"¿Y AHORA QUÉ? EL FUTURO SEGÚN BILL GATES. LO QUE NOS VIENE ANALIZADO POR UN VISIONARIO

Hace un par de meses escribí acerca de la serie de Netflix «Somos lo que comemos: Un experimento con gemelos»; habitualmente hago enlaces a la publicación desde X (antiguo Twitter) y desde Facebook (la red social de los carrozas). No suelo recibir muchos comentarios y tampoco lo hago obligando a la gente a que me lea, es más bien un por si acaso, es decir, que si crees que te puede gustar léelo y ya si te apetece comentar o preguntar hazlo con toda libertad; pues esta vez mi amigo y antiguo compañero de piso en Granada en el período Cuaternario, jajaja, Jesús Fernández Bujalance me señalaba que no se fiaba mucho de las producciones semicientíficas de los estadounidenses a lo que le respondí que sin faltarle verdad en dicha serie sí que había un trasfondo científico nada desdeñable.

Me planteé cierto dilema al respecto de esta breve conversación con mi amigo, dado que no sólo es esta una serie estadounidense que aborda en cierta forma temas científicos, sino porque a medida que la vas visionando observas que es una producción que ensalza la figura de Bill Gates y le da bastante autobombo, y sinceramente no está mal, más allá de ese mirarse el ombligo y de atribuirse el honor de que qué bien lo estoy haciendo, es una serie que nos llama mucho a la reflexión acerca de magnitudes plenamente en boga y que nos están asaltando cada día.

El primer episodio es un monográfico de la IA (dicen los jóvenes que hay que usar esta composición con las siglas, de lo contrario denota que ya estás entradito en años, así que IA, no se hable más), que lo mires por donde lo mires es el fenómeno tecnológico más relevante del último lustro y que, sin entrar en demasiado detalle con los miedos implícitos de que el poder de las máquinas puede suplantar a la humanidad, creo que va a ayudar enorme y progresivamente a superar muchísimos retos sociales, sanitarios, legales, culturales e históricos. La IA ha venido para proporcionarnos bienestar y hacer un mundo más justo, yo lo veo así, soy muy optimista.

Hace unos meses asistí a una conferencia en Linares que daba el granadino Omar Hatamleh (uno de los principales asesores en IA de la NASA) que trataba concretamente sobre los nuevos retos que nos iba a deparar la IA. Hatamleh habló sobre cómo la IA no es solo una herramienta, sino una «electricidad» que va a cambiar todos los sectores y la manera de concebir nuestra vida. Toda una revolución jamás imaginada que no es lineal sino exponencial, los cambios en diferentes ámbitos que antes se gestaban en años, en décadas, ahora pueden ocurrir en meses, cómo se van a adaptar los trabajos, cómo nos va a ayudar a salvar vidas gracias a la potencia en los cálculos de ensayos clínicos, o lo que me pareció sorprendente, que puede mediar en conflictos bélicos con un enfoque igualitario y para satisfacción de todos.

Pero vuelvo a la serie, en «¿Y ahora qué? El futuro según Bill Gates», el famoso icono de la informática se sube al púlpito de su experiencia y va abordando temas cruciales; en ese primer episodio de la IA la presentación que nos hace es igual de alucinante que la que hizo Hatamleh, más allá de los eventuales problemas de seguridad, hemos de aprovechar el potencial que tenemos en nuestras manos para nuestro bien. La IA no tiene vuelta atrás y pensar en que nos condicionará negativamente es un craso error, es ella misma, bien entrenada la que debe solucionar los problemas que genere.

El segundo capítulo va sobre los bulos, los deepfakes y la verdad. Es cierto que cada vez encontramos mayores dificultades para distinguir lo real de lo generado por computadora, lo cual es un desafío para la democracia y la confianza social, pero para eso, y conectando con la IA, hemos de entrenar a las máquinas para que nos ayuden a solventar este gran problema.

