sábado, 24 de enero de 2015

"LOS ENGAÑOS DE LA MENTE", DE STEPHEN L. MACKNICK Y SUSANA MARTÍNEZ-CONDE

Este libro que acabo de leer es, sin duda, uno de los más densos e interesantes que he tenido en mis manos en los últimos años. Su lectura, con constante referencia a otros libros y sobre todo a diversas páginas web, hacen que tengas que pararte de vez en cuando para hacer una indagación que complete adecuadamente lo que los autores nos quieren transmitir.

Quizá lo adquirí porque presagiaba la revelación de trucos de magia, pero es en realidad algo más. Siempre me ha apasionado mucho la magia y, de hecho, sé algunos números, nada del otro mundo, pero sí para entretener durante algún ratillo a un grupo de niños, aunque soy muy malo porque no cumplo los principios de un mago, como es el de no repetir el truco más de una vez o no revelarlo, y yo paso la raya constantemente, es decir, soy un mago de pacotilla. Para ser un buen mago hace falta mucha práctica y en esta vida ya no me da tiempo, tal vez en otra me propondré empezar de pequeño y ser constante.

El concepto casi principal del libro se centra en que nuestra mente es más limitada y compleja a la vez de lo que nos pensamos, y en esos «fallos del sistema» es donde los magos meten el dedo en la llaga para aprovecharse de nuestras limitaciones y nuestros automatismos y engañarnos siempre.

En realidad este proyecto de Macknick y Martínez-Conde ha buscado encontrar la explicación científica a las siete grandes categorías, según ellos, en los trucos de magia: 1. Aparición. 2. Desaparición. 3. Transposición. 4. Restitución. 5. Transformación. 6. Telequinesia. 7. Hazañas mentales o físicas extraordinarias y capacidades extrasensoriales. En realidad, la práctica, la experiencia acumulada de muchos siglos y la transmisión de ese conocimiento han permitido que la magia sea un espectáculo de entretenimiento que cautiva a grandes y chicos casi desde que el mundo es mundo hasta hoy día; pero todo ese conocimiento surgió de forma espontánea, después se transmitió y cuando se pudo se dejó reflejado en libros. Los trucos nacían al descubrirse de forma casual esas limitaciones de nuestra mente. Ahora estos neurocientíficos nos descubren qué mecanismos neurológicos son los que salen a escena en cada truco.

Como digo, el libro es muy denso y tratar de cada uno de sus capítulos sería un ejercicio caótico que tampoco tiene sentido en esta humilde reseña, pero hay un montón de explicaciones curiosas que se pueden extraer de su lectura y que nos sorprenderían. Para empezar, hay que decir que nuestra visión es muy pobre, excepto en el centro exacto de nuestra mirada, a decir verdad la resolución que tenemos en el ojo no es mucho mejor que la de cualquier cámara inserta en nuestro teléfono móvil, de eso sacan tajada los magos, que saben que nuestro cerebro trata de completar lo que hay en nuestro entorno y no vemos suficientemente bien. Tenemos, como si dijéramos, zonas enormes de píxeles muertos, si enfocamos a un sitio estaremos desenfocando el resto, también hay momentos aleatorios en los que no captamos las imágenes; no obstante, nuestro cerebro es de tal complejidad que rellena la información que falta a costa incluso de autoengañarnos para que podamos verlo todo: las cosas no «aparecen y desaparecen» de repente, si algo tiene aspecto de cara probablemente sea de una persona, si un perro se esconde en unos matorrales y sólo le vemos la cabeza supondremos como es el resto del cuerpo y que efectivamente tendrá cuatro patas, si algo se mueve continuará en movimiento… Por cierto, quizá nos hayamos cuestionado alguna vez si cuando miramos estamos viendo nuestra propia nariz, en realidad es así, pero el cerebro la ha ocultado desde que nacimos porque su enfoque es irrelevante.

Hay un ejemplo muy claro al que asistimos cada día y en el que nuestro cerebro nos engaña o adapta nuestra percepción, cuando vemos una película extranjera doblada, si nos fijáramos bien nos daríamos cuenta de que los personajes están pronunciando algo diferente a lo que oímos, pero nuestro cerebro acomoda esa sensación y aun contando con las virtudes profesionales de los dobladores, todo es efecto de nuestra imaginación, que hace que realmente escuchemos cómo salen las voces de las bocas de un montón de actores y actrices foráneos en un perfecto español. Es, de algún modo, el mismo efecto que persiguen los ventrílocuos cuando hacen que sus muñecos hablen.

Otro de los curiosos enigmas que nos desvelan los autores de este trabajo es el de la atención – multitarea. Tal vez hayamos pensado en alguna ocasión si podemos hacer dos o más tareas al mismo tiempo, es posible que respondamos afirmativamente, pero no es cierto, se trata de un mito, en cuanto alguna de las tareas tiene cierta complejidad ya estamos desatendiendo la menos importante. Esto entronca con algo que a lo mejor nos ha ocurrido en alguna ocasión, vamos con nuestro coche por la ciudad y llegamos a un cruce, vemos pasar a coches y más coches, y cuando aceleramos para incorporarnos aparece de no se sabe dónde un ciclista o alguien con una moto, y pegamos un frenazo y a veces hemos tenido que decir esa palmaria frase «de verdad que no te he visto»; y no habremos mentido, porque nuestra mente está tan centrada en ver coches que hace desaparecer a motociclistas o viandantes, por eso hay que prestar mucha atención, doblemente, hemos de pensar en grandes volúmenes y en pequeños volúmenes, a veces no es fácil, porque ocurren accidentes todos los días por este error en nuestro sistema.

