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Peña del Olivar, Siles (Jaén) |
En relación con esta relativización comparativa, tengo que señalar, y en esta bitácora lo he referido en alguna ocasión, que hablar en España de pobreza puede ser verdad, pero también es necesario comparar. Yo he podido visitar el tercer mundo y palpar la auténtica pobreza, la gente que se muere de hambre, que no tiene para comer nada, que lleva ropa que aquí no utilizaríamos ni como trapos para limpiar el polvo. Un pobre en España es un acomodado en el tercer mundo; en España todo el mundo tiene hoy tres comidas garantizadas al día, es una pobreza relativa. El pobre real en los países desarrollados, es una persona con otras deficiencias sociales, abocado a una marginalidad casi voluntaria.
Bueno, valga esto como preámbulo, y sin querer desviarme del asunto que me ocupa hoy, para hablar de algo que me apasiona y es el contar como victorias los sitios y las veces que me he metido en aguas heladas, en este sentido, puedo decir que me he bañado en todos los lugares adonde he ido y en donde el baño estaba permitido, incluso en estaciones no calurosas. Esto dicho así parece una perogrullada, considerando que mis conquistas turísticas no son nada del otro jueves, ni he estado en latitudes donde lo de bañarse en un río supone un reto físico y vital para cualquier corazón; así que todo lo más, mis hazañas se limitan a playas con aguas frías y ríos de sierra con baños que quitan el hipo.
Mis modestas vacaciones de este año tuvieron como epicentro el término municipal de Siles, y allí se encuentra un lugar idílico, relativamente conocido para los habitantes de la provincia de Jaén como es la Peña del Olivar, y cuando relativizo es porque quiero apuntar que debiera ser más conocido, y que casi como obligación todos los jiennenses debiéramos ir al menos una vez en la vida allí.
Bien es cierto que en verano, por el ambiente, por lo seco del terreno y los arbustos fritos de tantos días de canícula, puede ser que la imagen paradisíaca se atempere, pero si miras alrededor y hacia arriba podría parecer que estás en otro país. No sé en qué momento decidieron hacer un pequeñito embalse en esa zona que devino en piscina casi natural donde la profundidad máxima no llega a los ciento setenta centímetros, por lo que es apta para todos los públicos. Dicho esto, hay que señalar que el agua está circulando siempre (lo estaba a finales de agosto), por lo que se garantiza una fantástica pureza y unas aguas cristalinas.
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Cascada en Rio Frío, Riópar (Albacete) |
Ni que decir tiene que el agua está fría, pero no soy de los que se piense mucho el tirarse al agua, esto es, hay que tirarse sin pensar mucho más, porque de otra manera hacemos trabajar demasiado al cerebro y no es cuestión; hay que ser valiente, decidido y ya está. No obstante, en las fechas en las que nos bañamos, finales de agosto y principios de septiembre, el agua estaba fría, más que cualquier piscina, por aquello de que la renovación del agua es mayor y las horas de insolación son menores, pero aun así son de estas sensaciones que en cuanto te metes, apenas tarda medio minuto en atemperarse el cuerpo, y ya podías estar el rato que quisieras tan ricamente.
Por si no fuera poco semejante paraje, para los niños es una gozada el hecho de que las barreras de la Peña lindan con el puente de la carretera de las Acebeas, y desde el puente hay una caída moderada de apenas un par de metros que hace de inopinado trampolín, así que para los niños es una herramienta más de diversión, para niños y para no tan niños.
En esos días, nuestras excursiones a la Peña del Olivar fueron constantes, y tiene cierto nivel de atracción, de tal forma que el que va de paso (casi no se va de paso por esa carretera), se para y prueba; y tengo que decir que los comentarios sobre lo frío de las aguas eran a veces tan repetitivos que casi agobiaba. No es que me moleste, pero sí que me incomoda algo la gente que es un pelín floja para esto de meterse en el agua y le da cincuenta mil vueltas y proclama a bombo y platillo sus miedos a meterse, y vocifera cuando se mete, y parece que se va a morir y... las aguas no estaban tan frías, de verdad.
Justo en la Peña del Olivar, un parroquiano de la zona, en concreto de la limítrofe provincia de Albacete, nos señaló que para agua fría, la del paraje denominado Nacimiento de Río Frío en Riópar, no confundir con otros lugares de la misma o similar denominación, y nos aventuraba que el agua venía prácticamente sin recorrido desde la montaña y a más altura y que la experiencia era merecedora de un desplazamiento. Allí que nos fuimos en busca de trepidantes aventuras. El lugar es paradisíaco mucho más si cabe que la Peña del Olivar, más salvaje, más perdido, en el corazón del Parque natural de los Calares del Mundo y de la Sima.
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Nacimiento Río Frío, en Riópar (Albacete) |
En fin, buscando estos lugares apacibles, al pasar de los días, incluso de los años, uno no recordará si lo pasó mal, es más, recordará todo lo contrario, y sobre todo revivirá lugares donde se respira paz, naturaleza, aire puro y desconexión.
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