domingo, 13 de septiembre de 2020

EN NINGÚN SITIO DEL MUNDO NIEVA COMO EN NUEVA YORK

Esta semana ha ocurrido pero da igual cuando leas esto, las noticias nos han informado de que ha habido una ola de incendios forestales en Estados Unidos. Y es que claro, si te pones a pensar, nos dan cumplida cuenta los informativos correspondientes de que, en alguna época del año, ese «pobre» país sufre huracanes, inundaciones o unas terribles nevadas que paralizan, en su caso, al estado que le haya tocado. 

Cuando de huracanes se trata, no solo conocemos el nombre de pila, masculino o femenino, del dichoso fenómeno meteorológico, sino que vemos las mismas imágenes, casi en bucle, año tras año, de cómo se preparan los vecinos de esas zonas tan «deprimidas» de Florida, protegiendo y bunkerizando sus viviendas y propiedades ante un acontecimiento tan adverso y devastador. Y todo esto aderezado, también suele ocurrir, con el avezado corresponsal de turno que acude a la zona, en un dechado de osadía, para enfrentarse con lo que viene y pulsar de primera mano la noticia; micrófono en ristre y ataviado con un chubasquero que le está varias tallas grande, pregona en la antesala de lo que va a suceder con notorio esfuerzo, mientras las primeras ráfagas de aire agitan el chubasquero y dejan en mal lugar el mínimo trabajo que se haya hecho para peinarse y presentarse algo decente ante las cámaras. 

Y es que de Estados Unidos nos interesa todo, será porque es el país que domina el mundo tradicionalmente en la edad contemporánea o será porque tenemos una afección cultural y social hacia una nación a la que mucha gente no ha ido pero identifica como algo propia a tenor de que muchas series, programas de televisión o películas nos vienen de allí y las hemos visto desde que tenemos uso de razón; todos sabemos que hay un Día de acción de gracias, pero no tenemos ni idea de cómo se llama ni cuándo se celebre el día más festivo en Rusia, China, Japón o Zambia. 

Con la sucesión de noticias sobre accidentes atmosféricos o del tipo que sean, uno podría preguntarse si es que en otras partes del mundo no hay incendios, huracanes, nevadas o, por qué no, muertes indiscriminadas, manifestaciones callejeras o asesinos múltiples.

Sí, sí que es verdad que sabemos todo lo que pasa en España y de vez en cuando conocemos, en función de la gravedad, que ha habido incendios en Australia, inundaciones en Francia y Alemania, o un tifón en Japón; pero se me antoja corto, egoísta y profundamente discriminador, por no decir que está lindando con el supremacismo, muchas noticias por un lado y tan pocas por otro. 

Nieva en Nueva York, en la ciudad de la Gran Manzana, que vete tú a saber por qué se llama así, y te identificas con esas gentes, con ese Central Park que, por supuesto, no has pisado en tu puñetera vida, porque tal vez lo has recorrido mentalmente en infinidad de películas y casi sientes afecto por esos blanquitos como tú que tienen que quedarse durante un par de días con la calefacción puesta, ¡cachis en la mar!, porque hay metro y medio de nieve que tapa sus viviendas y las doscientas mil quitanieves que tiene el ayuntamiento no dan abasto esas jornadas. 

Y ya está, no nieva en ningún sitio más, ni en Escandinavia, ni en Rusia, ni en China, ni en ningún sitio más, solo nieva en Nueva York, porque como nieva allí no nieva en ningún otro sitio. Tengo la curiosidad, diría que innata, de interesarme por la geografía de todos los países del mundo, de un modo un tanto friqui me sé datos desde que era niño de los países más pequeños o recónditos del mundo, me precio de conocer el mapa de África al dedillo, sé dónde está cada país, cómo se llama (creo que algún día me dije que África se lo merecía) y sus capitales. En el marco de esta curiosidad que probablemente sea bastante improductiva resulta que tengo en el móvil una doble pantalla con el tiempo que hace en el lugar en el que me ubico y el que hace en Yakutsk. 

Yakutsk pasa por ser considerada la ciudad más poblada del mundo donde más frío hace, o lo que es lo mismo la gran ciudad más fría del mundo, partiendo del concepto de que una gran ciudad es superior a los 300.000 habitantes, y en el mundo seguro que hay varios centenares de estas. Yakutsk está en Rusia, a 450 km en línea recta del Círculo Polar Ártico, en plena Siberia (el nombre ya causa hasta escalofrío) y es una urbe con gran vida y actividad, siendo a la sazón la capital de la república de Sajá-Yakutia. Pues bien, mientras en verano aquí sufrimos unas impresionantes olas de calor, allí apenas tienen un mes con temperaturas benignas; cuando aquí en invierno algún día nos acercamos a los cero grados y decimos que hace frío, allí tienen treinta grados bajo cero o peor, cada año, algún día, sus habitantes pueden despertarse con unos alucinantes sesenta grados bajo cero, ¡eso sí que es frío de verdad! De hecho una de mis bromas recurrentes cuando alguien me dice que hace frío con las temperaturas tan normalitas que tenemos en invierno y enseño mi móvil con la temperatura de Yakutsk, siempre bromeo con que la gente de Yakutsk para dormir la siesta se mete en el frigorífico. Y, por supuesto, jamás te enterarás por las noticias de las permanentes olas de frío que sufre esta urbe rusa. 

