"EL MISTERIO RAZUMOVSKI", DE MARTÍN LLADE

Este es otro libro que vino a mí fruto de casualidades, serendipias, búsquedas activas de conocimiento que hicieran resetearme interiormente y a la postre he de darlo por bueno, aunque tiene sus matices circunstanciales.

La primera conexión con esta novela sería la del propio autor, Martín Llade, hace años que lo escuchaba en Radio Nacional, como experto en música clásica, y mi seguimiento y afecto anónimo se ha ido acrecentando en tanto en cuanto que este melómano se ha hecho algo más relevante mediáticamente porque lleva unos años, no sé cuántos, siendo el comentarista del Concierto de Año Nuevo que cada 1 de enero nos desayunamos en nuestras casas, tras la resaca o lo que sea de la noche anterior. Y no habría trascendido si no hubiera sido por su gracejo a la hora de comentar algo tan aparentemente tedioso o poco ilustrativo como puede ser un concierto de música clásica, pero él lo reviste con comentarios chispeantes, anécdotas simpáticas y todo tipo de aderezos que son más que suculentos entre tema y tema, que casi estás esperando a que acabe la música para ver cuál es la ocurrencia que nos tiene preparada.

Una segunda conexión, esta es serendípica, es que tuve la ocasión de asistir en Linares, en el Teatro Cervantes, el pasado 4 de mayo a un concierto conmemorativo del Bicentenario del estreno en Viena doscientos años antes de la 9ª Sinfonía de Beethoven, la más icónica probablemente de este compositor, lo cual para mí fue el principio de todo y he esperado y deseado que no el fin de nada, pero en vano.

Y aunque ya tenía el libro entre mis manos allá por mediados de abril coincidió que Martín Llade vino a Linares precisamente el 19 de ese mes para dar una conferencia sobre Verdi y su ópera Nabucco, que igualmente se iba a representar en el Teatro Cervantes de esta localidad al día siguiente, en una propuesta fantástica pero penosa en cuanto a la asistencia de público con lo que imagino que Llade se llevaría una decepción tremenda, porque no puede ser que en un espacio de por sí recoleto, como era la sala de convenciones de la Fundación Andrés Segovia, allí estuviéramos no más de veinticinco personas, indecente e impresentable para los que lo organizaban, Consejería de Cultura, Turismo y Deporte, y Ayuntamiento de Linares. Estas cosas se hacen para que se llene o no se hace, aunque lleves a gente para rellenar sin más, no podemos ofrecer esta imagen tan mala.

Me gustó mucho la conferencia, todo hay que decirlo, Martín Llade derrochó conocimientos y pasión por lo que contaba, y no se trataba de qué contaba puesto que lo hacía de una forma un poco caótica, pero estaba todo tan revestido de anécdotas, de entrañas, que la charla se pasó en un suspiro.

Bien, pues pese a esto último y a las serendipias y condicionantes previos, me da muchísima pena decir esto pero la novela no me ha gustado y me pesa bastante, enormemente, porque esa decepción no me la esperaba. Y es que cuando llevo manifestando en el blog durante un tiempo el peligro que tiene que alguien que no es novelista se meta en estos proyectos no siempre sale bien, pues me temo que por la experiencia que yo voy atravesando voy anotando más malos que buenos.

Además cuando un libro tardo tanto en leerlo tampoco es un buen indicio, y en este caso, han sido casi cuatro meses. Justo además tuve un mal presagio cuando lo primero que hace el libro es presentarnos a los personajes (Dramatis Personae lo define el autor), tres protagonistas pero la friolera de ochenta secundarios que participan (todos) con más o menos relevancia en la novela, y para mí esto es clave en una novela, tanto personaje es inabordable porque te pierdes.

Por otro lado, cuando salen tantos personajes también te da idea de que por poco que salgan necesitan su minuto de gloria y eso hace el libro, como así ha ocurrido, tremendamente largo, y ya lo adelanto, tedioso.

Me temo que Martín Llade ha trasladado su erudición, que nadie se la discute, al libro, ha querido hacer gala de tantísimos datos y conocimientos históricos y también musicales que el resultado es un todo cien caótico que me ha resultado pesadísimo.

Incluso diría que tengo la sensación de que todo ese cóctel de personajes y datos, puesto en relación con el argumento, depara una narración donde sobran, como poco, más de la mitad de las páginas, tramas que no aportan nada, personajes metidos con calzador, datos que no sirven para el asunto principal, lo reitero, muy caótico todo.

Y es que si Llade se hubiera ceñido estrictamente a la trama principal que es una serie de asesinatos en torno a Andréi Razumovski, conde y embajador de Rusia en Viena, de los que tiene conocimiento el compositor Beethoven, metido a detective, en una especie de Sherlock Holmes dieciochesco, secundado por su ayudante Anton Schindler, que ejerce además de narrador.

Si se hubiera constreñido solo a la investigación no habiéndola adornado tanto diría que se podía haber salvado, porque hay material para haber conseguido algo mucho más atrayente. Y es que hay una base que es de varios libros reales de Schindler acerca de la vida de Beethoven pues se le considera uno de sus primeros biógrafos, aunque mucho de lo que escribió hoy sigue siendo controvertido porque al parecer le echó un poco de imaginación.

En cualquier caso, la figura de Beethoven se ve un tanto marginada por la cantidad de personajes y subtramas que se multiplican en los densísimos capítulos del libro. Y sobre todo debo resaltar que el personaje del compositor rezuma un aire de genialidad mezclado con un agrio carácter que podría ser debido a su sordera. Se recrea demasiado Llade en ese fuerte carácter, fronterizo con lo maleducado que no me parece del todo edificante, y eso me recordó la película «Copying Beethoven» que también vi semanas atrás, para hacerle mi particular homenaje a este artista universal en un año tan notorio, y también se cebaba mucho en ese carácter fuerte que no le hacía ni le hace demasiada justicia, sobre todo porque a día de hoy, con dos siglos de distancia, lo que nos interesa es su música, y lo otro hoy no deja de ser más que una anécdota.

El autor, por cierto, hace un esfuerzo por engancharnos a su novela desde un principio con una técnica que se ve en algún libro que otro como es la de ilustrar cada capítulo con un tema musical, en este caso sin más remedio con composiciones del propio Beethoven. Empecé a hacerlo en un principio, pero ya me costaba trabajo seguir el libro por la cantidad de personajes y datos, repito muchos de ellos irrelevantes, y no quería perder el hilo finísimo con el que me aferraba al tema central, con lo que al final desistí de escuchar en paralelo la música propuesta.

Pues nada, repito que muy a mi pesar la novela es fallida por todo lo que expongo, me duele porque le tengo afecto anónimo a Martín Llade, pero tengo que ser fiel a mis principios, y no miento cuando escribo en esta bitácora, es mi opinión y seguramente hay gente a la que le ha gustado y mucho, algo que es absolutamente respetable, por tanto, novela absolutamente prescindible.

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