domingo, 24 de noviembre de 2019

DESCIFRANDO LA COPA MUNDIAL DE RUGBY 2019

No es la primera vez que traigo el rugby a este blog, probablemente no sea mi deporte preferido por definición, que es el atletismo, pero junto con el hockey sobre hielo, confieso que sí que es el deporte de equipo al que le tengo más predilección y con una pasión creciente.

A medida que uno avanza en edad y tiene cierta madurez, se va dando cuenta de que algunos deportes que nos meten por los ojos tienen algo de mentira o mucho. El fútbol, el más evidente, está sobrevalorado, endiosado y sufre de obesidad informativa. Los jugadores, por ende, se creen seres etéreos, intocables, algunos, y es un deporte que se ha convertido en muchos de sus conceptos en una gran mendacidad, la mendacidad de jugadores marrulleros, que se llevan las manos a la cara cuando alguien les sopla, la de otros que se tiran a la piscina al más leve contacto…

Si hay algo que identifique al rugby son los valores, y todos sus practicantes alrededor del mundo, se empeñan en que esos valores no se pierdan, sean inmutables, universales... Aunque los que juegan de un lado o de otro no tengan un idioma común, esos valores los unen. No hay más enfrentamientos individuales que en otros deportes, muchos menos que en el fútbol desde luego, de hecho, las tanganas son muy raras; y sin duda, que a ningún jugador de rugby se le ocurriría simular nada, aquí te partes la cara de verdad, y si sangras (en el fútbol te irías directamente al hospital), quieres seguir con apenas una venda. En el rugby se respeta al contrario, el tercer tiempo es la unión y reunión de los equipos, y eso se mantiene en todos los confines, te has podido matar en el campo contra tu rival, pero cuando todo acaba las pintas corren alegremente. En este deporte nadie lleva su nombre a la espalda, alerta a navegantes del fútbol y otros deportes de equipo, la camiseta no es de nadie, uno se gana el derecho a llevarla, por tanto, hoy eres titular y mañana puedes estar en el banquillo; de hecho nada que ver con la locura de números de otros deportes, aquí no se sucede, aquí los titulares llevan dorsales del 1 al 15 y los suplentes del 16 al 23, pare usted de contar.

Y por encima de todo, y probablemente sea el aspecto más diferencial con respecto al resto de los deportes, es que el árbitro es el rey, no se le protesta, no se le discute, se puede hablar y conversar con él pero con el máximo respeto. Si te echa te echa, y tú te callas, te comes el marrón, y luego vas y le pides perdón a tu equipo. Todos saben que el árbitro está ahí para ayudar, para hacer justicia con absoluta imparcialidad y eso es esencial para que nadie se centre ni pierda la cabeza fijándose en lo que decide el colegiado, como ocurre con el fútbol.

Pues eso, como a medida que avanzan los años, también progresa mi pasión por el rugby, intento ver más y más, mientras mi tiempo y disponibilidad me lo permiten. En el caso de la Copa del mundo de rugby disputada este año en Japón, he podido ver un montón de partidos, fundamentalmente los que caían en fin de semana, y lo más importante es que he visto todos los cuartos, semifinales y final. Ya vi algunos en Inglaterra 2015 pero ahora me he superado. Esto está en consonancia con mi incremento en el visionado de partidos del 6 Naciones, del 6 Naciones B, de la Liga Heineken española y del The Rugby Championship.

Este mundial japonés ha sido apasionante, tengo la sensación de que a medida que se suceden las ediciones, cada vez es mucho mejor, más emocionante, más innovador y rompedor, cada mundial supera al anterior y quién sabe qué nos deparará el futuro, en un deporte donde los grandes dominadores son prácticamente inamovibles.

No obstante, en esta disección que voy a hacer de esta recién terminada Copa del mundo comenzaré, de algún modo, por el final. España estuvo a nada de ser de la partida y tiró a la basura en el último partido todo el buen trabajo realizado en los compromisos previos. Había conseguido como grandes hitos de la doble temporada (el 6 Naciones B se juega en competiciones de dos años de duración) derrotar a Rumanía en Madrid, a Rusia en casa y fuera, y solo le restaba ganar en Bruselas ante una Bélgica que jugaba sin opciones y sin presión. En una fría mañana de invierno, los españoles plantearon un mal partido y los belgas parecían tener un inopinado extra de motivación. El árbitro rumano, sí rumano porque Rumanía era la gran beneficiada de la derrota hispana, no ayudó y pitó mal, ¿parcialmente?, nunca se sabrá. Perdimos, algunos de nuestros jugadores se enfrentaron al árbitro, algo que no es de recibo en este deporte y luego quisimos ganar en los despachos.

