticos países. La semana anterior los nuestros ya habían disputado el primer choque en la capital samoana, Apia, el día 13, jugando un partido increíble bajo una lluvia torrencial y en un campo pesadísimo por un esperanzador 34-30, jamás tan cerca de los samoanos en la historia.

Y a las 5.37 el partido iba con un más que ilusionante 8-16 con diez minutos transcurridos de la segunda parte. La retransmisión no era de mucha calidad pero suficiente para ver que el partido se disputaba con sol y un terreno de juego seco, nada que ver con el patatal de la semana anterior. El juego tongano era el habitual que ya he visto en numerosas ocasiones, rapidez y contundencia de la delantera para sacar balón con ventaja y la línea de tres cuartos, alta, fuerte y rápida, que desbordaba por las alas, y así llegó un ensayo que ponía el partido 13-16.

No veía a España con alegría y sí a una Tonga muy crecida y dominadora, en uno de esos embates de su línea de tres cuartos nuestro centro interior Álvar Gimeno robaría un oval en un pase muy ajustado y ensayaba bajo los tres palos. Con la lógica transformación el resultado se iba a 13-23 y unos quince minutos por jugar. Al poco se fue la imagen no sé si porque la errática retransmisión ya había dado de sí o porque coincidió que aquel 19 de julio hubo aquella famosa caída de servidores a nivel mundial y pudo ser la causa. Lo cierto es que ya estuve atento a Twitter y se ve que estuvo bastante movidillo hasta el final pues terminaría con un imperial para España, 20-29, la primera vez que ganábamos a Tonga y encima en su casa.

Pero como digo, las emociones no terminaban ahí y si por sí misma la victoria de la selección absoluta podría ser la mejor noticia del año de nuestra selección y uno de los cinco o diez hitos más importantes de la historia del rugby español, el día 19 de julio apenas acababa de comenzar.

Y es que en otra remota latitud, en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), nuestros chicos del sub 20 disputaban el último partido del Mundial, un playoff para la disputa del puesto 11º-12º, la permanencia o el descenso en juego. El año pasado nuestros chicos se habían ganado el fantástico logro de jugar este Mundial que es todo un lujo, porque aquí no hay veinte selecciones como en el Mundial absoluto sino solo doce y eso para adquirir nivel es fabuloso, porque te enfrentas a rivales que son potentísimos.

De hecho España ya había jugado hasta cuatro partidos y los había perdido todos, lo esperable, pero también con diferencias que para nada eran escandalosas teniendo en cuenta los rivales que había tenido delante. Derrotas por 49-12 contra Francia, 31-10 contra Gales y 45-13 ante Nueva Zelanda. Siendo última de su grupo en la primera eliminatoria por los puestos del 9 al 12, nos enfrentaríamos ante Italia e igualmente caíamos por 22-15.

Pues era la hora del mediodía de ese día, lo repito, un poco tonto, y quería ver si nuestros chavalillos conseguían la machada de derrotar a Fiyi en ese playoff por la permanencia-descenso. A priori yo daba por hecho que estaba imposible y si bien los primeros compases me hicieron dudar, con el avance de la primera parte ya casi vi que estaba complicado que nuestros chicos doblegaran a sus contrincantes oceánicos que se notaba que eran superiores.

Los primeros compases de la primera parte fueron de tanteo y de mucho trabajo de la delantera, aunque sí que es cierto que cuando los fiyianos conseguían sacar el balón a la línea de tres cuartos ya se apreciaba que lo hacían con mucha velocidad y con un físico que desbordaba a los nuestros. Pero la primera media hora al final fue un poco de tanteo mediatizada por unas condiciones climáticas bastante adversas ya que llovía torrencialmente a ratos y el control del oval se hacía dificultoso.

La defensa española aguantó esa media hora y dos zarpazos de sus alas nos dejaban desolados con un 14-0 que se antojaba que había venido tan fácil que todo podía ir a peor. El trabajo de delantera se notaba que era la mejor arma con la que contaban los nuestros, porque se insistía mucho con este juego, y fruto de esa insistencia maquillábamos un poco el resultado yéndonos al descanso con 14-5 abajo.

A los diez minutos de la segunda parte los fiyianos volvían a hacer su mejor jugada con rapidez por las bandas y lograban un nuevo ensayo, esta vez no transformado, 19-5. Así que treinta minutos y a dos ensayos transformados de distancia para el empate tocaba tirar de heroica. Y ahí sí, ahí fue donde yo comencé a disfrutar casi como nunca lo hice en un partido de rugby, porque ya estábamos en otra dimensión, se trataba de apelar a la épica.

Y es que si por algo me gusta el rugby es porque ningún partido es igual a otro, el rugby es como la vida, versátil, pura poesía, es un libro por abrir y nunca sabes de qué va a ir ni qué giros te pueden sorprender. Puede ser de acción, puede ser triste, casi romántico, casi comedia, mucho de drama y definitivamente bélico, pero tan bélico que es arte, porque ya sabemos que esta gente se dan hasta en el carnet de identidad y cuando la contienda termina todos se van a tomar cervezas y tan amigos (y eso sigue ocurriendo hasta en los choques del más alto nivel).

