domingo, 8 de julio de 2018

CONSEGUIR UN GOL EN UN MUNDIAL, LA HISTORIA DE UN SOPLO EN MEDIO DE LA TEMPESTAD

Ahora que estamos a vueltas con el Mundial, no me resisto a hablar de fútbol. Sí, ya sé que por el perfil de mi blog mucho hablo de deportes y el fútbol es algo circunstancial, minoritario; pero la influencia mediática del Mundial es tal que al final uno cae y ve partidos y hasta se emociona.

Aunque es muy fácil analizar las cosas a toro pasado y pese a que no es el propósito de esta entradilla, tampoco me resisto a comentar brevemente el fracaso de España. Hace ocho años, yo escribí una entrada en este blog en la que afirmaba rotundamente que nuestro país no ganaría el Mundial, algo que por fortuna sí ocurrió y me sentí muy a gusto de tragarme mis propias palabras.

Desde luego, los antecedentes que había tenido España en su participación en Mundiales previos a 2010 eran tan pobres que se podía concluir con que eran impropios de un país con la tradición futbolística del nuestro. Pero la realidad me vuelve a dar la razón, quitando esa isla entre 2008 y 2012, con el encadenamiento de Eurocopa – Mundial – Eurocopa, el resto es un desierto, un desierto plagado de fracasos y sinsabores.

Salvando esa isla, ¿a quién le ha ganado España en los Mundiales? Somos unos verdaderos cobardes, porque para ganar un Mundial hay que ganar a Brasil, Alemania (solo lo hicimos en Sudáfrica 2010), Argentina, Italia o Francia. Queremos caer en la parte del cuadro más débil para llegar más lejos, cuando nuestra historia nos dice que lo teóricamente fácil no se nos da bien, hemos caído con Rusia, y en el pasado perdimos con Chile, Corea del Sur, Bélgica, Nigeria, Austria… Seamos sensatos, el gen competitivo, que tuvimos durante aquel pequeño ciclo glorioso, se ha perdido y se ha vuelto a la mediocridad histórica. Eso sí, hemos heredado el buen trato de balón pero con una diferencia notable con respecto a la generación capitaneada por Xavi Hernández, ayer había pase con calidad, desborde, intencionalidad y desmarques, y hoy hay pase estéril y ya. Y, en mi opinión, da igual a qué entrenador pongamos, en aquel ciclo brillante, tuvimos a dos, a Luis Aragonés y Del Bosque, pero los mimbres eran fantásticos, y nadie se rasgó las vestiduras cuando Don Luis se fue de forma prematura.

Lo del gen competitivo es para mirárselo, porque jugadores que brillan mucho con sus clubes, hacen buenas clasificaciones con la selección, mueren clásicamente en un partido de eliminatoria directa, ¿qué falta? Probablemente la respuesta sea multifactorial.

Precisamente el hecho de que tengamos en España una liga muy competitiva y de las dos o tres mejores del mundo que, además, cuenta con clubes que brillan en las competiciones europeas y mundiales, en la última década con un dominio casi insultante, es un efecto que cala en la afición, en la opinión pública y en los medios de comunicación, esto es, el pensar que los éxitos del Real Madrid, Barcelona, Sevilla o At. Madrid son extrapolables a la selección española. Nos acostumbramos a ver ganar a estos equipos en Europa y pensamos que en un Mundial el paseo militar va a ser semejante.

A esto hemos de unir que los medios de comunicación no son precisamente comedidos a este respecto, no tienen los pies en el suelo, nuestra historia de éxitos se resumen en una final de un Mundial jugada y ganada, después de eso un 4º puesto en 1950 y ya, el resto es muy pobre, aunque quizá muy real para el nivel de nuestro país. Es decir, no somos de las seis o siete mejores selecciones de la historia, por lo que nuestras aspiraciones de estar en cuartos al menos cada dos participaciones ya sería un éxito y de estar en una final cada cuarenta o cincuenta años, pero no. Cada cuatro años, ya sea Mundial o Eurocopa nos venden la moto, nos tildan de favoritos, cada vez, y eso cala en los aficionados, que luego se desilusionan cuando no se está a la altura de esas expectativas. Esa venta de humo se la deberían hacer mirar, ir de favoritos no nos ha servido prácticamente nunca, y tal vez con más humildad y menos favoritismo quizá descargaríamos de presión a los seleccionados. Está claro que los medios de comunicación viven de los clubes y lo de las selecciones como que les viene grande, y necesitan carnaza y que España abandone pronto el Mundial para volver a a su ser, a su seno materno, donde se sienten a gusto, con los fichajes, los torneos de verano, y si Messi es mejor que Cristiano y viceversa.

Y marcado este preámbulo un tanto larguito, ya he comentado al principio que este no era el objetivo de esta entrada. Y es que sí que quería reflexionar, como ya hacía ocho años, acerca de determinados aspectos del fútbol, estamos ante un deporte donde el índice de incertidumbre, imprevisibilidad y el factor sorpresa es de los más altos de cualquier deporte, ¿por qué?, pues porque el tanteo es muy corto y el dominio y posesión de balón, incluso la mayor calidad de un equipo no garantiza la victoria; y es que un equipo de calidad media puede meter el autobús atrás y puede garantizar que no los abrumen, y si son disciplinados pueden sacar un empate (en los Mundiales, con un empate y los penaltis las posibilidades de victoria del conjunto más débil se incrementan).

