sábado, 4 de enero de 2020

"UNA HISTORIA DE LOCOS", DE ROBERT GUÉDIGUIAN

Como ya viene siendo tradicional, empiezo el año, y no cualquier momento del año, sino justo cuando me levanto el día 1 de enero, haciendo casi aún la digestión de las uvas, con una propuesta cinematográfica que, además, por quinto año consecutivo, tiene un denominador común, que es el genocidio armenio propiciado por los turcos a principios del siglo XX y que conllevó una de las diásporas más importantes de la historia.

Por fortuna es un tema que da de sí, en el sentido de la existencia y proliferación de producciones que giran no solo en torno a aquella realidad histórica, sino que verbalizan de algún modo la necesidad de difusión que los herederos de aquella diáspora aún siguen reivindicando.

No es baladí la razón por la que los armenios de hoy siguen necesitando difundir aquella realidad, su realidad, y es que tiene menor calado mediático que el genocidio judío y de otras razas y nacionalidades ocasionado por los nazis durante la 2ª Guerra Mundial, así como otros genocidios, matanzas y holocaustos que nos son más cercanos en el tiempo. El genocidio armenio tuvo lugar en la 1ª Guerra Mundial y fueron precisamente los propios turcos los que se dedicaron durante mucho tiempo a tapar, cuando no negar, la existencia del tal genocidio.

No obstante, tras haber visionado esta película aprecié una singularidad que no tienen otras y es que nace de un libro del periodista español y vinculado durante mucho tiempo a Canal Sur TV, José Antonio Gurriarán. Comentaré después su historia.

Tiene también cierta relevancia que en Francia vive una numerosa comunidad armenia y más concretamente en Marsella, donde las dos primeras películas que vi acerca de esta temática («Mayrig» y «588 Rue Paradis») se ambientaban allí. Precisamente el director de esta cinta también es marsellés, Robert Guédiguian, y construye un relato más convincente, por ejemplo, que la película «Ararat», que me decepcionó bastante y con la que inauguré el 2018, la más desacertada de las que he visto hasta ahora sobre esta temática.

Guédiguian parte de un hecho histórico que es la catapulta del movimiento reivindicativo armenio en el siglo XX, como es el asesinato en Berlín en 1921 del turco Talaat Pasha, principal responsable del exterminio armenio, a manos del activista Soghomon Tehlirian, símbolo de la resistencia del pueblo armenio y del movimiento antiturco. Dicho asesinato también es recordado en la película Mayrig. No obstante, la película que hoy reseño ahonda en el relato del juicio contra Tehlirian, declarado inocente dado que el tribunal consideró las excepcionales circunstancias morales que conllevaron la muerte, casi ejecución, de Pasha.

De algún modo, el advenimiento de Armenia a la Unión Soviética como una república más, hizo que el sentimiento patriótico armenio se acallara durante décadas, o más bien el de aquellos armenios repartidos por el mundo que reivindicaban de forma discreta el conocimiento del genocidio por la humanidad y la restauración de las fronteras de la denominada Armenia histórica, una enorme región que abarcaría buena parte de Oriente Próximo.

Tomado como detonante programado desde el pasado, de la «hazaña» de Soghomon Tehlirian, se narra el nacimiento, también basado en hechos reales, del Ejército Secreto Armenio para la Liberación de Armenia (ESALA), que reivindicaron atentados contra objetivos turcos entre 1975 y 1988. El primer gran atentado lo perpetran en París en 1976 contra el embajador turco en Francia y ese es precisamente el germen de la historia que se narra en la película. Un activista armenio de una familia trabajadora de Marsella hace suyos los principios del movimiento de liberación, de inspiración marxista leninista, y se convierte en terrorista participando en ese asesinato; y supuestamente, puesto que no ocurrió así, hiere a un ciudadano anónimo (efectos colaterales) que pasaba por allí, un joven estudiante de arquitectura, que vivirá toda su vida con secuelas en sus piernas.

A partir de ahí nace la esencia de la película, «Una historia de locos» es, en realidad, la historia del joven estudiante que comienza a ilustrarse acerca de las razones que impulsan a otros jóvenes como él a cometer esos atentados. Y da un paso más, va a conocer a la familia del perpetrador del atentado.

Este joven activista armenio, Aram, nos participa los entresijos de ese Ejército clandestino y los debates internos que hubo.

Dicha víctima circunstancial intima con la familia, especialmente con la madre, y toma la decisión de querer conocer a Aram, el cual se encontraba en Líbano, epicentro de campamentos de adiestramiento para terroristas durante los años 70 y 80 del pasado siglo. Gilles y Aram se sincerarán.

Numerosos puntos de discusión nos propone esta producción, muy instructiva y también, de algún modo, crítica hacia el ESALA; Guédiguian parece transmitirnos que aun teniendo fundamento la reivindicación de la historia armenia, la violencia no resulta ser la mejor solución para nada. También ilustra no sólo esas convincentes razones que provocan la constante reivindicación armenia, sino la más pura constatación de que Armenia es mucho más que ese pequeño territorio al que ha quedado reducido en la actualidad de algo menos de 30.000 km², casi lo que ocupan las provincias de Jaén y Córdoba juntas. En la Armenia actual viven unos tres millones de habitantes, pero hay cerca de ocho millones de descendientes armenios viviendo por todo el mundo, fundamentalmente en Francia, Estados Unidos, Argentina, Líbano, Rusia, Irán, Georgia, Polonia y Siria.

Y ahora vamos con la historia de José Antonio Gurriarán, la cual inspira la película, más exactamente es su libro «La bomba». Gurriarán paseaba por Madrid el 27 de noviembre de 1979 cuando escuchó que una bomba había explotado en la fachada de la compañía aérea suiza Swissair; como periodista vocacional y aguerrido, acudió inmediatamente adonde estaba la noticia. No obstante, hubo una segunda bomba que le afectó de lleno, y estuvo varios meses de convalecencia luchando por no perder sus piernas. Yo desconocía que hubiera habido atentados del ESALA en España contra objetivos turcos, en realidad, desconocía la existencia del ESALA y esta película disecciona perfectamente sus orígenes y fundamentos.

Gurriarán, en una historia tal vez difícilmente comprensible para un ciudadano normal, no para un periodista con redaños, quiso entrevistarse con el ESALA, probablemente con los inductores del atentado en el que indirectamente él fue perjudicado. Lo hizo en 1982, desplazándose a Líbano, donde miembros de ese Ejército, cubiertos con pasamontañas, pudieron departir con el periodista.

Muy buena película para empezar el año y para seguir conociendo nuevas caras de la realidad armenia. Continuará.

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