"NABUCCO", DE GIUSEPPE VERDI

Es curioso pero, poco antes a aficionarme a las óperas de verdad, esta la representaron en Linares, en el Teatro Cervantes, y se vendió todo (en Linares se vende todo y me congratulo por ello), llegué tarde, porque es que ya tenía el plan de ver representaciones de todo tipo y esta sonaba tan importante que se me antojaba idónea para debutar en mi nueva afición.

Pues eso, al final no la pude ver y recuerdo que amigas mías estaban muy orgullosas de haber conseguido sus localidades y haber sido más previsoras que yo, me dio cierta envidia. Para colmo yo seguí en mi plan, como si fuese realmente a verla, y el día anterior a su puesta en escena vino a Linares el periodista musical Martín Llade, a la sazón más conocido por las chispeantes locuciones que hace en TVE con ocasión del Concierto de Año Nuevo, del que lleva ya unos años siendo su conductor, amén de que también dirige programas en RNE sobre música clásica; música clásica que yo creo que está más en boga que nunca. Y vino para dar una conferencia de Verdi, que tenía casi como punto gravitatorio este Nabucco, no sé si su ópera de más calidad, pero desde luego la más conocida o icónica.

Estaba haciendo yo el Camino de Santiago entre octubre y noviembre del año pasado, y del que di cumplida cuenta en mi bitácora la pasada semana, cuando en una de esas tarde de descanso en albergues descubrí que la iban a representar en Jaén el 30 de noviembre y además con el mismo elenco de cantantes líricos que en Linares, incluida la jienense, porque agrupa músicos de toda la provincia, Hesperian Symphony Orchestra con el linarense Antonio Ariza al frente. Compré mi entrada haciendo el Camino.

Tengo que reseñar, por el bagaje que voy teniendo en el visionado de óperas, que las representaciones líricas necesitan algo de contexto, es decir, si vas a la ópera sin haber leído antes de qué va, puedes tener ciertas lagunas que luego has de rellenar. Me pasó con esta de algún modo y luego llegué a la conclusión de por qué puede ser normal que esto ocurra, dado que se trata de un teatro cantado, dicho así de una forma muy burda, el lenguaje utilizado es notablemente poético y requiere de cierta interpretación, interpretación que cuesta inferir en vivo.

Voy a adelantar que me gustó menos de lo que esperaba, tal vez la temática histórica no me llenaba y, por otra parte, aparte de buscar que te cuenten una historia, esperas que la música también te llegue, y por qué no negarlo que escuches música reconocible. Esto último no es nada desdeñable y para alguien de Linares, si se junta Nabucco y Semana Santa, la gente que pinta canas como yo ya sabe que la ecuación se resuelve con banda de cabecera de la Expiración, pues tocan históricamente el «Va pensiero» casi como su tema estrella; como lo es la Marcha Triunfal, también de Verdi, pero en este caso de la ópera Aida, intepretada por la banda de cabecera del Nazareno.

Lo cierto es que en esta ópera el «Va pensiero» es el tema más reconocible y no demasiados más, lo cual me sorprendió, y eso puede decir dos cosas, que yo lleve razón o que mi memoria musical operística es muy corta, me inclino por esta última hipótesis, aunque eso no me alienta, porque efectivamente la música no me llegó tanto como en otras ocasiones.

El contexto de esta ópera aquí se necesitaba porque se remonta a la Antigüedad, es más se extrae la historia de un pasaje de la Biblia y va acerca de cómo los babilonios esclavizan a los judíos, así muy someramente, en concreto la conquista de Jerusalén protagonizada por el rey babilonio Nabucodonosor (Nabucco) y el posterior cautiverio del pueblo judío. La obra entrelaza el conflicto político y religioso con un complejo drama familiar marcado por la ambición, la traición y la redención.

El motor del drama es la rivalidad entre las dos hijas de Nabucco: Abigaille, la primogénita (quien descubre con horror que es hija de esclavos), y Fenena, la hija legítima. Ambas están enamoradas de Ismaele, sobrino del rey de Jerusalén. Mientras Fenena se convierte al judaísmo por amor y para liberar a los prisioneros, Abigaille conspira para usurpar el trono, aprovechando una supuesta muerte de su padre en batalla para hacerse con la corona de Babilonia.

El clímax de la soberbia ocurre cuando Nabucco, tras autoproclamarse no solo rey sino «Dios», al más puro estilo Trump, es alcanzado por un rayo divino que lo deja en un estado de locura transitoria. Abigaille aprovecha su vulnerabilidad para arrebatarle el poder y condenar a muerte a todos los judíos, incluyendo a su propia hermana Fenena. Es en este contexto de opresión donde surge el célebre coro «Va, pensiero», el canto de los esclavos hebreos que anhelan su patria perdida.

Desde su celda, un Nabucco humillado recupera la razón y reconoce la soberanía de Jehová, el Dios de los judíos. En un acto de arrepentimiento, logra liberarse y detener la ejecución de Fenena y el pueblo hebreo justo a tiempo. El rey proclama la libertad de los oprimidos, marcando su conversión y la restauración del orden moral en el reino.

La ópera concluye con el suicidio de Abigaille, quien ingiere veneno al verse derrotada y pide perdón a su hermana y a Jehová antes de morir. Más allá de su argumento, Nabucco se convirtió en un símbolo del Risorgimento italiano, donde el público de la época identificó el anhelo de libertad de los judíos con su propia lucha contra la ocupación austríaca.

Este último dato lo desconocía y es más que relevante, para los italianos el «Va pensiero» es su himno oficioso, algo que me descubrió el referido Martín Llade, así que la ópera tiene un marcado componente simbólico y patriótico para todos los italianos.

Por cierto que lo de llamar Nabucco a la ópera, acortando el nombre original del rey babilonio no es cuestión gratuita, no es simplemente llamar Nabucco para los amigos como el que llama Chema a un José María; en la ópera, el libreto debe seguir una métrica poética muy estricta para encajar con la música y Nabucodonosor era una palabra larguísima de seis sílabas (Na-bu-co-do-no-sor), así que meter un nombre tan denso en una frase musical rápida o en un momento de gran tensión dramática era un desafío técnico para el compositor y un riesgo de asfixia para los cantantes, así que Nabucco, con la mitad de sílabas era mucho más percusivo, directo y fácil de cantar.

Por concluir y sin ánimo de ser excesivamente pretencioso, Nabucco tiene más nombre que argumento y que música, aun así, no seré el que niegue que ha de ser una de las diez óperas más famosas de la historia.

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