sábado, 19 de noviembre de 2016

EL KORFBAL UN DEPORTE-JUEGO HOLANDÉS... Y CATALÁN

¿Korfbal? Korfbal. Dudo que haya mucha gente que conozca este deporte, en España y en el mundo, salvo algunos países, muy pocos, donde se practica con cierto interés... y, sin embargo, se mueve.

Sí, porque el korfbal, escrito así con una «l» puesto que es una palabra de origen neerlandés y que significa algo así como baloncesto, es un deporte-juego que curiosamente ya se practicaba en España hace varias décadas, y yo tuve oportunidad de ver alguna que otra competición escolar en la tele cuando era niño, retransmitida por aquellos míticos programas de TVE «Camino del récord» o «Torneo», de los que alguna vez intentaré hablar en esta bitácora.

Una doble noticia ha supuesto la reciente celebración del Europeo de este deporte en la cuna de esta disciplina, en Holanda, y concretamente en Dordrecht, porque por un lado, la selección holandesa ha conseguido enlazar cien victorias consecutivas internacionales en partidos oficiales (y de hecho yo pude conocer la noticia en las Redes dado que coincidía con otro logro centenario, el del número de partidos consecutivos ganados por el F.C. Barcelona en la Liga Asobal), y por otra, porque Cataluña ocupó el tercer puesto de la clasificación final.

Me interesa más la primera noticia que la segunda para dar pie a esta entrada, aunque también haré mención a la otra. El fantástico logro de Holanda en el korfbal implica un dominio absolutísimo, porque de sus ciento treinta y un partidos celebrados a lo largo de la historia, solo perdió uno en 1991 ante la otra potencia de este deporte, Bélgica, y ya está, es decir, que a partir de esa fecha ya lejana, los holandeses han encadenado una racha victoriosa de cien triunfos y, por supuesto, abierta.

El korfbal es un deporte que por su configuración y reglas está bastante asociado a la escuela, al deporte escolar, porque aun siendo un deporte es sobre todo un juego, un juego con balón de los muchos que se pueden practicar en el cole.

Creado por el maestro holandés Nico Broekhuysen a principios del siglo XX, este popularizó un juego que tenía semejanza con algo parecido que se practicaba en Suecia, pero él se encargó de estandarizarlo y darle unas reglas.

Curiosamente el korfbal entró a España por Marbella a finales de los 60 y en los años 70 se extendió la práctica a Madrid y otros lugares de España, a mí me suena, no me hagan mucho caso, que aquel partido que yo vi en la tele cuando era niño, vía «Camino del récord» o «Torneo» con aquel mítico y olvidado Daniel Vindel, lo disputaban equipos madrileños.

El korfbal es un deporte mixto, y es la regla más importante a cumplir, es decir, que si visionan partidos en Internet los equipos están compuestos paritariamente por chicos y chicas, y eso es un punto a favor de su práctica escolar, como lo es el hecho de que se pueda utilizar cualquier pista deportiva normal que tenga las dimensiones de los deportes de sala (40 x 20), que se vale del círculo de la zona de baloncesto para colocar en medio una cesta sin tablero (es la principal diferencia visual con respecto al baloncesto), anclada sobre una base en el suelo.

La cesta está a 3,50 m. del suelo, a más altura que en el baloncesto, para eliminar la posibilidad de colgarse y el diámetro de la cesta es más pequeño porque también la pelota es más pequeña, en realidad, se utiliza un balón de fútbol.

Es igualmente un deporte de escaso contacto físico, y de haberlo, este es sancionado por los árbitros, es por ello que es una actividad que conecta muy bien con la aprehensión de ideales óptimos en el deporte.

Otra de las características significativas de esta disciplina es que el poseedor del balón no puede correr, debe estar parado, un pie de apoyo inmóvil y el otro se le permite moverlo, siendo los otros jugadores los que pueden correr, desmarcándose para coger el balón; es, por tanto, dinámico para los no poseedores y estático para el poseedor.

Son equipos de ocho jugadores, cuatro hombres y cuatro mujeres más dos reservas, y en cada pista están las mitades de cada equipo, dos chicos y dos chicas, que defienden o atacan respectivamente; esos roles los mantienen hasta que un equipo hace dos tantos, entonces cambian de rol, los que han sido defensas pasan a ser atacantes y a la inversa. Y eso sí, las defensas son individuales y solo se puede defender a una persona del mismo sexo.

