sábado, 18 de abril de 2020

ADIEMUS, MÚSICA CLÁSICA PARA UNA NUEVA ERA

Si dentro de, no sé, ciento cincuenta años, nuestros descendientes estudian la asignatura de historia de la música y repasan lo acontecido en estos dos siglos que, parte de ellos, nosotros vamos a poder vivir, apreciarán que hay una ingente producción y una gama interminable de estilos.

Ahora bien, si lo que se trata es de hacer un correlato más o menos lineal de lo que es el estilo musical clásico, o la música clásica tal y como la conocemos, podremos observar que esa linealidad, con sus evoluciones correspondientes, no se ha perdido, convive, coexiste con nosotros.

Sí, probablemente haya que acercar el oído a las músicas ambientales y a un estilo que mantiene determinados aspectos propios de lo que era la música clásica por ejemplo en el siglo XVII, a saber, haciendo una lista muy breve y absolutamente profana, como lo es la opinión de este humilde escribiente, tenemos partitura y orquestación con todos los instrumentos que se precisarían para tocar cualquier cosa de Mozart o Wagner.

Ciertamente que hay no poca música en la actualidad con esas características, muy buena, tan buena como quizá poco conocida; o más exactamente tan conocida como desconocidos sus compositores. Sí, porque aunque parezca que no, son melodías que suenan en la televisión, en la radio, en anuncios, en programas, en el cine..., pero igual jamás nos hemos planteado conocer quién hay detrás.

Y no nos sintamos menos ambiciosos porque vivamos en el siglo XXI y podamos pensar que Mozart solo hubo uno y que música clásica contemporánea de calidad no se puede hacer ni la hay. Pues sí que la puede haber, y partiendo de mis conocimientos básicos en técnica musical y en composición, me valgo de un detalle que para mí es más que esencial, mi oído, y ahí encuentro ofertas sonoras que podrían competir en toda su extensión con los compositores clásicos de toda la vida.

Además hace poco escuché una opinión muy cualificada que señalaba que escuchas y escuchas, pero que al final lo que trasciende a lo largo del tiempo es, sin duda, la música clásica; y probablemente lo que hoy se escucha en las emisoras de radiofórmula, música chicle, es y será eso. Se nos olvida de lo que fue el número uno de hace dos o tres años, pero siempre pensaremos que es una genialidad el Adagio de Albinoni o el Canon de Pachelbel.

Hay un proyecto musical muy chulo que se denomina Adiemus, en realidad ya no existe como tal, pues bajo ese manto aparecieron varios discos entre finales del XX y principios del XXI; detrás de él estaba el compositor galés Karl Jenkins. Este músico ha formado parte de numerosos proyectos y sigue trabajando pese a su veteranía, nació en 1944, haciéndonos disfrutar de esa especie de relectura de los clásicos.

El proyecto Adiemus tiene una canción icónica, se llama precisamente Adiemus y forma parte del primer disco con esta denominación que llevó el título de «Songs of sanctuary» y que vio la luz en 1994. Seguramente que quien la escucha la reconoce con claridad, y la ha oído en más de una ocasión. Es más, es muy probable que muchos se inclinen a pensar que forma parte de una banda sonora. Ahí van desencaminados, en parte, sí porque no es de ninguna película, pero es esa melodía pegadiza que ilustra cualquier reportaje televisivo, cualquier entradilla de un programa de radio...

Para ser sinceros el primer desencaminado soy yo, porque mira que la he escuchado veces y sé de dónde proviene, es decir, no tiene un origen orientado al cine, pero a mí me evoca películas relacionadas con el Nuevo Mundo, es decir, mi mente me engaña y cada vez que la escucho me lleva a películas como La misión o Fitzcarraldo.

Avanzando más, Karl Jenkins y Adiemus me inspiran el sentimiento de que esta música es la gran reinterpretación de la música clásica en el tiempo actual, es música clásica para una nueva era. Es música clásica bella que necesita apoyos del pasado y aires sonoros modernos para engancharla con sus coetáneos.

Karl Jenkins
Karl Jenkins se afana en ese reto, en estar un poco a la vanguardia pero sin perder de vista el clasicismo. No pierde ese pie de apoyo, es decir, compone en su lugar de retiro, realiza sus partituras, escucha lo que hace y luego busca la mejor orquestación para esas composiciones. Esta fabulosa Adiemus inserta en «Songs of sanctuary» tiene la participación original de la prestigiosa Filarmónica de Londres, que el propio Jenkins se ha encargado de dirigir en vivo en más de una oportunidad.

Amén de ello, tanto para ese tema como para otros, Jenkins utiliza un principal rasgo innovador, es la inclusión de voces femeninas (Miriam Stockley en Adiemus, la canción). Él las incorpora como un instrumento musical más, y como tal con el lenguaje musical como definidor y sin un idioma detrás; esto es, son voces que entonan sílabas de una manera armónica pero inventadas, casi improvisadas; de hecho, en la canción Adiemus, esa voz se repite, no significa nada, inventada por el propio Jenkins al efecto, aunque alguien se encargó de recordarle que es una palabra que viene del latín y que significa «Nos reuniremos cerca».

Otro de los elementos algo vanguardista es cierta tendencia a utilizar licencias musicales que no son muy habituales en las partituras clásicas, como disonancias funcionales, suspensiones y el uso de tiempos poco usuales, el 3/2, 6/8, 9/8 o 5/8.

Adiemus pervive, aunque últimamente ya lo hace en discos recopilatorios; sus trabajos fundamentales se hicieron entre 1994 y 2003, un momento glorioso el del cambio de centuria. Te puedes adentrar en sus melodías e imaginarte que lo que escuchas se compuso en el siglo XVIII, es muy sensato, y ante todo disfrutar deleitándote con algo celestial en un mundo actualmente convulso que requiere que reflexionemos.

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