Como se suele decir la salsa del fútbol es el gol y no es precisamente una suerte sencilla, partiendo de la base de que es un deporte colectivo, las dos grandes estrellas de la actualidad Messi y Cristiano no han sido capaces en todas sus participaciones en Mundiales de anotar en partido alguno de eliminatoria directa, y no están en selecciones mediocres, y han tenido varias oportunidades (Messi llegó con Argentina a la final en Brasil 2014, o sea, cuatro partidos en los que no consiguió gol).

Cuando uno madura y le gustan los deportes, el fútbol comienza a parecerle uno de los deportes más aburridos, porque muchos partidos son insulsos, tediosos, sin goles o con escasas ocasiones, con mucho centrocuentismo y un exceso de pasecitos inanes (como España en el Mundial), y se decanta por otros donde la frecuencia de anotación es superior, el baloncesto o el balonmano son claros ejemplos, puede que el partido sea más o menos brillante, pero cada pocos segundos tienes el caramelito de una canasta o un gol.

Creo ser sincero cuando afirmo que lo que me gusta más de un Mundial es tanto la fase de clasificación previa la fase final de 32 equipos, aunque creo que en el próximo pasan a una barbaridad de 48; como la primera fase del Mundial, donde comparecen las selecciones más débiles. Es un contrasentido, lo sé, pero cuando el Mundial llega a octavos o a cuartos prácticamente deja de interesarme y solo veo la final; y es que me apasiona ver jugar a Islandia, Panamá o Arabia Saudí más que a las grandes potencias.

En este sentido, y si las selecciones tienen los pies en el suelo, muchas los tienen, es importante que se marquen unos objetivos ciertos: ganar un partido, empatar, o simplemente conseguir un gol.

En este Mundial se ha producido una paradoja que no era la primera vez que ocurría en un Mundial, Panamá debutaba en una fase final de la Copa del Mundo y en el partido Inglaterra contra Panamá, que era su segunda cita, cuando los centroamericanos perdían por 6 a 0, anotaron por medio de Felipe Baloy y lo celebraron con enorme alegría, era un gol en medio de la adversidad, era como soplarle a una tormenta, pero hubo risas, hubo júbilo, habían cumplido con su primer objetivo, marcar (la salsa del fútbol) era casi más importante que haber empatado un partido a cero. Por cierto, en su tercera comparecencia volverían a marcar.

Y es que no hay decepción más grande para un debutante en una Copa Mundial que volverse de vacío, y ese precisamente era el objetivo de la selección de El Salvador que se presentó en el Mundial 82 de España (otro sonado fracaso de nuestras huestes). Aquella selección salvadoreña ya tenía la experiencia de haber participado en México 70 y se volvió de vacío, ningún gol y ningún punto; por lo que en España sabían muy bien lo que tenían que hacer, conseguir un gol, en un seleccionado que tenía como punta de lanza al mítico jugador del Cádiz, C.F., y máxima estrella que ha dado el fútbol de ese país en toda su historia, «Mágico» González.

Empezaron jugando en Elche contra Hungría, y los magiares no tuvieron piedad de los centroamericanos, en la primera parte los europeos ya se imponían por 3 a 0, y en la reanudación los húngaros seguirían a lo suyo, consiguiendo dos goles más. Corría el minuto 64 y Luis Ramírez Zapata, también conocido por «el Pelé Zapata» lograría en una jugada embarullada perforar la portería rival. Fue anotar ese gol y este se fue corriendo celebrándolo como si hubiese conseguido la victoria del Mundial y sus compañeros detrás con una alegría desmedida. Poco importó que aquel partido pasara a la historia no por el gol salvadoreño sino porque los húngaros continuarían martilleando hasta el 10 a 1 final, en la que es hasta el momento la mayor goleada de la historia de los Mundiales.

Y es que no es cuestión menor, como digo, esto de meter gol en un Mundial, es una especie de premio de consolación, como un homenaje particular que se dan los jugadores de cualquier selección, sobre todo si es humilde, para con ellos y con su país. Y, con independencia de las futuras participaciones de selecciones debutantes, como puede ser en 2022 la propia selección de Catar que organiza el Mundial (un Mundial con muchas incógnitas por el tremendo calor habitual que se espera en ese país en las fechas de su celebración, creo que octubre y noviembre), hay cinco selecciones que históricamente jugaron un Mundial y se fueron sin meter la pelotita en la portería: Indonesia en Francia 1938, cuando se llamaba Indias Orientales Neerlandesas; Zaire, hoy República Democrática del Congo, en Alemania 1974; Canadá en México 1986; China en Corea del Sur - Japón 2002; y finalmente Trinidad y Tobago en Alemania 2006. Todas ellas perdieron sus respectivos partidos aunque la de Trinidad y Tobago obtuvo el premio menor de haber logrado un empate, obviamente a cero, ante la selección de Suecia.

En este Mundial las debutantes consiguieron anotar, pero el futuro nos deparará nuevos escenarios y selecciones que jamás habrían soñado con jugar un Mundial, pero que con el nuevo cupo verán premiado su anhelo, y en esa participación como mínimo aspirarán a probar el dulce sabor del gol, la salsa del fútbol.

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