Pero pasa con esto como con todo, ¿es que no hay incendios forestales en África? Los hay y muchos, máxime cuando hay tantas zonas, tan diversas, donde hay mucha selva, mucha sabana, mucho terreno donde las llamas se hacen fuertes. No hay que darle vueltas, no nos vamos a enterar, no interesan, interesa lo que le pasa al hombre occidental que es más como tú o como yo, es una especie de sesgo del primer mundo, si es que España y muchos países como España nos podemos considerar del primer mundo.

Es un sesgo que hace que nos preocupemos más de alguien que se parece a ti y hace cosas parecidas a ti, como ese vecino de Florida que tapia con madera su casa, que podría ser la tuya, y no de un pobre ganadero mozambiqueño al que una inundación se llevó por delante su casa y su granja, pero nadie lo conoce y encima es negro. 

Pasa lo mismo que con las guerras, nos llaman la atención las que nos tocan de cerca, las que tienen intereses occidentales o están en cierto ámbito de influencia de Europa; pero hay muchas guerras en el mundo, muere gente todos los días y no le hacemos ni el más mínimo caso. Hay conflictos bélicos en la actualidad en mi querida África más o menos virulentos, en Sudán del Sur, Camerún, Mali, Nigeria, Níger, Chad, República Centroafricana…, ¿alguna noticia en los medios de comunicación? Y ello por no hablar del problema de los refugiados que desplazan todos esos conflictos armados; hace varios veranos no podíamos ni desayunar cuando veíamos las imágenes de un niño sirio muerto en una playa griega, hoy ya nos da igual, además tenemos problemas más importantes de qué preocuparnos. 

Y eso, por último y aun pecando de oportunismo esa especie de sesgo de ser un ciudadano de primera u occidental, se ha puesto también de relieve con la crisis del coronavirus. Quedémonos con el siguiente titular que no es científico (hay cierto baile en las cifras, dependiendo de la fuente que se utilice: «Más de 20.000 personas mueren de hambre en el mundo cada día y el 75 % son niños». 

Es evidente que el machismo no mata más que el coronavirus pero es palmario que el hambre sí. Sin embargo, es una problemática que está alejada geográficamente de nosotros los occidentales, y por eso le prestamos la atención debida, esto es, ninguna. Y se podría solucionar y muy fácilmente con la concienciación de las naciones y la redistribución racional de la riqueza mundial de una vez por todas. Es evidente que no soy negacionista del coronavirus, ni muchísimo menos, aunque es evidente que hemos puesto en el acento en una enfermedad que nos toca de cerca, tan de cerca que todos estamos en riesgo, aunque dependiendo de la edad y las dolencias previas, las posibilidades de sufrir los estragos del virus con gravedad en una persona sana están en el mismo porcentaje o tal vez menos que cualquier otra enfermedad común, por ejemplo la gripe. Esta enfermedad por una vez en la vida ha sido selectiva, casi ha segregado, afecta por igual a todos los países del mundo, pero en países subdesarrollados donde la movilidad es limitada también se ha limitado la propagación. Reconozco que el confinamiento ha controlado los contagios porque de lo contrario hubiera sido una masacre. 

Y es una enfermedad que a una persona con bajas defensas o con el sistema inmunitario comprometido se la lleva por delante con extrema rapidez, y esa es otra, tememos esta enfermedad porque percibimos sus consecuencias inmediatas, por el contrario el ser humano acusa su falta de apriorismo y todo lo que se separa de él en el tiempo, lo que no se percibe a corto plazo ya no le incumbe tanto. El coronavirus está matando y va a matar a mucha gente, en nuestro país y en el mundo, pero mata más el tabaco, un medio ambiente contaminado, la obesidad o los hábitos alimentarios poco saludables, el uno te mata con rapidez, el otro poco a poco. 

Mientras tanto sigamos pensando que no nieva tanto como en Nueva York, no hay incendios más destructores que los de California, ni huracanes más devastadores que los de Florida. Pero es que no podemos soportar que Rose y Fred no puedan salir a correr esos días por Central Park porque un manto blanco lo cubre todo.

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