"CADÁVER EXQUISITO", DE AGUSTINA BAZTERRICA

Pues no es que sea yo muy aficionado a la lectura de distopías, seguro que he visto más en el cine que en un libro, tal vez porque tiene una deriva parecida a la ciencia ficción y esta, sinceramente, no me gusta mucho, pero me atreví con esta novela que es, además, una reciente recomendación que hizo un chico al que sigo en Twitter, Fernando Bonete, profesor universitario y personaje influyente en las redes por sus acertadas críticas y porque es un espectacular devorador de libros.

Decía de esta novela que había que tener estómago para abordarla y la verdad es que si uno tiene cierta sensibilidad y la cabeza no muy bien amueblada este libro no es recomendable, porque la temática central gira alrededor de un despiadado canibalismo.

La autora, Agustina Bazterrica, es argentina y la acción se sitúa en su país, sobre todo porque los personajes en sus diálogos hablan con dejes propios del español de aquella zona, tan singular, cantarín y tan influido por las hablas de tantos inmigrantes de generaciones pretéritas que configuraron este gran país que es hoy.

Lo bueno de esta distopía es que no nos propone un mundo diferente al de hoy, la gente vive como nosotros, abre la puerta de sus casas y ve más o menos lo mismo que veríamos nosotros, pero con una terrible particularidad. Hace como unos veinticinco años atrás se declaró una pandemia, un virus que infectó a todos los animales, excepto al ser humano, un virus que mata a las personas aunque solo sea por el mero contacto con ellos, y la decisión unánime de las autoridades mundiales fue exterminar a todos los animales, como consecuencia de ello el único acceso a carne es la propia carne humana.

Está escrito el relato, curiosamente, antes de la pandemia del COVID-19 y rezuma un aire premonitorio, nada extraordinario porque la literatura de escenarios apocalípticos es variada y de todos los colores. Lo cierto es que con el COVID se divulgaron numerosas teorías conspiranoicas que yo nunca compré, aunque sí que es verdad que a mí siempre me ha inquietado tanto el origen de la enfermedad, un tanto incierto, como lo selectivo de sus resultados, diezmando con mayor virulencia a la gente más anciana o más enferma, como una manera, obviamente, de reducir la población mundial que algunos opinan que ya es excesiva aunque hay otros que no están de acuerdo en esa apreciación como los antimalthusianistas o antineomalthusianistas.

En «Cadáver exquisito» la solución a la necesidad de carne y paralelamente la reducción de población es precisamente comer carne humana, pero además de forma legal. El libro nos habla de una especie de «Transición» en la que lo que en el pasado eran mataderos ahora se han adaptado para que los animales que antes se mataban ahora sean humanos. Las autoridades se han esforzado por dotarse de un lenguaje suavizado para no decir lo que en realidad es, o sea, toda una suerte de eufemismos, circunloquios, rodeos, metáforas, perífrasis… que tratan de infundir en la población la normalidad de comerte al vecino.

No es exactamente que te comas al vecino, en realidad, el mundo se ha dividido en dos: los que comen carne humano y los que son comidos; en esa transición las grandes compañías han comenzado a generar su propio ganado, animalizando de algún modo a seres humanos, quitándolos del mundo, marcándolos, eliminándoles las cuerdas vocales, alimentados y criados desde bebés, sin estímulos exteriores, con objeto de ser un suculento manjar para los estómagos más exigentes. De hecho, en el momento en que se sitúa la acción ya hay humanos que han nacido en cautividad, son reses, cabezas (de ganado), que evidentemente para que maduren, o sea, para que lleguen a ser adultos tienen que pasar años y eso tiene un coste, con lo que el acceso a un «objeto» de estas características es un lujo muy bien pagado, son los denominados PGP, Primera Generación Pura.