El que mete canasta obtiene un punto, el lanzamiento se hace a pie quieto o en suspensión, echándose hacia atrás o cuando el defensor está más lejos de la distancia del brazo del lanzador y, por tanto, técnicamente no existen tapones, el balón solo se puede interceptar con el brazo arriba del defensor si se trata de un pase; estos aspectos fundamentales lo separan bastante del baloncesto. De hecho, el rebote no es más que un palmeo, el jugador no puede rebotear y quedarse con el balón, con el palmeo debe intentar dirigir la pelota a un compañero. Y las defensas no pueden ser laterales, tienen que ser cara a cara, casi mirándose.

La contravención de todas estas reglas generan diferentes tipos de sanciones en función de su gravedad: falta, falta libre o penalti; no obstante, no las voy a referir porque sería algo largo y tedioso hacerlo.

Un partido dura sesenta minutos dividido en dos tiempos de media hora y con un descanso aproximado de diez minutos.

En definitiva, estamos ante un deporte-juego que, por lo referido, su práctica ausencia de contacto, la facilidad y accesibilidad para su práctica, su espíritu mixto, con reglas muy sencillitas, se convierte en una disciplina que encaja bien en lo que se podría denominar deporte escolar.

La realidad no puede ser más triste para los holandeses, esperanzados en que este deporte tan suyo que, permítaseme la analogía, sería algo tan específico como los toros en España, no encuentran competidores mejores para hacer sus logros más sonados. Porque no lo olvidemos, un deportista es bueno porque sus competidores se lo ponen difícil. De hecho, yo me río muchas veces de los grandes genios del balón (los Messi, Cristiano y demás) que en su propia vanagloria a veces, muy ufanos ellos, ridiculizan a algunos contrarios; sin caer en que estos son imprescindibles para el encumbramiento de los otros.

El dominio de Holanda es tan tristemente abrumador para ellos que en este Europeo celebrado en octubre de 2016 venció en la final a Bélgica por 27 a 14, igualando la peor derrota belga en la historia oficial de este deporte.

Pero no hay visos de solución, aunque como ya he referido, es un deporte con cierta antigüedad, que se remonta a los inicios del siglo XX, y que fue incluido como deporte de demostración en los Juegos Olímpicos de Amberes 1920 y Amsterdam 1928, no ha conseguido calar entre la gente. Se practica en una veintena de países, pero casi centrado en unas pocas ciudades, por no decir, en determinados centros educativos. Las razones pueden ser diversas, probablemente la más plausible es que para qué buscar un deporte parecido al baloncesto, cuando el baloncesto ya es suficientemente divertido y competitivo.

En España tras esa entrada a finales de los 60 y su extensión en la década posterior, su fomento se fue derritiendo como hielo en el gazpacho. Y ahí surgió Cataluña tras su implantación en los 80, llegó su consolidación, limitada bien es cierto, en los 90, fundamentalmente en localidades del extrarradio de Barcelona. De hecho, tienen su competición propia, a falta de otros clubes en el resto de España.

Y ahora viene la parte político-deportiva, en la que me voy a parar bien poco porque ya cansa. ¿Cómo se fomenta un deporte? Con dinero, basta con que tengas dinero para que un deporte crezca, si la Administración catalana subvenciona un deporte superminoritario como este, no es difícil meterte en la élite, aunque no dejes de ser cabeza de ratón.

Y curiosamente eso es lo que se ha hecho desde las más altas instancias catalanas, han intentado hacer visible la marca Cataluña (independiente) en aquellos deportes donde han encontrado un resquicio legal, la laxitud de las federaciones internacionales y el desinterés de los organismos rectores del deporte en España.

Así Cataluña que hace unos años fue independiente en un Mundial B de hockey sobre patines, también lo es aparte del korfbal (donde ha sido tercera de Europa en 2016 y quinta en el Mundial de Amberes en noviembre de 2015), en bolos, fisioculturismo, montañismo, dardos o raquetball; obviamente son deportes con una popularidad muy reducida y no son olímpicos, si lo fueran otro gallo cantaría; entonces los holandeses desaparecerían del mapa o se empequeñecerían, el Comité Olímpico Español tomaría cartas en el asunto, lo de Cataluña ya sería una anécdota circunstancial y, dicho sea de paso, los Estados Unidos o China se llevarían la palma a golpe de talonario.

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