La investigación del partido extendió sus tentáculos más allá de este, el resultado no se alteró, y además perdimos puntos tanto españoles como rumanos por alineaciones indebidas, por convocar a jugadores no elegibles, que habían jugado con selecciones de otros países en categorías inferiores, en el caso de España en la selección francesa.

La consecuencia de todo esto es que Rusia consiguió plaza en el Mundial y una Alemania con un nivel notablemente inferior a España optó a jugar eliminatorias para lograr otra plaza, sin éxito.

En este 6 Naciones B tan decisivo para las plazas mundialistas no hubo videoarbitraje y tal vez otro gallo hubiera cantado, o no; porque puestos a ser sinceros en Rusia ganamos de pura chiripa porque el árbitro no concedió inexplicablemente un ensayo bajo palos a los rusos que nos hubiera dejado prácticamente eliminados. De haber estado presente el videoarbitraje en Bélgica seguro que nos hubiera beneficiado. Una por otra, si nos ubicamos en una posición de honestidad y justicia para con este deporte, si las decisiones arbitrales se respetan, estaría de Dios que no acudiéramos a Japón y no hay más que hablar, la próxima vez será.

Sí que ha resultado una pena viendo resultados recientes de nuestra selección con respecto a otras que han participado en Japón, a Rusia la vencimos en nuestros dos últimos enfrentamientos, hace un año dimos cuenta de Namibia en las ventanas de otoño, y en verano, apenas unos meses antes del Mundial, en una gira triunfal de España por Sudamérica, con victorias ante Brasil y Chile, en el mejor encuentro de nuestro combinado, destrozamos a la mundialista Uruguay en Montevideo por un contundente 21 a 41.

El destino de España ha de ser el de estar en el próximo Mundial de Francia 2023, ¡madre mía, cuánto tiempo falta!, es un deseo más que una certeza. Quiero creer que el rugby español está creciendo, también es verdad que nos «aprovechamos» de toda una legión de jugadores foráneos, nacionalizados por diversas vías y todas muy rápidas, franceses y argentinos sobre todo, y algún que otro inglés, sudafricano o neozelandés, porque españoles nacidos en España muy poquitos. Pero bueno, lo importante es que los jugadores sean de donde sean se dejan la piel defendiendo unos colores y una bandera, y merecen todo nuestro respeto, estos son los que nos tienen que llevar a esa cita mundialista. Si nuestra selección crece, nuestra liga crece y nuestros clubes crecen a la par, con lo que seguiremos subiendo puestos en el ranking mundial.

Y ahora vamos al meollo, por más que uno tenga el deseo de que el statu quo, el orden establecido del rugby mundial cambie, aunque sea un poco, no se atisban grandes revoluciones. Desde el primer Mundial en 1987 hasta hoy solo cuatro países han ganado la Copa del mundo (Nueva Zelanda, Australia, Inglaterra y Sudáfrica); y dentro de este selecto grupo solo se ha colado en la gran final, y dos veces, la selección de Francia. Luego hay otras tres o cuatro selecciones que a veces se meten en semifinales, Gales, Escocia, Irlanda y Argentina, a partir de ahí hay casi un abismo, pero casi. Realmente esa alteración del orden establecido sí que se ha producido aunque muy puntualmente con Japón, de hecho, esa ha sido la gran sorpresa del Mundial. Los japoneses se han preparado para este evento desde hace muchos años, ya dieron la gran campanada hace cuatro años en Inglaterra derrotando a Sudáfrica en la mayor sorpresa en la historia de un Mundial. En un grupo complicado era esperable que pudiera batir a irlandeses o escoceses, pero es que le mojó la oreja a ambos y después en cuartos ya sucumbió ante Sudáfrica que esta vez no sé dejó sorprender como cuatro años antes. Japón ha demostrado, dentro de lo que se puede, que aún se pueden hacer cosas novedosas en el rugby, con un punto de rapidez en todas sus líneas se ganan partidos, y era asombroso ver cómo su delantera llegaba con inusitada rapidez a todos los rucks, y a partir de ahí era más fácil liberar el balón y permitir que el juego fluyera; con la velocidad los nipones desbordaron a Irlanda y Escocia, posicionados en un rugby de delanteros, lento y aburrido. Ahora habrá que ver si esto es flor de un día, o de unos años y Japón vuelve a un segundo nivel, probablemente sí. No obstante, es meritorio el crecimiento de la selección nipona, que tiene el dudoso honor de que allá por 1995 recibiera la mayor paliza de una Copa mundial, nada menos que 145 puntos en contra, endosados por la terrible Nueva Zelanda.