Marcos Tejo trabaja en un frigorífico, un matadero en realidad, ahí llegan esas reses para sacarles todo el provecho: carne, sangre, vísceras, pelo, piel para curtidores…, todo un depravado, aunque socialmente aceptado, aprovechamiento de tu semejante. Pero Marcos Tejo parece ser un tipo íntegro, su trabajo es ejecutivo, de gestión, y detesta comer carne humana, visita con cariño a su viejo padre que está en una residencia, el cual ya ha perdido el sino y del que recuerda con nostalgia cuando de pequeño le llevaba con habitualidad al zoológico de su ciudad. Tiene una mujer que lleva un tiempo viviendo con su suegra, iban a tener un bebé y este murió en el parto, esto les ha dejado tocados seriamente a ambos.

Como ejecutivo brillante y sagaz alguien le ofrece el mejor regalos que se puede recibir en estos tiempos, un espécimen hembra de Primera Generación Pura, certificada, bien criada, de apenas veinte años, dispuesta para poder seguir siendo criada o servir de alimento a Marcos. Pero Marcos es sensible y ve en la joven más que un alimento a un ser indefenso del que poco a poco comienza a encariñarse, tanto que ocurre lo inevitable, y además lo que está prohibido, que un humano no puede cohabitar con ese ser teóricamente inferior, aunque él buscará casi como fin último que la chica procree y ocurrirá.

Marcos se nos revela, teóricamente, como un ser distinto a los demás. Acude de vez en cuando al zoológico, ahora en ruinas, al que iba cuando era pequeño, allí encontrará a unos cachorros de perro, no deberían existir pero hay animales que consiguieron sobrevivir, y él los acaricia, él no teme, él es de ese grupo de personas que piensan que aquello del virus fue una patraña de todas las naciones para limitar la sobrepoblación y que lo del contagio es infundado.

Su cruzada ya no tiene vuelta atrás, es un tipo de principios, y no nos aventuremos a pensar que también de finales, lo que sí es cierto es que en ese recorrido tan vital como atroz por un mundo que trata de ser normal y que es evidentemente distópico y postapocalíptico, asistiremos a la depravación humana más absoluta: gente pobre (todavía la hay) que es carroñera y se come despojos, toda una gastronomía delicada y que se ha especializado en platos con partes del cuerpo humano, humanos que son sometidos a cacerías humanas, u otros que se inmolan por razones religiosas para servir de alimento a los demás.

Es una fábula claramente imposible pero diría que no irreal, como anécdota puedo decir que hace años un chico de mi pueblo me comentó que estuvo trabajando en Angola hace unos quince años, y el acceso a la carne era poco menos que un milagro, de tal manera que había un reducido número de establecimientos especializados donde se podía comprar carne, dicen, comentaban, que podía ser carne humana, él llegó a probarla sin pensar demasiado para no martirizarse y que aquel sabor le pareció el más raro que había llegado a probar jamás.

Lo cierto es que el libro es una impresionante metáfora que obliga a una profunda reflexión, nos deja muchos mensajes y toques de atención; yo diría que uno muy directo y es que nos comemos a los animales por una cuestión cultural, si conviviéramos más con ellos no lo tendríamos tan socialmente aceptado (tienen sus sentimientos, sufren...) y todo para saciar a una sociedad fuertemente dependiente de la carne, una carne que reduciéndola nos aseguraría no sólo más calidad de vida sino una mayor longevidad y en mejores condiciones; y por otra parte, si el mundo que nos propone el libro llegara a ser real me pregunto qué diferencia habría con el de hoy, es verdad que no nos comemos los unos a los otros, pero nos matamos y no nos asusta que haya guerras desde que el mundo es mundo, que un vecino mate a otro, que un esposo mate a su mujer, no somos caníbales, pero somos depredadores, somos más animales que muchos de los que nos comemos.

Y el final, el final es brutal, todo el libro es una maravilla que te engancha, no necesariamente te tiene que gustar el género distópico, has de tomarlo como una visión del mundo frenética en la que el desenlace te golpea.

Una novela adictiva para tiempos que siempre tienden a la zozobra, global y personal, al que el diseño de la portada realmente no le hace ningún favor.

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