A medida que vamos avanzando en la serie, en la que las opiniones de Bill Gates se entrelazan con entrevistas a expertos de los temas que se abordan, o directamente Gates dialoga con ellos, también percibimos que, en ese entorno del autobombo, el propietario de Microsoft nos va mostrando qué está haciendo él desde su ámbito para solucionar problemas y para intentar conseguir que este mundo sea más justo.

Todos los episodios, que como he dicho abordan diferentes temáticas, son muy interesantes pero probablemente el que más me haya llamado la atención es el tercero que analiza los desafíos del calentamiento global y el cambio climático. Se muestran diferentes estrategias para revertir este fenómeno que amenaza con la extinción del mundo a un ritmo acelerado, ocasionado por nuestra dependencia de los combustibles fósiles y la imposibilidad manifiesta de solucionarlo a corto y medio plazo. Nosotros no veremos esa extinción con nuestros ojos pero menudo futuro le estamos dejando a nuestras generaciones venideras como no se actúe de forma holística, todos los países y todos los ámbitos.

Las estrategias para darle la vuelta a una situación tan crítica pasan por una concienciación universal que ahora mismo no tiene cauces de consenso, entre otros Trump pasa de cambio climático y mientras tanto los chinos con una economía de mercado desaforada contaminan todo lo que pueden y más. Pero Gates no se arredra, trabaja por que se pueda minimizar el impacto de todas estas políticas tan perjudiciales, él sabe que ahora mismo son gestos de cara a la galería y por eso está apostando en la investigación de energías limpias, baratas y eficientes, así como en otras industrias que tratan de captar el CO2 y devolverlo inyectado en la corteza terrestre o como un subproducto beneficioso para el medio ambiente.

En lo que respecta al cuarto capítulo este probablemente sea el más personal de todos, no en vano es una serie donde el dinero de Gates está detrás, también con toda seguridad la más presuntuosa por así decirlo. A Gates le sobra el dinero, o más estrictamente le sobra todo el dinero, por muchas exquisiteces, por muchos lujos y por muchas fantasías que uno tenga, al final la vida tiende a ser una normalidad y una cotidianidad para la inmensa mayoría de los seres humanos; o sea, que cubiertas de sobra todas sus necesidades, Bill Gates invita a todos los multimillonarios a iniciar proyectos altruistas que devuelvan a la sociedad todos esos beneficios que es imposible que él y todos esos ricos puedan gastar en muchas vidas, y qué mejor forma de hacerlo que invirtiendo en posibles soluciones para tantos males que aquejan a la sociedad global. Además este episodio entronca con alguno de los males de la sociedad estadounidense y por extensión la occidental, como es las enormes diferencias entre clases sociales, las políticas del subvencionismo, de tal forma que él se propone ser más ágil y directo que las administraciones públicas en las que esa celeridad brilla por su ausencia eludiendo además la excesiva y rígida burocracia que abunda en todos estos sistemas.

Por último, el episodio final se centra en otro de los grandes focos de interés de Bill Gates, podríamos decir que, en general, trata sobre cómo combatir enfermedades que causan miles de muertes en el mundo cada año, pero en particular se centra sobre la malaria, uno de los campos donde él está invirtiendo más. Es triste pensar que sólo porque en el mundo occidental esta enfermedad está prácticamente erradicada no se investiga más, si esa enfermedad estuviera en los países ricos probablemente ya no existiría como tantas otras que hace décadas diezmaban países allá por donde se expandían. Hoy los proyectos de Gates en África son apasionantes, la mortandad es enorme causada por los mosquitos y una de sus líneas de investigación pasa por modificar genéticamente a esos insectos a través de la técnica CRISPR haciéndolos resistentes a la enfermedad y que su prole ya no tenga el gen o simplemente que sean infértiles.

Ya digo que, en general, la serie no está exenta del protagonismo de Bill Gates, pero siempre me pareció un tipo muy centrado, buena gente, nada sobrado ni nada soberbio para lo que su fortuna le podría haber forzado a cambiar; aborda estos temas con enorme sensatez y ante todo es una serie que abre muchas líneas de debate y es un interesante documento que invita a la reflexión.

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