No hubo demasiadas sorpresas, casi ninguna, todo entraba en el terreno de lo previsible; aunque sí, tal vez sí, la victoria de Uruguay sobre Fiyi fue una muy pero que muy magnífica noticia, indicativa de que España hipotéticamente ya podría estar llamando a la puerta de esas selecciones de segundo nivel que aún se nos antojan intocables tales como Samoa, Fiyi, Estados Unidos, Italia o Tonga.

A la par que teníamos ese crecimiento de los anfitriones, Escocia fue la que pagó el pato, y se quedó en la fase previa, muy decepcionante.

También me decepcionó Irlanda, no solo porque perdiera ante Japón, sino porque realmente estaba convencido de que los irlandeses podían, por potencial, haber llegado mucho más lejos, pero en cuartos fueron liquidados con suma facilidad por Nueva Zelanda.

Casi también es una decepción el papel de Francia, ya estuvo en la fase previa con muchas dudas; vive un momento de regeneración de cara a su Mundial de dentro de cuatro años, pero las piezas no están bien engrasadas todavía, tenían momentos de brillantez que alternaban con terribles desconexiones de determinadas líneas. También tiene jugadores muy talentosos y otros que no llegan a ese nivel. De todas maneras, realmente no están en semifinales por detalles, el primero es que en cuartos contra Gales jugaron prácticamente toda la segunda parte con un jugador menos, por una intolerable agresión de Sebastien Vahaamina. Los franceses empezaron como un vendaval y terminaron con la delantera extenuada, de hecho, la jugada definitiva fue un majestuoso robo de cartera y de oval en una melé con introducción francesa pero con su línea de ensayo a escasos metros de sus piernas. Mucho tienen que trabajar los franceses en estos cuatro años, lo harán y seguro que bien, pero el punto de inflexión no termina de llegar, llevan desde 2010 sin ganar el 6 Naciones y tal sequía no se producía desde poco después de la 2ª Guerra Mundial.

También decepcionante se puede reportar la actuación de Argentina, tenían un grupo difícil, se jugaban los cuartos contra Francia e Inglaterra, contra los galos perdieron de nada y se presumía más complicado morder a los ingleses como así fue. Es una selección muy renovada y falta de estrellas, le va a costar no menos de un lustro en recobrar el prestigio que tuvo años atrás, y es una pena, porque uno siempre quiere que gane Argentina, pero la realidad es esa.

Gales iba con la vitola de ser el campeón rotundo del 6 Naciones de este año, un equipazo en todas sus líneas, muy sólido, al que le faltó un plus de experiencia, cayó en semifinales por solo tres puntos ante Sudáfrica, y en el tercer y cuarto puesto doblaron el espinazo ante una Nueva Zelanda escocida por la derrota en semifinales que les dejaba fuera de su objetivo que es el de ser siempre la número uno.

La trayectoria de Inglaterra fue muy meritoria, fiables en la fase previa, se enfrentaban a una Australia que, si bien en horas bajas, siempre es Australia. Inglaterra hizo un partidazo, siempre con la iniciativa, y muy cohesionada en todas sus línea, la defensa muy adelantada, la delantera afilada como un puñal y la línea de tres cuartos letal. El resultado de cuartos es inapelable, el 40 a 16 lo ilustra todo.

Inglaterra tenía el camino más complicado para llegar a la final, todo pasaba por Oceanía, primero Australia y luego Nueva Zelanda. Con Nueva Zelanda casi la final anticipada, y otro partidazo, con un planteamiento acertadísimo del técnico australiano Eddie Jones. En el rugby de alto nivel los partidos se ganan por pequeños detalles, hay mucha igualdad, y dar un puñetazo en la mesa al principio del partido y dar a tu rival con su propia medicina son aspectos claves. Eso es lo que hizo Inglaterra que realizó una estrategia clara de acoso y derribo a Nueva Zelanda, sorprendió desde el inicio a sus rivales y los neozelandeses no pudieron desplegar su juego, la defensa inglesa estuvo impecable. De algún modo, Inglaterra jugó por un día a ser Nueva Zelanda.

Parecía que el camino de Sudáfrica a la final era más cómodo. Sudáfrica siempre representa la duda, alterna brillantez con decepción. Es una selección que puede ofrecer lo mejor pero también lo contrario. En la fase previa perdían contra Nueva Zelanda y, en el partido que vi, siempre tuve la impresión de que si mil veces se jugara jamás ganaría Sudáfrica. Después de batir con cierta solvencia a Japón en cuartos, le costó más hacerlo contra Gales en semifinales pero fueron sólidos.