También medran los magos en nuestros recuerdos, sabedores que nuestros recuerdos son muy volubles, sorprendentemente volubles. No nos extrañe que alguna vez estemos en una reunión y que alguien que ha vivido con nosotros la misma experiencia, parece como si proporcionara datos o elementos que no han ocurrido, como si se estuviera inventando, y el cerebro funciona como una cita de casete en la que vamos grabando una y otra vez el mismo recuerdo encima de la última grabación, con lo que cada vez utilizamos el andamio del recuerdo que tenemos pero vamos perdiendo detalles o le vamos añadiendo aditivos que alteran la verdadera realidad, o directamente construyen una enorme mentira.

El libro es muy ameno, porque cualquier fundamentación científica viene avalada con algún truco de magia, explicado (aunque de la explicación a la práctica media un abismo, porque hace falta mucha práctica y habilidad), y que cuenta con la colaboración de prestigiosos magos, por cierto, que cuando hablo y hablan ellos de magos, en realidad, se refieren al masculino, porque, y ellos tienen su teoría, hay muy pocas magas en el mundo. Como además, los trucos de magia y sus actores están preñados de humor, pues se pasa un rato muy agradable y divertido. Por cierto, que el humor en los espectáculos de magia no es un asunto baladí, ellos saben cómo utilizar el chiste en el momento justo para desviar nuestra atención. Y es que en la magia nada es improvisación, todo se planifica al milímetro, un traje con brillos, una chaqueta negra, unos zapatos estrambóticos, un movimiento de brazo inusual, unos chistes malos...

También nos ofrecen algunas estrategias para aumentar nuestra memoria, los magos usan métodos mnemotécnicos, por ejemplo, para memorizar la posición exacta de las cartas en una baraja; si nosotros pudiéramos entrenar estas técnicas con algún experto nuestra vida sería mucho más fácil y eficiente.

Como colofón a este estudio, esta pareja quiso poner en práctica lo que durante varios meses habían estudiado y se atrevieron a crear su propio número de magia para obtener el beneplácito de la estadounidense Academia de Artes Mágicas, adonde sólo acceden los mejores y en donde muchos se quedan a las puertas. Tenían dudas de cómo iba a resultar su espectáculo pero al final todo fue muy bien y el jurado, expertos magos, le dio su aprobación: ¡eran magos!, aunque por supuesto ellos no van a dejar su labor científica en el Instituto Neurológico Barrow de Phoenix en Arizona.

Por cierto, que nuestros neurocientíficos terminan este apasionante recorrido, planteándose si la magia desaparecerá algún día, a fuerza de desvelar los trucos. Hoy por hoy, se pueden encontrar en Internet miles de vídeos con trucos revelados, así como un montón de libros que nos permitirían a base de práctica amenizar las fiestas familiares; por cierto, que la base de la mayoría de los trucos no ha avanzado prácticamente desde el siglo XIX y todos los que conocemos hoy son secuelas de aquellos. Ellos entienden que un mayor conocimiento de las estrategias utilizadas por los magos, no hace sino sorprendernos más, porque una cosa es la teoría y otra una diestra práctica por parte de los magos de turno que siempre encontrarán un factor más para hacer que nuestros ojos se salgan de sus órbitas, y es que ellos lo han comprobado, hay magos que le han revelado su truco, pero por más que se lo repiten nunca lo pillan.

Se atreven también estos autores a sacar algunas conclusiones prácticas para nuestro día a día, una manera de domesticar nuestras mentes que van por libre y que operan, como un computador, aunque nosotros no seamos conscientes ni hayamos dirigido eso, de forma resumida estas serían las reglas a seguir, sería algo así como aprovechar lo bueno de la magia para llevarla a casa: 1. Centrémonos en una sola cosa. 2. Dejar constancia de cualquier información o conversación importante inmediatamente después de que se produzca. 3. Si cometemos errores, dejémoslos a un lado, y sigamos avanzando. 4. Mucha gente trata de engañarnos diciéndonos exactamente lo que queremos oír, cortocircuitemos esto. 5. Si el mago juega con el humor, el ser asertivos en nuestras relaciones personales o alimentar nuestro encanto puede hacerlo todo más fácil. 6. Delante de una persona a la que no le quieres revelar un secreto, no pienses en eso porque cualquier gesto te puede delatar. 7. Para tomar una decisión no hay que dejarse llevar por la primera impresión, hay que elaborar una lista con todos los detalles que hayan de influir en la resolución de la misma.

En fin, un encanto de libro del que siempre guardaré un gratísimo recuerdo y yo recomiendo a la gente si no leerlo, por lo menos que visite su página web, bastará con teclear en un buscador sus apellidos.

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