domingo, 15 de diciembre de 2019

"REINA ROJA", DE JUAN GÓMEZ-JURADO

Mira tú por dónde que algunas de las entradas de este blog hacen alusión a alguna serendipia, y son experiencias de mi vida que me gusta que ocurran; que me pasen casualidades me conforta, a veces que me pasen cosas raras y peligrosas me molesta, pero que las casualidades sean inocentes me alegra el día, es una realidad.

Había empezado a leer este libro y rápidamente se me vino a la memoria que yo ya podía haber leído antes algo de este autor; en este sentido, mi blog funciona, entre otras muchas magnitudes, como una memoria externa particular, y sí, había dado buena cuenta de «Cicatriz» hace algunos años y creo que me dejó una buena impresión. Por otra parte, casi a la par, una tarde intentando buscar alguna programación deportiva en la tele, me sorprendí con que Real Madrid TV estuviera haciendo una entrevista a este novelista y precisamente acerca de este libro, y fue sorpresa porque tampoco es que siga mucho este canal ni ninguno, pero me satisfizo que un canal tan exclusivo y teóricamente temático tuviera espacio para la literatura, para la cultura en general.

«Cicatriz» tenía un rasgo diferencial y es que era una novela moderna, de hoy, de esas con las que te identificas porque surgen de lo cotidiano, o sus personajes parten de vidas normales. De algún modo, eso le ocurre a «Reina Roja», es una historia que se sucede en estos tiempos del siglo XXI, incluso en un lustro sería perfectamente contemporánea, hay móviles, Internet, restaurantes de comida rápida, coches potentes, gente normal y corriente y… gente extraordinaria. No es que la historia sea común, pero es de hoy y eso te hace entenderla o identificarte con más nitidez.

Y luego está la intriga y los personajes que la contienen. Juan Gómez-Jurado percibo que se ha convertido en una suerte de rey Midas, capaz de convertir en oro todo lo que genera. Lo sabe y está siendo muy hábil con esto; particularmente en esta novela, que parte de lo mundano, hace emerger personajes fuera de lo normal, lejanos a cualquier estereotipo. Esa singularidad hace que necesites saber más de ellos, que les cojas cariño, que empatices con ellos.

¿Es posible construir un cuerpo extrapolicial con más margen y medios que los cuerpos de seguridad convencionales? En ese supuesto se mueve Gómez-Jurado que nos presenta una unidad especialísima y casi clandestina, lo que más se asemeja podría ser la Interpol. Adonde no llega la policía con sus intrínsecas limitaciones llega este cuerpo especial creado por la Unión Europa, el proyecto Reina Roja, y orbita sobre un concepto inhóspito hasta ese momento para las fuerzas policiales, el combatir el mal desde métodos distintos. El proyecto requiere de piezas extraordinarias, en este caso, de personas especiales, no son relevantes sus cualidades físicas sino las intelectivas, busca personas con una coeficiente intelectual descomunal, capaces de ver cien mil detalles donde cualquier mortal solo atendería a lo obvio.

Y la integrante del referido proyecto en España es Antonia Scott, de padre británico y madre española, es la figura clave de la novela, un ser entrañable con notables carencias sociales, una persona ultradotada, una calculadora humana, con memoria fotográfica, un ser prodigioso con una velocidad supersónica en el procesado de datos, ve más allá.

Su intervención se remite a casos complejísimos, en ese punto se ha encontrado a un joven de una reputada familia, asesinado en extrañas circunstancias y con una escena del crimen con múltiples mensajes, algunos de ellos de contenido bíblico. Su misión es obvia, atrapar al culpable.

Detrás del proyecto Reina Roja en España está un misterioso personaje que se hace llamar Mentor y que no es ni más ni menos que algún alto cargo policial, quizá con alguna conexión política, que puede trabajar con fondos reservados y con formas reservadas.

Mentor se encargará de no dejar sola en la acción a Antonia y captará a un policía modélico, el inspector Jon Gutiérrez que pasa por un momento delicado en su vida profesional, ha metido la pata, tal vez por honesto, y está suspendido de empleo y sueldo. Es de Bilbao, es homosexual, vive con su amatxo (con su madre) y aparte de ser un policía de fiar, está entrado en carnes, que no gordo.

En el curso de la investigación surge otra variable el secuestro de la hija de un reputado empresario textil gallego, el modus operandi es similar, una voz que solicita a la familia una contraprestación prácticamente imposible de cumplir.

Como no puede ser de otro modo, la situación se irá complicando para esta pareja que trabaja al margen de lo oficial y que tendrá que lidiar con el monolítico cuerpo policial, lleno de orgullos y egocentrismos, obcecado en creer que toda ayuda externa es una infección de la investigación; no digo que sea así en la realidad, pero aquí el novelista sí que nos lo muestra.

Si le pudiera faltar algo a la novela, como la acción, digamos que la novela va de menos a más, la vuelta de tuerca se sucede con el secuestro también del hijo de Antonia Scott; y ahí, bajo presión, Antonia Scott debe rendir al máximo de sus posibilidades, en el entorno más antagónico al que se puede enfrentar. No cuento mucho más, el autor recomienda expresa y encarecidamente que no se destripe el final, y no seré yo quien lo haga.

Un mínimo pero, y es que soy así, voy descubriendo pequeñas erratas, fallos gramaticales, y me resisto a no incluirlos aquí, pero es que es una llamada de atención al autor, a los correctores, a los revisores, a las editoriales, que yo humildemente y de manera no profesional las he descubierto, así quien debe velar por esto tiene que extremar el celo.

Para colmo de modernidad, Gómez-Jurado no deja pasar la oportunidad de ofrecer tintes de realismo a su trabajo, mostrándonos con nombres cambiados a personajes que conocemos; el hijo de la mujer que dirige un gran banco cántabro, o la hija de ese famoso empresario textil de Galicia, incluso la propia Scott podría ser alguien teóricamente público, es la hija del embajador del Reino Unido en nuestro país.

Es una novela fácil de leer que utiliza un lenguaje envolvente y cautivador; Gómez-Jurado usa y casi abusa de muchos giros actuales pero para despertarte la sonrisa, es un auténtico encantador de serpientes que promete una trilogía de la pareja Antonia y Jon y que, como prolegómeno, esta ha sido una entrada genial, difícil que aburra, complicado que si la empiezas no la acabes.

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