Con esa ventaja en contra nuestra delantera se creció, había que morir con la delantera para las buenas o para las malas; y es que el partido ya no estaba para florituras, era ese día de invierno austral que había puesto el campo pesado, imagino que hacía frío, pero peor que eso es que hacía viento y eso dificultaba mucho las patadas y los golpes de castigo, aparte de que el oval estaba empapado y cualquier pase largo era un riesgo de que a los jugadores se les resbalara de las manos.

Nuestra delantera apuntaló lo que se iba viendo a lo largo del enfrentamiento, que era más fuerte y corajuda que la oceánica, y se antojaba el caldo de cultivo propicio para construir la reacción centrándose en ella. Los fiyianos comenzaban a sufrir nuestro empuje y en unos minutos conseguíamos un ensayo de castigo por las indisciplinas de nuestros rivales.

Ya estábamos a tiro de piedra, a tiro de ensayo transformado, 19-12 abajo, y a unos diez minutos del final tuvimos una acometida de nuestra tres cuartos bien apoyada por la delantera y nuestro ala Burguillos posaba el oval, pero el árbitro lo anulaba. Casi fue mejor porque ese ensayo había sido casi en la línea de banda y la transformación hubiera sido complicada. Volvimos a jugar y nuestro 6 Nicolás Moleti situaba el balón bajo palos a diez minutos del final y transformación hecha. Aparte hay que decir que las indisciplinas fiyianas les habían hecho mella porque tenían un chico con tarjeta amarilla y otro con roja.

Con esos últimos minutos favorables para los españoles por la superioridad numérica y por la fortaleza de su delantera vinieron algunas decisiones que yo no entendí por parte del técnico español Ricardo Martinena y es que tuvimos varias oportunidades de lanzar a palos con posiciones más o menos favorables, pero se optó por mandar el balón a banda para varios touch maul que no conseguimos materializar, y es que los fiyianos estaban también tirando de su épica y sacando fuerzas desde donde parecía que no tenían.

El partido se fue a la prórroga con dos tiempos de diez minutos y punto de oro, es decir, el primero que anotara fuera como fuera se llevaría el choque. Y los españoles partían con esa ventaja del jugador de más, pero les estaba costando mucho trabajo y ya con las fuerzas muy limitadas la contienda había que ganarla casi por huevos, se me perdone la expresión.

Tuvimos varias ocasiones de ensayo pero justo en uno de las pocos acercamientos a nuestro campo de los fiyianos ellos tuvieron la posibilidad de lanzar a palos a algo más de 50 metros pero por fortuna no estuvieron ni cerca.

Y ya todo fue un monólogo de nuestra delantera que ya lo intentaba como una obsesión, qué belleza y qué épica, y qué huevos, y yo que vibraba porque lo que parecía imposible se tornaba real, pero aquello parecía eterno, parecía que jamás iba a llegar. En el minuto 94 una pelota en nuestra línea de 22 nuestro 15 Lucien Richardis lanzó una tremenda patada con maestría que bien hubiera firmado Handre Pollard y que metía el oval con una touch a favor a cinco metros de la línea de ensayo. Y ahí estaba, el ahora o nunca, cansancio, sufrimiento, un nuevo touch maul, con los fiyianos ya muy castigados, y empujaron y empujamos, jamás sentí tanta emoción en el rugby, con dos bien puestos, la delantera se derritió como si fueran lo último que hicieran en la vida, y el maul entró de sobra en la línea de ensayo y nuestro pilier madrileño David Gallego se dejaba caer para posar lindamente el oval en el césped sudafricano.

Y se hizo el milagro cuando parecía imposible y nuestros chicos explotaron de alegría, y seguro que en el Mundial, que a la postre ganaría Inglaterra, los segundos que más se alegraron de un triunfo serían los españoles. Victoria más que merecida y una generación que tiene que perdurar y que nos debe hacer subir en los próximos años.

Los mundiales sub 20 son anuales a diferencia de los absolutos que son cuatrienales, y para nuestra cantera es esencial codearse con las mejores selecciones del mundo, porque sí o sí eso va a a contribuir a elevar nuestro nivel y colocarnos definitivamente entre las primeras quince selecciones del mundo a nivel absoluto.

La Federación española de rugby nos mostraría después en las redes sociales como los grandes, los que hacía unas horas habían ganado a Tonga en otra histórica victoria, vibraban con ese ensayo épico de los niños.

En fin, ambos triunfos ya serían históricos pero la doble bola extra en un día concreto no puede ser una casualidad más genial.

No puedo acabar sin perder de vista que el rugby es uno de los deportes, si no el que más, donde más jugadores nacionalizados compiten, pero no solo en España, donde nos nutrimos fundamentalmente de argentinos y franceses con raíces españolas; en el pasado Mundial de rugby absoluto Francia 2023 hubo un total de 141 jugadores nacionalizados, prácticamente una cuarta parte de los que compitieron. En España en la absoluta y en la sub 20 ocurre, pero no somos excepciones, así que bienvenido sea sobre todo si es para hacer crecer el rugby en nuestro país, así lo veo y así lo deseo, porque este día histórico debe ser la antesala de futuros hitos históricos.

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