Con Nueva Zelanda fuera de la final, los ingleses parecían favoritos ante Sudáfrica, pero esta vez fue Sudáfrica la que, de alguna manera, hizo la misma estrategia que Inglaterra en semifinales, y es que tomó la iniciativa desde el principio. En el rugby moderno y de alto nivel todas tus líneas tienen que estar bien cohesionadas, funcionar como una máquina en la que todas sus piezas van encadenadas, dominar todos los aspectos del juego (la defensa, la melé, el ruck, el maul, la touche...) y, muy importante, no cometer indisciplinas.

Sudáfrica doblegó a Inglaterra con las patadas de su apertura Handre Pollard a consecuencia de las indisciplinas inglesas. Inglaterra no pudo desplegar su juego de ataque como en semifinales porque la iniciativa no era suya, y porque cualquier intento de ataque tenía a una defensa sudafricana muy adelantada y con mucha anticipación.

Puestos a elegir, quería que ganara Inglaterra, pero Sudáfrica es ese equipo que a nadie molesta que gane. Es un equipo que representa la diversidad racial de ese país y casi por concepto del mundo entero. Sudáfrica sigue siendo un país con enormes desigualdades y donde aún hay un racismo latente, el rugby lleva muchos años siendo un pegamento en este aspecto. Por ley, la ley de cuotas, el seleccionador está obligado a tener un porcentaje mínimo de jugadores negros, y cuesta encontrar jugadores negros de altísimo nivel, de hecho hasta le tuvieron que preguntar al primer centro de origen español Damian de Allende si tenía antepasados negros, y su padre salió diciendo que morenos sí, por el origen, pero negros no.

Al hilo de todo esto ha sido el primer capitán negro de la historia del rugby sudafricano, Siya Kolisi, el que ha afirmado que la selección debe hacerse en función de méritos y no de cuotas o colores.

Es curioso porque uno de sus jugadores más destacados Eben Etzebeth y tal vez el mejor segunda línea del mundo en la actualidad, llegaba al Mundial con el precedente de un incidente racial en su país por el que está siendo investigado, y es llamativa y bonita la imagen en la que da un beso a su compañero (negro) Trevor Nyakane.

El partido estaba lleno de patadas y precisamente fueron jugadores negros los que se inventaron una jugada que terminó de romper el partido cuando Sudáfrica solo iba seis puntos por delante, Mapimpi y Am hicieron magia y aprovecharon su velocidad para marcar un ensayo decisivo. Por cierto, el rugby tendría que trabajar en perfeccionar su videoarbitraje, dejar al albedrío o al buen ojo del juez de videoarbitraje si un balón es adelantado o no, no es de recibo hoy, teniendo en cuenta que existen herramientas tecnológicas para trazar líneas y evitar subjetividades.

Sudáfrica remataría el partido con otro ensayo de un jugador negro, Cheslin Kolbe, la hormiga atómica, que partió un par de cinturitas a jugadores ingleses que a estas horas seguro que deben seguir estando en el fisio. El rugby es esto, me gusta mucho eso que se dice de que es un deporte donde juegan nueve jugadores y medio, es decir, los jugadores de tres cuartos a veces ni la huelen en todo el partido, el oval es de los gordos, pero cuando tienen la pelota en sus manos suelen decidir. Kolbe tocaría tres o cuatro ovales en el encuentro y el primero que consiguió bueno lo hizo oro.

Al final el 12 - 32 tal vez fue excesivo, tal vez injusto castigo para Inglaterra, que se queda con un único título, y Sudáfrica que consigue su tercer entorchado, que repite con absoluta regularidad cada doce años, y que ha igualado a Nueva Zelanda en títulos, la todopoderosa Nueva Zelanda que en cada Mundial es la favorita, y lo será en el próximo, pero como titubee un poco, como en este, alguien se le subirá a la chepa.

Me gustó mucho la selección sudafricana, si no justa vencedora del Mundial, sí que fue justa vencedora del partido más importante, y por encima de todos destaco a dos jugadores, a su medio melé Faf de Clerk, un tipo bajito que con sus 170 centímetros demuestra fuerza para derribar a jugadores que tienen muchos más kilos y centímetros que él, pero también demuestra el don de la ubicuidad, está en todos sitios, llega el primero siempre a los rucks, patea bien, pasa bien, corre muy rápido y es una mosca cojonera que no para de molestar al medio melé rival. El otro jugador que me ha encantado es Damian de Allende, un 12 con alma de delantero, es un lujo para un equipo tener a un tipo polivalente, es rápido pero con un físico espectacular al que en carrera casi te tienes que colgar a él para derribarlo.

Pues larga vida al rugby y nos emplazamos dentro de cuatro años, mientras tanto vamos a disfrutar de este bello y noble deporte en todo el abanico de competiciones existente.

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